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LA CIUDAD DEL AZAHAR

César Vidal y el amor en los tiempos de Qamar

La Ciudad del Azahar es la última novela de César Vidal; posiblemente por poco tiempo, habida cuenta del ritmo de publicación del autor. No es su primera novela histórica, no es la primera que ambienta en el Islam de la Edad Media; pero me da la impresión de que es, si no su favorita, tal vez una de las más especiales para él.

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La Ciudad del Azahar, es decir, Medina Azahara, se convierte aquí en el punto de fuga y la excusa para explorar la peregrinación de un ser humano diferente a los demás y marcado socialmente por ello; una peregrinación en busca de su verdadero yo. Heredera de Las cinco llaves de lo desconocido, publicada hace doce años, en esta nueva obra de Vidal volvemos a trasladarnos –a través de los ojos de la protagonista, Qamar– al siglo X, a Bagdad primero y luego a Al Ándalus. En Las cinco llaves de lo desconocido, de alguna manera un proyecto inconcluso, el título ya daba cuenta del punto más trascendental. Qamar viaja de Bagdad a la España islámica en busca del laúd de cinco cuerdas; y cinco también son las llaves de lo desconocido, las cinco preguntas cuya respuesta solamente conoce Allah: el sexo del feto que está por nacer, lo qué sucederá mañana, cuándo lloverá, dónde morirá cada cual y cuándo será su hora.

La Ciudad del Azahar, basada en gran medida en hechos y personajes reales, y apoyada en documentos originales y en el conocimiento que tiene el autor de la España medieval, está repleta de referencias al amor. Fue en el Monte de la Novia donde se edificó Medina Azahara, como regalo de un amante (Abd-ar-ajman III) a su amada (Zahra). Fue por amor que Olga, madre de Qamar, se empeñó en que salvaran a toda costa la vida de su hijo recién nacido. También por amor Sarrah se ocupa de Qamar, y Musa la convierte en la mejor de sus discípulas y en el amor de su vida. Por amor a sus hermanos cristianos, Maryan se entrega a Abd-ar-Ajman... A todo esto subyace el amor de Isa ben Mariem (Jesús, hijo de María), que Qamar descubre paso a paso, en primera persona, también gracias a Musa.

Frente a la idea generalizada hoy en día, que ve en el siglo X una época de convivencia pacífica de las tres culturas (judía, cristiana y musulmana) en Al Ándalus, el autor nos muestra una sociedad islámica fragmentada, debido, en parte, a la discriminación clasista que separaba a árabes y magrebíes. Pero no sólo cuenta ese factor: también, la prevalencia del amor a la propia tierra sobre la adscripción religiosa. De esta forma, nos encontramos a españoles musulmanes que colaboran con los cristianos porque saben de las atrocidades perpetradas en un Califato decadente y corrupto. La descripción de ese mundo tan lejano es vívida y exhaustiva, de tal manera que no cuesta imaginar el discurrir de la vida cotidiana en aquella época.

El lector tiene fácil meterse en la piel de Qamar porque el autor adopta los valores de la sociedad islámica de entonces. Tal y como queda recogido en las conclusiones, el objetivo de Vidal ha sido reflejar con la mayor fidelidad posible la mentalidad de los personajes de la obra. Hay que recordar que se trata de una sociedad en la que la esclavitud estaba considerada algo natural, la mujer era vista como un ser inferior al servicio del hombre, la religión era beligerante y rígida y la política del imperio islámico descansaba en una maraña de conspiraciones, traiciones, ambiciones y envidias.

Vidal describe con la misma fidelidad la rudeza de la vida en la España cristiana, el peligro que implicaba mantenerse fiel a la Cruz en Al Ándalus y el titánico esfuerzo que tuvo que suponer la Reconquista y la repoblación en una sociedad tan poco sofisticada, pobre y disgregada como aquélla. Para quienes tenemos nuestras raíces en el sur, La Ciudad del Azahar nos ofrece un repaso extenso de nuestra herencia islámica.

La obra se divide en tres partes, que describen la vida de Qamar en la corte bagdadí, su viaje solitario a tierras lejanas y sus peripecias en Qurtuba, la actual Córdoba, capital del Califato. Cada una de estas partes se divide en capítulos, y éstos en secciones, lo que agiliza la trama y la lectura. Una nota original es que cada sección está introducida por una reflexión de la protagonista, quien parece detenerse a compartir sus pensamientos más íntimos con el lector, en ocasiones a partir de historias aprendidas de Musa y en otras, a partir de su interpretación de la realidad que le rodea.

Desde mi punto de vista, La Ciudad del Azahar es principalmente una novela con la mujer como eje. Es divertido, por ejemplo, ver la diferencia entre las mujeres musulmanas de la corte de Bagdad y las de la corte de Córdoba, aunque a todas ellas lo que más les preocupaba era su aspecto físico, poseer algún don con el que hacerse valer ante los hombres, sea la belleza, la música, la cocina, el baile o la fertilidad. En estas circunstancias, Qamar, la más débil de las mujeres, por ser rubia, de ojos y tez pálidos, huérfana y zurda, no solamente luchará para sobrevivir físicamente, sino que aprenderá a vivir para sí tras descubrir su propio valor a través de los principios y la moral que aprenderá en"el libro" que le regalará su maestro, Musa...


CÉSAR VIDAL: LA CIUDAD DEL AZAHAR. Martínez Roca (Madrid), 2010, 768 páginas. 
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