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Pablo Molina

No es bueno tener programa electoral

Nada de lo que pongan en el programa electoral va a mejorar la imagen del neopopulismo entre la masa electoral. En cambio sí puede empeorarla.

Pablo Molina
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Tierno Galván (qepd) dijo una vez aquello de que los programas electorales estaban para no cumplirlos, frase feliz acorde al cinismo del personaje que desde entonces se ha venido repitiendo hasta la saciedad, y Rajoy ha decidido aplicar a rajatabla. Pero el que fuera alcalde de Madrid ("la víbora con cataratas" lo llamaba Alfonso Guerra, modesto homenaje al político socialista ahora que por fin deja el escaño) partía de la base de que todos los partidos tienen que tener uno, en el bien entendido de que luego se cumplirá o no en función de las circunstancias. Claro que cuando Tierno hacía esas gracietas no existía internet, ni siquiera televisiones privadas, y el baranda de la capital de España podía animar a los jóvenes madrileños desde el balcón del Consistorio a consumir estupefacientes sin que pasara nada.

Hoy las cosas han cambiado y el no tener un programa electoral es todavía mejor, porque permite a los líderes sostener cualquier majadería extremista escudándose en esa indefinición que brinda el hecho de no haber puesto sobre el papel ninguna idea consistente. Los neopopulistas mediáticos que asoman triunfantes en las encuestas están precisamente en esa situación, porque España es un país de países en el que un partido que no es todavía partido ni tiene programa electoral se coloca en primer lugar en intención de voto del pueblo soberano. Lo normal en un sitio donde un personaje como Zapatero, rodeado de pajines y aídos, gana dos elecciones seguidas prácticamente sin bajarse del autobús.

Lo bueno de ahora es que no es necesario que exista un programa electoral por escrito para saber lo que un partido político puede dar de sí, especialmente si sus líderes e ideólogos se pasan la jornada de plató en plató de televisión denigrando a "la casta" y atacando al sistema de libre mercado. Los neopopulistas de extrema izquierda han opinado a estas alturas acerca de todos y cada uno de los miles de asuntos que pueden plantear dudas a un elector consciente de su responsabilidad como artífice de los procesos democráticos. Por tanto, aunque ahora incluyan en su programa medidas sensatas de corte socialdemócrata dará igual, porque la sobreexposición mediática a la que voluntariamente se han sometido sus representantes, y en la que radica precisamente su éxito, hace que cualquiera pueda ver lo que pasaría con este país de países de llegar semejante tropa al poder.

Nada de lo que pongan en el programa electoral va a mejorar la imagen del neopopulismo entre la masa electoral. En cambio sí puede empeorarla, y mucho, si los más radicales ven que les han estado tomando el pelo todo este tiempo. Para los que queremos que este país de países siga existiendo, cuanto antes pongan por escrito sus ocurrencias, mejor.

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