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Miguel del Pino

Greenpeace agravia a Madrid

Ataque a la Cibeles por parte del Ecologismo ultra.

Miguel del Pino
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Ataque a la Cibeles por parte del Ecologismo ultra.
Fuente de Cibeles en imagen de archivo | Europa Press

El pasado sábado diez activistas de Greenpeace fueron detenidos tras resistirse a la autoridad después de escalar la fuente de Cibeles para colocar a la diosa una mascarilla conectada con un extraño árbol encerrado en una urna.

Otros miembros del grupo aprovecharon su felina agilidad para subirse a las farolas e instalar una gigantesca pantalla de más de cincuenta metros cuadrados con los lemas de la campaña: "Más Verde menos Gris" o "Reinvent your city". Utilizando el idioma inglés quieren subrayar el carácter "internacional" en el que pretenden ampararse.

Según fuentes de la organización, el objetivo de tal acción es "poner el foco en la importancia que tienen las ciudades en el cuidado del medio ambiente". Con ella quieren recordar la necesidad de "aumentar drásticamente la superficie de espacios urbanos que protejan la salud de las personas y mitiguen los riesgos de la crisis ambiental a la que se enfrenta el planeta".

Abordando la frialdad de los números diremos que, en la actualidad, Madrid dispone de 22´83 metros cuadrados de zona verde por habitante, bastante más que de los 10 a 15 que considera suficiente la Organización Mundial de la Salud. Este dato coloca a nuestra capital en quinto lugar entre las capitales españolas cuyo liderazgo verde ostenta Vitoria.

En cuanto a contaminación del aire Madrid goza de cifras muy aceptables, aunque como cualquier otra capital con alta densidad de población sea afectada de forma alarmante por los anticiclones propios de algunos ciclos estacionales, pero la ciudad y su entorno presentan una característica que la convierte en objetivo prioritario de la organización Greenpeace: está gobernada municipal y autonómicamente por la derecha.

Con las variadas suposiciones reivindicativas hemos visto escaladores de Greenpeace, cuya agilidad no se puede poner en duda, trepando por las paredes frontales del Ministerio de Agricultura y del mismísimo Parlamento; otros menos arriesgados pero más miserables colocando bufandas a los leones del Congreso. Siempre que en dichos momentos estuviera gobernando la derecha.

El carácter "sandía" de la organización ecologista supuestamente neutral se encuentra suficientemente desenmascarado; resulta especialmente despreciable la politización, siempre en el mismo sentido, de un tema, la defensa de la Naturaleza, que debería implicar por igual a todas las personas de bien del mundo, pero además en este momento la gamberrada urbana de los activistas resulta especialmente inoportuna.

Un panorama privilegiado

Si no les cegara su radicalismo los activistas que treparon a la Cibeles habrían disfrutado desde su altura de un magnífico paisaje verde: hacia el Mediodía, el Paseo del Prado con sus quince preciosos magnolios, los arces de la Plaza de la Lealtad o los cedros gigantes que se alzan frente al Museo del Prado. Hacia el Noreste la gran mancha verde de los jardines del ministerio del Ejército, muy cerquita el gran pulmón del Retiro. ¿Hay quien ofrezca más desde el punto de vista botánico?

No en balde Carlos III pretendió hacer de Madrid la capital mundial de lo que entonces se llamaba Historia Natural y posteriormente con Haeckel derivó en el término "ecología". Han ido a pedir arbolado al corazón verde urbano del mundo, o del planeta como ahora está de moda decir.

Se reconoce en las reivindicaciones radical-ecologistas la importancia de las masas forestales del Monte del Pardo, Retiro y Casa de Campo, pero no son despreciables el resto de las hectáreas ajardinadas de nuestra capital: hay que no dejarse acomplejar y seguir trabajando en aumento de las superficies verdes y los corredores entre los distintos pulmones urbanos, pero sin tener que soportar agresiones a nuestros monumentos ni mucho menos actitudes de resistencia a la autoridad.

¿Dónde estabais cuando estalló ‘Filomena’?

Excelente oportunidad habría supuesto para la credibilidad de Greenpeace haberse volcado con el Ayuntamiento de Madrid en la labor de recuperación del arbolado urbano tras el paso de la gran tempestad de nieve que este invierno soportó la Villa. También las aves de la ciudad murieron a centenares al no poder alimentarse en el suelo tapado por el manto blanco. Los medios municipales se vieron desbordados y trabajaron de manera denodada. ¡Cómo hubieran agradecido la ayuda de verdaderos ecologistas! Sobre todo de estos atletas capaces de trepar como gatos que con su agilidad hubieran cooperado en desgajar las ramas tronchadas y colgantes que tanto peligro suponían.

En definitiva se os nota demasiado vuestra radicalización izquierdista, y las ocurrencias como la de la mascarilla a Cibeles han dejado ya de hacer gracia incluso a los más inocentes.

Por añadidura es verdaderamente inoportuno hablar de "sostenibilidad" y de "disminución de la contaminación para luchar contra el cambio climático" cuando la sociedad todavía no ha terminado de digerir la suma de impuestazos que se ocultan en el críptico recibo de la luz con sus estrambóticas diferencias horarias en el consumo.

La tasa antinuclear, las renovables poco o nada eficaces y otras cuestiones similares se reflejan en dicho recibo afectando a una ciudadanía que no está para bromas ni para urnas con arbolitos en la Cibeles.

Recordamos al gran escritor madrileñista Antonio Díaz-Cañabate cuando en el seno de una tertulia de taberna alguien que presumía de viajero infatigable proclamó que el Prater vienés era más bonito que el Retiro. "El Caña" lo rebatió y cuando alguien inquirió: "Pero Don Antonio, ¿Usted conoce el Prater? " su respuesta fue fulminante: no, pero el Retiro es más bonito.

Señor Alcalde, haga como Cañabate; no se deje acomplejar, y a seguir trabajando sin presiones en sus proyectos sobre el aumento de la reforestación de Madrid tras los estragos de "Filomena".

En Tecnociencia

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