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Importancia de la AVT

La AVT ha desempeñado un papel político crucial, que no tendría por qué desempeñar si el país dispusiera de una clase política con un mínimo de decencia y dignidad política.

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Hay una tendencia a ver en las víctimas directas del terrorismo el lado emotivo, pero disociado del resto de la sociedad, que sin embargo es también víctima. Por eso pueden los políticos –no solo los de izquierda y proetarras, como el abyecto obispo Uriarte, también en el PP– acusar a la AVT de hacer indebidamente política, de revanchismo, y hasta de "no saber perdonar" a sus chulescos asesinos, triunfantes por obra de un gobierno cómplice. A las víctimas, dice Uriarte, no les corresponde decidir. Les corresponde, claro está, a quienes, pisoteando el estado de derecho, han colocado a la ETA y sus terminales políticas en la mejor posición que han tenido hasta ahora.

Cierto que a las víctimas no les corresponde decidir, pero ¿pueden hacerlo unos políticos evidentísimos colaboradores de los asesinos? Pues este es el gran problema. Porque las víctimas representan a una sociedad ultrajada en sus aspiraciones de justicia, de imperio de la ley, de estado de derecho, mientras que los políticos representan hoy justamente a los ultrajadores. Conviene recordar un poco el pasado inmediato, tan fácilmente olvidado en medio de la algarabía cotidiana. La "salida política" para los asesinos, propugnada en la Transición por el imperio PRISA y secundada por el gobierno de UCD, coincidió, no por azar, con el desprecio y humillación de las víctimas, al punto de que nació la AVT en 1981, precisamente para denunciar tal ignominia y exigir justicia. El felipismo siguió humillando a la asociación y negándole ayuda, mientras subvencionaba a las lesbianas bolivianas y grupos por el estilo. Solo con Aznar se reconoció que la AVT significaba ni más ni menos que la defensa del estado de derecho y de la dignidad, no solo de las propias víctimas, sino de la democracia. Tuvo que venir un personaje moralmente perverso e intelectualmente idiota como Zapatero para invertir nuevamente la situación e intentar el silenciamiento (ahí Peces-Barba reveló su catadura) y descrédito de las víctimas, dividiéndolas y facilitando que una de las asociaciones referidas al 11-m fuera presidida por una comunista (nada mejor que nazi, insistamos). Al tiempo que colaboraba con los pistoleros.

Salvo por un desdichado período posterior a la presidencia de Alcaraz, la AVT ha desempeñado un papel político crucial, que no tendría por qué desempeñar si el país dispusiera de una clase política con un mínimo de decencia y dignidad política. Por asombroso que resulte, treinta y tantos años después de la Transición nuestros políticos apenas entienden lo que es un régimen de libertades y un estado de derecho. Lo demuestran a cada paso. Hablo también de Rajoy y muchos de sus paraministros. De ahí que apoyar a la AVT sea apoyar a la justicia y al régimen de libertades. Nada menos.

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