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THIBON, RESCATADO

¿Amor humano o amor de género?

Seguramente una de las lecturas más instructivas que se puedan hacer hoy sea la de Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo. No por lo que pretenda ella transmitir, sino por lo que deja ver de nuestra sociedad.

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Estamos ante una imagen viva de la degradación social en la que estamos sumergidos. Y, claro, como el hombre no es un conjunto de departamentos estancos y la sociedad la formamos los hombres, tanto varones como mujeres, el desplome lo es en todos los sentidos.

Este texto legislativo muestra con una transparencia difícilmente igualable la descomposición, en todos los órdenes, en que estamos. Intelectualmente es insoportable; jurídicamente es, como mínimo, la exaltación de la chapuza; moralmente es algo sencillamente canallesco; socialmente, un dogal; políticamente, un invernadero para la masificación; educativamente, una tralla para domesticar humanos; etc. Y todo ello con un trasfondo antropológico, a mi modo de ver, claramente reduccionista: la animalización de los seres humanos. Aunque no sé si en esto tal vez sea yo un poco optimista, pues la educación sanitaria y la formación de los profesionales será con perspectiva de género (cf. arts. 5.1.e y 8). En esta visión de la sexualidad como un accidente gramatical, socialmente ya muy admitida, la idea y la vivencia de lo que sean el amor y el matrimonio se tienen que ver claramente afectadas. Y de hecho lo están.

En estos tiempos de confusión cultural, es llamativo el recurso a los clásicos o a autores del pasado en algunas editoriales. Esto es señal de que hay, en parte del público, una demanda de orientación, gente que necesita seguridad en que lo que maneja es moneda de ley. Lo cual es también una invitación a la creación con fuste, aunque haya que encontrarse con las trabas del sistema.

El Buey Mudo nos ha rescatado un libro de Gustave Thibon, Sobre el amor humano, publicado originalmente en 1962, es decir, antes de mayo del 68. Así pues, su lectura es un viaje en el tiempo que, en este sentido, encierra un doble interés. Por una parte, tenemos un testigo que nos sirve de contraste entre nuestro hoy y el entonces de donde venimos: cuánto han cambiado las cosas y a qué velocidad. El lector puede, entre sus páginas, hacer memoria de cómo poco a poco, a base de pequeñas concesiones, encogimientos de hombros, etc., hemos llegado a donde estamos y cómo el avance de lo que hoy es vigencia social ha sido implacable. Por otra parte, también nos encontramos con que el autor polemiza con algunos de los entonces incipientes elementos que ahora se han hecho árboles robustos. Por entonces Thibon decía: "Ya no hay parejas de enamorados con amor único, sino una belleza estándar y una sexualidad mecanizada".

La idea central del autor, para abordar el tema del amor entre varón y mujer, es clara: el hombre no solamente es materia, no solamente es cuerpo, también es un ser espiritual. Y esto no entendido de una forma dualista, como si el yo, el hombre auténtico, fuera lo espiritual y lo corporal, simplemente, un instrumento en sus manos, con el que pudiera hacer lo que quisiera, sino como una unidad corpóreo-anímica. Todo el hombre, varón o mujer, cada uno con su propia especificidad, es el que ama, y también el que es amado. El amor humano es espiritual y corporal, y cercenar uno de los dos o yuxtaponerlos es un reduccionismo del que el único perdedor es el ser humano en totalidad, en alma y cuerpo. La exaltación de lo espiritual o de lo corporal tiene una víctima: el hombre. Este sentido de la unidad en lo antropológico queda de manifiesto en el título original francés: Ce que Dieu a uni. Al que el autor le da un sentido más amplio que el usual.

Thibon avanza gradualmente en su exposición. Empieza por considerar las relaciones y tensiones que, en la unidad, se dan entre lo corporal y lo anímico en el hombre. Sobre esto, afronta después las dos caras del amor humano, lo sensitivo e instintivo y lo espiritual. Después entra en la consideración del matrimonio como la unión de dos personas y de dos vidas. Y, por último, aborda las pruebas por las que el amor tiene que pasar, y cómo estas lo van acrisolando, madurando y purificando; y es que esa unidad matrimonial tiene un componente histórico que hace de ella algo no simplemente en lo que se está, sino algo por conquistar día a día.

El libro tiene méritos incuestionables, aunque solamente sea por la terapia de choque que puede suponer para los más despistados; incluso a algunos les parecerá el folleto de una agencia de viajes para visitar una cultura ignota. Sin embargo, también tiene sus límites. Pese a su vocación por la unidad, algún resto de dualismo se puede encontrar; pese a su apertura del amor a la trascendencia –las referencias a Dios no son escatimadas–, llama la atención la casi total ausencia de los hijos en sus páginas. ¿Por qué será? ¿No estará en él presente algún germen patógeno de lo que critica?


GUSTAVE THIBON: SOBRE EL AMOR HUMANO. El Buey Mudo (Madrid), 2010, 152 páginas. Traducción de Pilar García Noreña.
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