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Pablo Molina

Bono no quiere mileuristas

Ochocientos euros mensuales, que es lo que Bono pagaba de salario medio en 2009, no es precisamente un sueldazo, sobre todo si para ganarlo hay que pasar varias horas diarias recogiendo boñigas.

Pablo Molina
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Uno de los aspectos más interesantes de la actividad empresarial de la familia Bono es que nos permite comprobar hasta qué punto un patrono socialista cumple con las exigencias éticas que reclama al resto de propietarios de empresas más o menos importantes. Nos referimos en este caso a los sueldos que el presidente del Congreso, católico devoto y socialista practicante, paga a los empleados de su empresa, por cierto, dedicada a una actividad tan proletaria como la hípica que, como todo el mundo sabe, es la practicada mayoritariamente por los obreros que votan al PSOE.

Sea como fuere, esta semana hemos conocido los ciudadanos que pagamos su sueldo y sus caballos los datos de explotación de la empresa equina del señor Bono, en los que se detallan los costes salariales por diversos conceptos y el número de empleados de cada ejercicio.

Pues bien, si deducimos del coste salarial total la parte de seguridad social que paga el ex presidente manchego por cada trabajador y repartimos el resultado en catorce pagas, tras deducir los porcentajes correspondientes de IRPF y la cotización de la Seguridad Social del operario tenemos que la empresa de la familia Bono pagó estos sueldos mensuales netos a los obreros que tienen el alto honor de prestarles sus servicios

Año 2006: 778,51 Euros
Año 2007: 977,53 Euros
Año 2008: 840, 87 Euros
Año 2009: 795, 36 Euros

Obsérvese que sólo en 2007 estuvo a punto José Bono de tener empleados mileuristas, tentación que fue rápidamente sofocada con intensas reducciones salariales en los dos años siguientes, suponemos que para contribuir a mejorar la competitividad de nuestra economía en gesto que sin duda le habrá agradecido el presidente ZP.

Ochocientos euros mensuales, que es lo que Bono pagaba de salario medio en 2009, no es precisamente un sueldazo, sobre todo si para ganarlo hay que pasar varias horas diarias recogiendo boñigas. El sentimiento de estupor debe acrecentarse con el hecho de que el jefe es uno de los políticos millonarios de izquierdas –valga la redundancia– más caracterizados por su propensión a impartir doctrina de todo tipo, incluida la teológica por su trato asiduo con algún cardenal de la curia vaticana que, con toda seguridad, todavía no ha tenido tiempo de explicarle a su hijo en la fe las severísimas advertencias que la Biblia lanza contra los patronos que no tratan adecuadamente a sus empleados. ¡Mira que si los curas progresistas que tanto le gustan están equivocados y resulta que el infierno sí existe!

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