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Las razones de un PP sin Esperanza

A Esperanza Aguirre le exaspera la forma en la que Rajoy afronta determinados temas que considera esenciales porque afectan a España como concepto.

Pablo Montesinos
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Era un secreto a voces que casi nadie creía que fuera a hacerse realidad, al menos de momento. Este verano los rumores arreciaron: Esperanza se va, será tras las vacaciones. Ya con el curso político iniciado, de nuevo: hay movimientos en la Puerta del Sol, eso es que se marcha. Pero ni siquiera quienes lo decían se atrevían a asegurar que fuera a ocurrir. Aquello de lo que todo el mundo en el PP hablaba en susurros tomó forma de anuncio el lunes, después de que la protagonista aguardara paciente a que el jefe le recibiera para decírselo cara a cara: "Me marcho".

Como suele ocurrir en estos casos, poco después casi todo el mundo tenía motivos que ofrecer para explicar el adiós de la ya acuñada eterna presidenta. Las versiones han sido muchas; te expongo las que a mí me han llegado y les doy verosimilitud. Y vaya por delante que creo que ha sido un cómputo de todo, y que, pese a que sorprenda en alguien de su fortaleza y genio político, ha tirado mucho la familia, lo humano.

Qué duda cabe de que tanta batalla interna agota, y que ella no iba a dejar de darla. A grandes rasgos, le exaspera la forma en la que Rajoy afronta determinados temas que considera esenciales porque afectan a España como concepto. Además, ella es liberal por bandera, y subir los impuestos y tener que defender la medida supuso un revés interno importante. Grano tras grano se hizo la montaña. En ocasiones entendía que era más lo que le separaba que lo que le unía al presidente. Pero, asegura su entorno más próximo, "jamás" hará nada fuera de las siglas del PP. ¿Regresará? Según sus palabras, no.

Aguirre dio públicamente otra de las claves: su proyecto en la Comunidad, dijo, está cumplido. El resto de puertas, y más bien la única que le quedaba por abrir, quedó cerrada hace tiempo: no será jefa del Gobierno central. Y ella, lo ha dicho en incontables ocasiones aunque ahora se olvide, es de la idea de que un político no se puede perpetuar en el puesto. De hecho, en su día habló de dos legislaturas, cosa que incumplió tras presentarse con muchas dudas a una tercera.

Y luego está el lado humano. El cáncer que sufrió, que aún vigila y que tiene que controlar, la cambió. "Se preocupa más por otras cosas. Es de lágrima fácil", traducía una colaboradora cuando volvió al trabajo. Empezó a ceder más y más a Nacho González, mientras su agenda pública menguaba. Lisa y llanamente cambió de prioridades: la familia empezó a ocupar casi todo. Así se lo dijo a Rajoy, que aceptó su marcha y su condición: González sería presidente.

Lo que viene ahora no será fácil. El PP de Madrid, por definición, no lo es; su relación con Génova, menos; y sin Esperanza todo parece propicio para el caos. Seguro que los tuyos intentarán utilizarlo. Cospedal será la encargada de decidir qué ocurre con su presidencia, aunque a priori prefiere la bicefalia: Nacho en la Comunidad y alguien de la confianza de ambos en el partido. De González dependerá mucho lo que acontezca en 2015: si se gana a los madrileños y no hay sobresaltos, pocos niegan la posibilidad de que pueda ser el candidato. Los sondeos de Pedro Arriola decidirán, como siempre.

Desde luego, ese futuro incierto bien vale otra de nuestras misivas, pero no ésta. Te escribo en pleno vuelo, rumbo a Roma con el presi. Y aquí también se habla de Esperanza, cuatro días después. En ocasiones, la política es muy ingrata: el día de Navidad, Álvarez Cascos pedía que le abrieran la sede de Génova para darse de baja; cuando Ángel Acebes dejó la política apenas hubo reconocimiento; y para qué hablar de María San Gil. Pero en el caso de Esperanza la opinión ha sido unánime: se marcha una grande. Yo sí creo que hubo emoción, que no se pudo contener, conmoción y vacío, mucho vacío. En el PP, seguro que también en el PSOE, y entre los periodistas. A mí Esperanza me imponía respeto, muchísimo. Siempre lo decía. Una vez no le gustó cómo enfoqué una crónica sobre la guerra del agua y así me lo dijo. Directa, cercana, de la que te da dos besos y lo controla todo. El PP pierde un referente ideológico; los periodistas, un auténtico icono informativo.

Un beso,

Pablo.

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