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El plan de Obama para Afganistán

Obama es tan obstinado y le domina tanto la ideología que puede estar dispuesto a ignorar la evidencia y a seguir con su retirada.

Max Boot
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Un lector poco atento podría verse inducido a confusión por el titular de este artículo de Associated Press: "Fuentes oficiales: Estados Unidos mantendrá un mayor número de tropas en Afganistán".

¿Significa eso que el presidente Obama ha abandonado su plan autodestructivo de retirar todas las tropas estadounidenses en Afganistán antes de que concluya su mandato en 2017? No exactamente. Como señala el artículo, puede que todo lo que haga Obama ("no se ha adoptado ninguna decisión definitiva relativa a cifras") sea ralentizar el ritmo de retirada. Originalmente, el presidente anunció sus planes de reducir las fuerzas estadounidenses prácticamente a la mitad, de los cerca de 10.000 efectivos actuales a 5.500, para finales de este año –una escala intermedia antes de llegar a cero en 2017–. Ahora, suponiendo que la información de AP sea exacta, la Administración podría aceptar dejar un contingente de más de 5.500 efectivos a partir de 2015, un cambio que ha sido solicitado de forma insistente por el general John Campbell, que comanda las tropas estadounidenses en Afganistán, y por el presidente afgano, Ashraf Ghani; ambos saben lo desestabilizadora que resultaría una rápida retirada estadounidense. Pero no hay nada que indique que Obama esté reconsiderando seriamente su plan de retirar todas las tropas antes de abandonar el cargo.

Ya hemos visto esta película. Cuando Obama se presentó a la presidencia en 2008 prometió retirar todas las tropas de Irak a un ritmo de una o dos brigadas al mes, y concluir la retirada en el plazo de 16 meses. Una vez en el cargo, ralentizó el ritmo a instancias de los mandos estadounidenses, pero acabó retirando todos los efectivos a finales de 2011 tras no lograr un acuerdo con Irak sobre el estatus de las fuerzas… ni intentarlo demasiado.

Lo que todo esto sugiere es que Obama es relativamente flexible respecto al ritmo de las retiradas, pero que está mucho más decidido a alcanzar su objetivo general de concluir guerras, lo que supone acabar con la implicación estadounidense en contiendas aun cuando nuestros enemigos se beneficien de nuestra partida. Logró retirarse de Irak antes de que concluyera su primer mandato y parece decidido a marcharse de Afganistán antes de que acabe el segundo; es de suponer que con el fin de poder alardear de haber retirado a las tropas estadounidenses de conflictos, sin importarle que la prematura retirada de Irak precipitara una guerra civil y le obligara a enviar de vuelta 3.000 efectivos. Sería bonito que el presidente aplicara en Afganistán lo aprendido en Irak: no hay que marcharse demasiado pronto. Pero es tan obstinado y le domina tanto la ideología que puede estar dispuesto a ignorar la evidencia y a seguir con su retirada, puramente política, aun cuando con ello se arriesgue a echar por la borda todo lo que las tropas estadounidenses han luchado por conseguir mientras él estaba al mando.

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