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Rafael Rubio

Cuenta atrás para la democracia venezolana

Sea cual sea la estrategia, la trascendencia de estas elecciones va mucho más allá que la presidencia de la república. Para unos es la misma democracia la que está en juego, quizás la última oportunidad de la oposición democrática.

Rafael Rubio
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Con la llegada de octubre comienza la cuenta atrás para las elecciones presidenciales venezolanas del próximo 3 de diciembre. Si hace unas semanas estas elecciones resultaban especialmente importantes para el futuro de la región, ahora, tras la última Cumbre de No Alineados, no exageramos si decimos que la importancia de estas elecciones es mundial. Con la salud de Fidel Castro pendiente de un hilo, una derrota del "heredero" y banquero del nuevo movimiento internacionalista pondría en serias dificultades ese nuevo bloque antiyanqui.

Aún así los principales interesados son, sin duda, los propios venezolanos que desde hace años observan impotentes como el régimen del presidente venezolano sigue avanzando año tras año por la vía totalitaria.

Desde el día 1 de agosto, en que comenzó la campaña, el candidato Chávez ha despreciado la campaña electoral pasando más tiempo fuera que dentro de Venezuela, más preocupado por sus negocios geopolíticos que por una reelección que los analistas consideraban como segura y hoy sigue siendo altamente probable. Sus propuestas se reducen a una reforma constitucional que le permita presentarse a las elecciones en el 2013; la creación de un partido único, el partido oficialista, que una a las más de 24 fuerzas políticas que le apoyan o el cambio de la denominación del país a República Bolivariana Socialista de Venezuela, que recuerda esa modificación de la Constitución Cubana en el año 2001 que declaraba inmortal el comunismo cubano.

Nada sobre los problemas de unos ciudadanos que han visto como su caudillo derrochaba los tremendos beneficios del petróleo en ideológicas cruzadas neoimperialistas, y les hurtaba un recurso económico, el petróleo, que les pertenece por derecho propio. Mientras la inseguridad ciudadana sigue creciendo, y las desigualdades no han hecho más que aumentar según los datos del propio Banco Central de Venezuela. A esta falta de ideas Chávez ha unido la estrategia del miedo, con amenazas como la pérdida de las misiones, su única medida de ayuda social o el despido de los empleados públicos, si llega a perder el 3 de Diciembre.

Frente a esta actitud displicente, la candidatura unificada, a la que aun se pueden unir nuevos candidatos, ha logrado presentar una oposición unida a pesar de las grandes diferencias ideológicas. El "ticket" unitario liderado por Manuel Rosales como candidato tiene en Julio Borges, dirigente del partido Primero Justicia, a su vicepresidente y en Teodoro Petkoff, el candidato socialista más destacado, a su director de campaña. Su objetivo es la formación de un frente democrático unido que aglutine a todos aquellos que no están de acuerdo con la deriva totalitaria y militarista a la que el presidente Chavez ha llevado al país y está logrando la movilización antitotalitaria de las fuerzas democráticas.

Frente a la tentación de centrar la campaña en torno al proceso electoral, como ha ocurrido en otras ocasiones, el equipo de Rosales se ha volcado en presentar un programa político de compromiso con Venezuela, que vive una situación económica desesperada a pesar del altísimo precio del barril de petróleo, y mantiene unas cotas de inseguridad en las calles desconocidas.

Para lograr ilusionar con propuestas concretas a todos aquellos, muchos, desilusionados con la situación de la política venezolana Manuel Rosales se ha lanzado a la calle y hasta la fecha ha recorrido dieciséis estados, 39 ciudades, 178 zonas populares en 168 kilómetros caminados con la gente. Entre sus propuestas: la tarjeta Mi Negra como apoyo del Estado a los desempleados y las familias más desfavorecidas, la democratización de las misiones para que no haya discriminación en su acceso y el Plan de Seguridad para combatir de manera directa la delincuencia, depurar las policías, profesionalizarlas y disminuir la impunidad que siempre propicia más delincuencia.

La fuerza con la que se está desarrollando la campaña de Manuel Rosales parece que está logrando acallar las voces de los opositores partidarios de la abstención, que se oponen a cualquier tipo de participación electoral hasta que no se garanticen la totalidad de las condiciones demandadas al Consejo Nacional Electoral, y ha logrado revivir el espíritu de participación ciudadana, tan importante para cualquier país, a pesar del miedo generado por el gobierno a través de la persecución de aquellos opositores que participan en actividades de la oposición como el conocido caso de la lista Tascón.

Sólo falta que la comunidad internacional no dé la espalda a Venezuela y obligue al CNE a garantizar estas condiciones electorales. Sea cual sea la estrategia, la trascendencia de estas elecciones va mucho más allá que la presidencia de la república. Para unos es la misma democracia la que está en juego, quizás la última oportunidad de la oposición democrática, para otros, como señala Juventud Rebelde: "la ocasión para profundizar las transformaciones, o implicar un retroceso. Al fin y al cabo, todo el mundo sabe que no se trata de un hombre, sino del destino de la Venezuela que aún está forjando la Revolución".

Rafael Rubio, consultor y experto en comunicación política.

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