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Pablo Molina

Santidad, ZP necesita un exorcismo

Pero más que masonazo, yo creo que ZP está poseído. Una cosa así como la niña del exorcista con la cara de Rowan Atkinson.

Pablo Molina
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Hay quien afirma que ZP es masón. Es probable que lo sea, pues pocas instituciones ha dado la izquierda cultural tan poco serias como la masonería. Cuando Azaña accedió a convertirse en "hijo de la viuda", le pidieron como primer paso del ritual que se quedara en paños menores. En ese preciso instante decidió que no le interesaba el título de Gran Maestre. El único Marx inteligente que ha dado la Historia, Groucho, decía también que no podía pertenecer a una asociación que admitiera a personas como él. Zapatero sí.

Pero más que masonazo, yo creo que ZP está poseído. Una cosa así como la niña del exorcista con la cara de Rowan Atkinson. Su aversión patológica a todo lo religioso sugiere algún tipo de intervención maligna, porque no es normal que el presidente del gobierno de un país distinguido por su tradición católica afirme en público que la culpa de todos los males de este mundo la tiene el cristianismo. A eso hay que añadir el atrevimiento de otra de sus frases –"la libertad os hará verdaderos"–, enmendándole la plana al mismo Jesucristo en actitud claramente luciferina.

La vicepresidenta, que si entró alguna vez en la masonería lo hizo con toda seguridad por el cuarto turno, ha colaborado con entusiasmo en el programa anticatólico de su jefe, llegando a amenazar a la Iglesia Católica con suprimir la ayuda estatal a la que tiene derecho en virtud de los tratados internacionales suscritos entre España y la Santa Sede. Ella misma fue la encargada de visitar el Vaticano para quejarse del escaso progresismo de la Conferencia Episcopal, tras la manifestación multitudinaria en contra de la LOE. Su mentalidad gregaria no entiende que una medida de su gobierno pueda despertar una repugnancia espontánea entre la población, sin necesidad de que los curas intervengan. Eso por no hablar del procedimiento utilizado (ir a quejarse al mismísimo Pontífice, aunque la despacharan en la subsecretaría), como si el Vaticano fuera una especie de komintern de la sotana, en vez de una estructura multijerárquica esculpida a lo largo de veinte siglos de historia.

El saludo de bienvenida del presidente al Pontífice (¿Le ofrecerá ZP de nuevo la mano izquierda?) sería un buen momento para que Benedicto XVI sacara el hisopo de las grandes ocasiones y le asperjara abundante agua bendita expulsando a las fuerzas malignas que sin duda atenazan a su alma atormentada. Sería una imagen de extraordinario vigor apologético. Probablemente hasta José Bono acabaría convirtiéndose.

Colaborador de Libertad Digital.

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