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Siria, cisne negro

Un cisne negro es un acontecimiento inesperado con un tremendo poder de transformación. Siria, ese caótico espanto, es un cisne negro.

Mario Noya
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Un cisne negro es un acontecimiento inesperado con un tremendo poder de transformación. Siria, ese caótico espanto que nos sirven las redes y los medios desde hace dos años, es un cisne negro. Nadie se imaginaba en 2010 lo que iba a suceder allí a partir de 2011, nadie sabe cómo terminará todo, casi todo el mundo asume que no sólo Siria sino el Gran Oriente Medio van a experimentar alteraciones fundamentales.

Los cisnes negros pueden ser explicados a posteriori. Y eso es lo que ha hecho Emile Hokayem con el que nos (pre)ocupa en esta obra imprescindible, Syria’s Uprising and the Fracturing of the Levant, que debería traducir enseguida un editor avezado y competente.

Esta Siria sísmica que nos estremece a diario es un volcán alimentado por cinco veneros de magma: 1) el colapso del contrato (empléese con todas las prevenciones) Sociedad-Estado, 2) el auge del islamismo político y 3, 4, 5) los conflictos que enfrentan a chiíes con suníes, a Irán con los Estados árabes y a las mayorías con las minorías. La imagen se complica y agrava si jugamos al juego de las matrioskas y hacemos lo debido, encajar el volcán sirio en el del Gran Oriente Medio, bajo el que fluyen las mismas lavas.

Siria no volverá a ser la misma, su megacrisis es más importante que la guerra contra el Irak de Sadam, se han desatado fuerzas que nadie es capaz de controlar, sostiene Hokayem en estas páginas tan instructivas, sopesadas, muy valiosas, que informan, enmarcan, explican; que no adoctrinan ni hacen politiquería de baja estofa, que no reducen la complejidad sino que la despliegan y elucidan, que por supuesto no pretenden ser lo que no son, la panacea, el libro con todas las preguntas y todas las respuestas.

La crisis siria fue en un primer momento un levantamiento popular contra un régimen corrupto, depredador, brutal, protagonizado por gentes del campo y las periferias, bastiones del régimen baazista en tiempos de Hafez y dejados de lado en los de Bashar, el urbanita que ha demostrado no ser lo que tantos pensaban que era: un débil hijo de papá medio ingenuo y marioneteado por la vieja guardia pero comprometido con el reformismo liberalizador y progresista.

Las protestas fueron ganando fuerza y extensión, territorial y socialmente hablando, y obtuvieron por respuesta una represión salvaje, que desató una dinámica de acción-reacción y degeneró en la guerra de los 100.000 muertos, los 1,5 millones de refugiados y los 48.000 millones de dólares en pérdidas económicas. Ahora Siria es la caja de Pandora con la tapa desquiciada, un enrevesado matadero en el que se dirime el futuro de la propia Siria… y el del Líbano, el de Irán, el de Irak, el de Jordania, el de las monarquías del Golfo, quién sabe si el de Turquía…, y en el que no se juegan poco la Rusia de Putin, los Estados Unidos de Obama y la Unión Europea de la evanescencia.

¿Hay lugar para el optimismo? No puede no haberlo, siquiera sea porque ni a Dios parece serle propicia la omnipotencia y el pesimismo precisa de su contrario para seguir siendo. Con menos filosofías, Hoyakem apunta a una centrifugación positiva, una Siria (con)federal en la que la mera dispersión del poder posibilite la inclusión, la asunción de identidades complejas y el reconocimiento del pluralismo y los derechos de las minorías. Siria no es Suiza, claro que no; pero en su día tampoco lo fue la propia Suiza y nada hay más pernicioso que rendirse al determinismo, ese fraude al que sólo fuerzas ajenas pueden dar carta de naturaleza.

© elmed.io

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