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Pablo Molina

Las virtudes pedagógicas del ‘pico y pala’

La gran nevada ha propiciado que muchos de los que desprecian la responsabilidad individual bajen a la realidad y vean lo que supone depender del Estado.

Pablo Molina
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La gran nevada ha propiciado que muchos de los que desprecian la responsabilidad individual bajen a la realidad y vean lo que supone depender del Estado.
EFE

El temporal de nieve que se ha enseñoreado de gran parte de España ha sobrepasado la capacidad de respuesta de la Administración, para sorpresa de los que se han creído la propaganda izquierdista de que el Estado nos lo facilita todo. Fíate de Sánchez y no corras. A Iglesias no cabe reprocharle nada esta vez, puesto que anda todavía de vacaciones navideñas, viendo series de televisión mientras el servicio despeja el hielo de la entrada del baño-tinaja.

La gran nevada ha propiciado que muchos de los que desprecian la responsabilidad individual con argumentos socialistas bajen a la realidad y vean por ellos mismos lo que supone convertirse en dependientes del Estado. Porque una cosa es teorizar sobre la desigualdad económica como un problema que ha de ser resuelto por el Gobierno y otra tener que esperar varios días aislado hasta que los operarios del ayuntamiento te limpien la acera. Ahí, hasta el más socialista se hace liberal por un rato y tira de pala como si hubiera un tesoro bajo los adoquines.

Es también muy positivo que los niños cojan la pala y limpien de nieve las entradas de los colegios en compañía de sus papás. El trabajo físico fortalece el espíritu, tonifica los músculos y permite reflexionar a las criaturas sobre lo importante que es estudiar para el día de mañana. Por otra parte, nada más educativo que contribuir voluntariamente a mejorar la vida de todos, pero doblando los riñones, no participando en manifestaciones ridículas organizadas por el profe podemita contra el cambio climático o el heteropatriarcado opresor.

Un día le di una propina a un menesteroso y un colega socialista de pro le dijo que él no le daba dinero pero luchaba por sus derechos, que es mucho más importante. El mendigo me miró en plan “qué hacemos con este individuo” porque esa mentalidad hipócritamente canalla o canallescamente hipócrita está demasiado extendida, sobre todo desde que la chusma que todos sabemos irrumpió en política.

La incompetencia de Sánchez y su banda está contribuyendo también a este tímido despertar de la conciencia ciudadana. La torpeza con que se desempeñan en todo lo que emprenden es un argumento añadido para convencernos de que hay cosas que dependen de nosotros. Muchas más de las que pensábamos antes de que el cielo se desplomara sobre la Península arrastrado por la ventisca.

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