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Dermatitis atópica

La DA suele debutar entre el 3º y el 6º mes de la vida, de modo que el 60% de los casos debutan el 1º año de edad

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La DA suele debutar entre el 3º y el 6º mes de la vida, de modo que el 60% de los casos debutan el 1º año de edad
Brazo con dermatitis atópica | Wikipedia

La dermatitis atópica (DA) es una enfermedad inflamatoria de la piel principalmente infantil que se caracteriza por el picor y un curso crónico y recurrente. Se asocia con frecuencia a historia familiar y/o personal de alergias alimentarias, asma y/o rinoconjuntivitis alérgica, así como con niveles elevados de IgE.

La DA suele debutar entre el 3º y el 6º mes de la vida, de modo que el 60% de los casos debutan el 1º año de edad, y en torno al 85% son diagnosticados antes de los cinco años de vida. La prevalencia de la dermatitis atópica (DA) en la población general es difícil de precisar, pero se calcula que en los países desarrollados en torno a un 20% de los niños sufren la enfermedad. Aunque la mayoría de los niños se curan a lo largo de la infancia, entre un 10 y un 30% de los pacientes la continuarán padeciendo durante la vida adulta.

El picor es el síntoma más significativo de la DA, estando presente en la práctica totalidad de los pacientes. En ocasiones es tan intenso que provoca una gran irritabilidad en el niño y un enérgico rascado que empeora aún más el precario estado de la barrera cutánea. Habitualmente empeora por la noche y dificulta el sueño, interfiriendo en la dinámica familiar y deteriorando la calidad de vida del niño y sus padres o cuidadores.

Desde el punto de vista morfológico podemos distinguir lesiones agudas, subagudas y crónicas. Las lesiones agudas presentan eritema, edema, vesículas y exudación; en la fase subaguda, las zonas afectadas se tornan eritematosas y descamativas, y pueden presentar excoriaciones secundarias al rascado. En la fase de cronificación aparece la liquenificación (engrosamiento e hiperpigmentación de la piel inducido por el rascado continuado) y, más raramente, la fisuración de las placas liquenificadas. La localización de las lesiones varía a lo largo del curso evolutivo de la enfermedad.

El diagnóstico de los cuadros típicos de DA suele ser inmediato, pero en algunas ocasiones es necesario hacer el diagnóstico diferencial con otras enfermedades. Hay que tener en cuenta que los niños con dermatitis atópica tienen una alteración en la barrera cutánea que les hace más susceptibles a padecer otras enfermedades cutáneas simultáneamente, por lo que la DA puede coexistir con algunas de ellas.

Criterios de derivación del paciente con dermatitis atópica

Aunque el diagnóstico de los cuadros típicos de DA suele ser inmediato, en algunas ocasiones puede ser necesaria la colaboración del dermatólogo. Aunque no existe un protocolo general de derivación para aquellos pacientes con DA que precisan atención especializada, unos criterios de derivación adecuados podrían ser los siguientes:

  1. Confirmación diagnóstica.
  2. pruebas específicas (ej: posible dermatitis alérgica de contacto asociada)
  3. Valoración de otros procesos dermatológicos asociados que requieran corporal.
  4. Formas graves que afecten a una parte importante de la superficie
  5. Formas rebeldes al tratamiento (pacientes que tras 1 mes de tratamiento adecuado no presentan mejoría clínica).
  6. Pacientes con infecciones cutáneas recurrente.

Un buen manejo de la dermatitis atópica incluye una adecuada educación a los pacientes y sus familias, la evitación de los desencadenantes, un exquisito cuidado de la piel y la realización de un tratamiento adecuado, todo ello encaminado a modificar o posiblemente enlentecer el curso de la atopia.

En la actualidad existen dos grupos de sustancias tópicas fundamentales para el tratamiento de la DA: los corticoides y los inmunomoduladores o inhibidores de la calcineurina tópicos (ICT).

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