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Pablo Molina

Aquí un pujolista

Al hijo treintañero que exige su herencia familiar y la de sus hermanos para pulirse la pasta en caprichos bajo la amenaza de marcharse de casa, hay ayudarle a hacer la maleta y acompañarle hasta la puerta entre vítores y abrazos.

Pablo Molina
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Los independentistas catalanes, entre los que me cuento, estamos muy satisfechos con la valentía de Jordi Pujol y su voto a favor de la independencia de Cataluña en un referéndum que, por desgracia, todavía no es vinculante. A ver si cunde el ejemplo y los nacionalistas catalanes nos dan una alegría marchándose de España, a poder ser antes de las próximas elecciones generales, para que los escaños del PSC y CIU en el congreso de los diputados no perviertan la elección del presidente del país.

Dice Pujol, mente privilegiada y coherente donde las haya, que una Cataluña independiente es perfectamente viable. Probablemente haya utilizado para llegar a esa conclusión sus vastos conocimientos financieros, suficientemente acreditados en su trayectoria al frente de Banca Catalana pero, sinceramente, a los independentistas catalanes del resto de España, la sostenibilidad de una Cataluña emancipada nos importa básicamente un carajo.

Es la viabilidad de España lo que nos preocupa y, desde esa perspectiva, es irrefutable que la secesión de una autonomía que se apropia de recursos comunes gracias al tratamiento financiero claramente ventajista de su estatuto es una ventaja que podría incluso llegar a solucionar los problemas de nuestras finanzas públicas, dado el carácter pedagógico de su ejemplo respecto a otras comunidades autónomas que reclaman en sus estatutos el mismo tratamiento que a Cataluña.

Al hijo treintañero que exige su herencia familiar y la de sus hermanos para pulirse la pasta en caprichos bajo la amenaza de marcharse de casa, hay ayudarle a hacer la maleta y acompañarle hasta la puerta entre vítores y abrazos. No porque los padres quieran nada malo para él, sino porque su primera obligación es preservar la supervivencia de la familia en su conjunto.

Arturo Mas no debe ver tan clara la viabilidad del futuro estado independiente, porque su proyecto nacionalista se queda en el establecimiento de un concierto económico a imagen y semejanza de la rémora carlista que opera en País Vasco y Navarra, pero ya es demasiado tarde para eso. Después de treinta años de chantajes continuados bajo la amenaza de fragmentar la nación, ha llegado el momento de culminar las aspiraciones del noble pueblo catalán liberándolo de las cadenas centralistas de un Estado opresor. ¿Concierto económico para seguir dentro de España? No hombre, no, Arturo. El ejemplo de tu referente intelectual y ético debe vacunarte contra la tibieza separatista. Si Pujol dice que lo mejor es independizaros de España, hazle caso, hombre. Y de paso tranquiliza a tu colega, el oscense piadoso, porque ya verás cómo Martínez Sistach bendice el proceso y hasta es posible que se convierta en el primer Papa de la Iglesia catalana.

Arturo, no seas españolazo. Independiza a Cataluña, chaval. Ya verás qué guay.

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