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Mario Noya

Quién teme a Nir Barkat

Netanyahu podría tener un heredero con tirón electoral… al que están tratando de socavar buena parte de sus correligionarios.

Quién teme a Nir Barkat - Mario Noya
Nir Barkat. | Wikipedia

En el Parlamento de Israel (Knéset), un diputado del Likud ha presentado un proyecto de ley que tiene por objetivo no declarado pero palmario segar la hierba bajo los pies de… un diputado del Likud. Al punto de que, de aprobarse, nadie la conocerá por el nombre oficial que vaya a tener sino por el que de hecho ya tiene: Ley Anti-Barkat. En alusión a quien ha obrado el estrafalario milagro de unir a buena parte de los peces gordos del Likud con quienes, hace sólo unos meses, desalojaron del Gobierno al Likud.

Su nombre es Nir Barkat.

¿Que quién es Nir Barkat?

Pues, en estos momentos, el único que podría sustituir a Benjamín Bibi Netanyahu al frente del Likud sin condenar electoralmente al gran partido liberal-conservador israelí.

Nir Barkat (Jerusalén, 1959), exparacaidista, exempresario, se hizo un nombre en la política israelí siendo alcalde de la capital del país (2008-18) –junto con el mítico Teddy Kollek (1967-1993) y el condenado Ehud Olmert (1993-2003), el más determinante que haya tenido la ciudad tres veces santa en el último siglo–. Con el emprendedor Barkat a los mandos, y sin dejar de ser la proverbial ciudad ancestral, Jerusalén reivindicó su lugar también preferente en la modernidad con tal denuedo que en 2015 se la citaba como un notable tech hub emergente y el año pasado ya incluso había quien se atrevía a preguntarse si no acabará desplazando a Tel Aviv como capital tecnológica de la Nación Start-Up.

Barkat, que se hizo multimillonario triunfando precisamente en el mundo de la alta tecnología, no cobró un duro en sus tiempos de alcalde (miento: su sueldo era de un simbólico shékel al año, 0’32 dólares o 0’29 euros), que dio por finiquitados en 2018 para dar el salto a la política nacional. Al servicio del Likud –en el que se integró en 2015– y de Netanyahu –a quien venía apoyando desde 2013–.

Todo parecía indicar que Barkat sería uno de los hombres fuertes de la Administración Netanyahu, de hecho Bibi hacía campaña en 2020 proclamando que sería su ministro de Finanzas. Pero finalmente en su extensísimo Gobierno no hubo cartera para Barkat, ni de Finanzas ni de ningún otro ministerio.

¿Qué pasó? ¿Acaso Netanyahu le cerró el paso porque le adivinó intenciones aviesas, de puro Bruto? El caso es que Nir Barkat, que es ambicioso y que no esconde sus deseos de liderar primero el Likud y después el Gobierno de Israel, siempre ha dicho que quiere no reemplazar a Netanyahu sino sucederlo. Heredar, pues, sin apuñalar.

Quizá por eso le vaya tan bien en las encuestas. Por eso, seguro, le han puesto la proa los que andan pergeñando la Ley Anti-Barkat.

Las encuestas. Una muy reciente sostiene que Barkat es, de lejos, el mejor candidato que podría presentar el Likud en unas hipotéticas elecciones legislativas, excepción hecha… del propio Netanyahu, que sigue siendo el rey –Bibi Melej!– entre sus correligionarios. Así, de celebrarse ahora los comicios, Netanyahu cosecharía para el Likud 33 escaños –tres más de los que tiene actualmente–, 12 más de los que conseguiría el principal partido de la coalición gobernante, el Yesh Atid del canciller Yair Lapid –que ganaría dos magros escaños–, y nada menos que 27 más que el Yamina del primer ministro, Naftalí Bennett, que perdería una banca y se quedaría en unos escuálidos 6 diputados. Con Barkat en el lugar de Netanyahu, Likud se quedaría en 29 escaños, pero seguiría aventajando en 10 a la lista del teóricamente próximo premier Lapid (el acuerdo que suscribió con Bennett estipula que se hará cargo del Gobierno en agosto de 2023).

Si su cabeza de cartel no fueran Netanyahu ni Barkat, el Likud perdería esa gran ventaja e incluso podría verse rebasado por la formación de Lapid, pues al parecer ni Israel Katz ni Yuli Edelstein ni Miri Reguev –los otros nombres que suenan en estos momentos– estarían en condiciones de hacerse con más de 20 o 22 bancas.

Los que andan pergeñando la Ley Anti-Barkat. "La coalición del primer ministro Naftalí Bennett y numerosos diputados del Likud se han visto en el mismo bando de la lucha política por primera vez al unirse a un enemigo común, el diputado del Likud Nir Barkat", escribía el pasado día 25 en el Jerusalem Post el influyente analista político Gil Hoffman, que incidía en que la Ley Anti-Barkat tiene por gran promotor al likudnik David Amsalem, fiero crítico del Gobierno que se lleva a matar con su correligionario "desde hace casi dos décadas", y en que aquélla cuenta con el plácet del antecitado Katz, que aspira como Barkat a hacerse con la candidatura del partido que los une y enfrenta.

La ley de marras pretende limitar (a 100.000 shékels al año) los recursos de que puede disponer un cargo electo para celebrar mítines, encargar encuestas o fichar asesores y asistentes cuando no está en campaña electoral. Y es una ley anti Barkat porque da la casualidad de que "Barkat es, de lejos, el miembro más rico de la Knéset, y su único multimillonario", explica Hoffman. Según la edición israelí de Forbes, en 2019 el exalcalde de Jerusalén disponía de una fortuna de 500 millones de shékels (142 millones de euros, 161 millones de dólares), unas cinco veces superior a las de Netanyahu (50 millones), Bennett (32) y Lapid (25) juntas.

***

El Comité Ministerial para la Legislación aprobó el proyecto el pasado lunes, y la reacción de Barkat no se hizo esperar. "Tienen miedo, tienen miedo. Una partida de embaucadores se ha juntado para tratar de detenerme", dijo en este vídeo, en el que se dirige directamente a los israelíes. "No me arredran estas maniobras, porque, a diferencia de esos liantes, yo trabajo para vosotros. Os quiero".


Será por juztpá… No cuesta nada imaginar a Netanyahu contraatacando con exactamente la misma desafiante suficiencia.

© Revista El Medio

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