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EL FANTASMA DE LA CIENCIA

'Yo y la energía'

Nikola Tesla, enjuto, fibroso y taciturno, paseaba alrededor de su hotel en Nueva York, seguramente abducido por sus propios pensamientos. Empezaba a llover y el suelo estaba resbaladizo. Un hombre caminaba tras él, tratando de resguardarse bajo las cornisas y los toldos.

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"De repente –cuenta Tesla– resbalé. Mis piernas se elevaron en el aire. En ese mismo instante, se produjo un relámpago en mi cerebro, los nervios respondieron, los músculos se contrajeron, giré 180 grados y aterricé sobre mis manos. Reanudé mi paseo como si no hubiera pasado nada. ¿Qué edad tiene?, me preguntó el viandante. He visto a gatos hacer eso, pero nunca a un hombre...".

Tesla rondaba los 60 y seguía conservando la agilidad del joven que nunca dejó de ser hasta su muerte, más de 20 años después. Su sorprendente figura asombraba por igual a las damas estadounidenses de la primera mitad del siglo XX y a los oftalmólogos que, año tras año, comprobaban que sus ojos seguían funcionando con la eficacia de los de un niño. No es de extrañar que, vestido a la manera de los europeos, viajando siempre solo, abstemio en todos los sentidos (no fumaba, no bebía, no se le veía con mujeres) y empecinado en experimentar con cables eléctricos, bombillas fluorescentes y dinamos, a Tesla se le considerara poco menos que un fantasma.

Nikola Tesla (1856-1943) es una de las figuras más extrañas y evocadoras de la historia de la ciencia. Un hombre atormentado y vital a la vez que vivió una larga vida creyéndose ajeno a su tiempo y que puso la simiente de algunos de los avances tecnológicos más importantes que se registraron cuando ya no estaba entre nosotros. "El presente es de ellos, pero el futuro, para el que verdaderamente trabajo, es mío".

Buena parte de lo que sabemos de él (que no es mucho) se lo debemos a sus propias memorias. El texto fue publicado por entregas en la revista Electrical Experimenter bajo el título de Mis inventos. En la portada del primer capítulo, Tesla aparecía luciendo palmito, con el pelo engominado y el fino bigote atusado con esmero, mientras sostenía una bombilla encendida en la mano y miraba a la cámara seductoramente. La luz de la lámpara iluminaba su rostro sin necesidad de cables: era como si el propio inventor hubiera generado la energía eléctrica necesaria con sus pensamientos.

Bajo el título Yo y la energía (ese yo impúdico delante para resaltar el carácter ególatra del personaje), la editorial Turner edita tres textos fundamentales para comprender al genial inventor del motor de corriente continua. El texto central es la primera traducción al español de Mis inventos. Menos de 100 páginas de ineludible lectura en la que se desnuda un Tesla abisal.

Vivió atormentado por la muerte de su hermano Dane, el más listo de la familia, "uno de esos fenómenos mentales que la biología es incapaz de explicar", al que Nikola jamás dejó de emular:

El constante recuerdo de sus logros empalidecía cualquier esfuerzo mío. Cualquier cosa que yo hiciera digna de reconocimiento hacía a mis padres recordar aún más su pesar. Así que crecí con muy poca confianza en mí mismo.

Y creció convencido de que en su mano estaba la llave para cambiar el mundo. Luchó para poner en marcha sus investigaciones contra la incredulidad del momento, contra la escasez de fondos, contra la megalomanía de su gran competidor, Edison, y contra sí mismo: siempre caminando sobre el cable de funambulista que separa la ciencia y lo esotérico, la magia y la razón. El Tesla de Mis inventos ha dado alas a la imaginación de gentes que no han dudado en dibujar el mito de un semimago, de un visionario sojuzgado por las conspiraciones, de un adalid del espiritismo, de un precursor del ecologismo... Todos los teslas posibles nacen de las palabras eléctricas de las memorias del inventor:

Desde pequeño me vi obligado a concentrar mi atención más allá de mí mismo.

El segundo texto inédito rescatado es uno de esos manuscritos científicos que van más allá de la ciencia. Bajo el título de "El problema de aumentar la energía humana", Tesla recoge en 1900 sus ideas más revolucionarias sobre electricidad, comunicación y vida. Un compendio que haría las delicias de un guionista de ciencia ficción y que rezuma optimismo.

La ciencia puede mejorar vidas, la misión del inventor no es otra que salvar vidas y anticiparse al futuro proponiendo soluciones a los problemas más comunes de la humanidad. La transmisión de energía a distancia, la comunicación sin cables, la potenciación motriz del trabajo, el aumento de la eficiencia energética, la extracción de energía limpia del ambiente, el ahorro de combustible... sueños de Tesla que hoy nos parecen ingenuos pero que le sumieron en el miedo a la incomprensión. "Muchos no están preparados para estos resultados que a mí, a fuerza de larga familiaridad, me parecen simples y obvios. Considerarán que están lejos de su aplicación práctica".

Tesla se sabe, sin embargo, poseedor de un conocimiento anticipado al de sus coetáneos, y se siente ajeno a ellos. "El rendimiento humano aumentará [gracias a estos inventos] pero los hombres seguirán siendo tan extraños como antes".

Estos dos libros inéditos, se presentan mediante una magnífica introducción del escritor y periodista Miguel A. Delgado. Delgado ha decido titular su ensayo "Superhéroe Tesla". Merece la pena detenerse en su análisis (más nutrido en páginas que la propia obra de Nikola) para conocer a un personaje que ha inspirado las más espectrales imágenes del cine, la literatura, el arte y la esotería y que no fue otra cosa que un inventor cargado de futuro.

 

NIKOLA TESLA: YO Y LA ENERGÍA. Turner (Madrid), 2011, 312 páginas.

http://twitter.com/joralcalde

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