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Guerra de posiciones

El Kremlin ha adoptado una solución de contención: evitar que el reparto de poder post Yanukóvich se consolide en todo el país.

Ricardo Ruiz de la Serna
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Ya ha llegado la reacción rusa a la revuelta de Maidán. El presidente Putin ha obtenido del Consejo de la Federación –órgano similar al Senado– la autorización para desplegar tropas en la península de Crimea y el resto de Ucrania hasta "la normalización sociopolítica" de este último país. La Federación dispone de una base permanente en el puerto de Sebastopol, en el que se encuentra fondeada la flota del Mar Negro. El contrato de alquiler de la base expira en 2042, aunque hay posibilidad de extenderlo hasta 2047. Tropas rusas apoyadas por blindados han rodeado el aeródromo de la ciudad portuaria invocando la necesidad de vigilar las instalaciones de la flota.

El Gobierno ucraniano nacido de la revuelta de Maidán, presidido por Yatseniuk, ha denunciado la "invasión armada y ocupación", mientras que el depuesto Yanukóvich le niega legitimidad a aquél y afirma que luchará por el poder. El embajador ruso ante las Naciones Unidas, Vitali Churkin, se ha remitido a los acuerdos ruso-ucranianos alegando que permiten los movimientos de tropas ordenados por el Kremlin. Todo el mundo se está poniendo bastante nervioso. Suiza ha congelado los activos de Yanukóvich, de su hijo Oleksandr y de otros 18 ucranianos vinculados a su Gobierno. Las autoridades austriacas han anunciado que harán lo propio como medida cautelar. En Ginebra se ha iniciado una investigación penal contra el presidente depuesto y su hijo por un presunto delito de lavado de dinero. Realmente se lo están poniendo difícil a Yanukovich para salir de su refugio ruso y luchar como pretende. En Ucrania se ha dictado una orden de busca y captura contra él por la muerte de manifestantes en Maidán.

Por otra parte, se ha desatado una ofensiva política y diplomática para evitar la deriva militar de la crisis. Mientras hay manifestaciones y protestas prorrusas en Ucrania Oriental y Crimea, la alta representante de Política Exterior y de Seguridad Común de la Unión Europea, Catherine Ashton, ha condenado el "uso de la fuerza" e instado a Moscú a defender su postura por medios pacíficos. El presidente Obama ha abierto consultas con sus aliados sobre la reacción a la decisión rusa. Se habla de una posible cancelación de su asistencia a la próxima reunión del G8, que se ha de celebrar en junio en Sochi. Por lo pronto, los mensajes que se han lanzado contra Rusia se refieren a los "costes" que tendrá su decisión, así como a las consecuencias económicas y financieras. El viernes pasado el presidente del Consejo Europeo, Van Rompuy, habló con Putin sobre la situación financiera y de seguridad en Ucrania. Si el Estado ucraniano está –como dice Kiev– en bancarrota, va a costar mucho dinero rescatarlo sin el apoyo ruso.

Es difícil anticipar qué puede suceder si las protestas contra el Gobierno de Yatseniuk en Crimea y Ucrania Oriental continúan. En Jarkov, en Donets y en otras localidades se han asaltado gobiernos locales y retirado las banderas ucranianas, que se han sustituido por las tricolores de la Federación Rusa. En algunas ciudades ha habido enfrentamientos entre los partidarios de Maidán y los de Yanukovich. A medida que la movilización callejera se extienda, Rusia ganará la legitimidad de las masas frente a la formal de Yatseniuk, la cual procede de las protestas en Kiev y otras ciudades de Ucrania Occidental. El país quedaría así dividido en dos zonas, con dos poderes distintos. Si los gobiernos locales de Ucrania Oriental y Crimea no reconocen al de Kiev, Yatseniuk tendrá difícil imponer su autoridad con las tropas rusas desplegadas en la zona. El Consulado de la Federación de Rusia en Simferópol (Crimea) entrega pasaportes rusos a miembros ucranianos de las fuerzas especiales (Bérkut), conocidas por su actuación contra los manifestantes en Maidán. La situación recuerda de algún modo a la que se ha terminado dando en Osetia del Sur, Abjasia e incluso Transnistria, en la que se encuentra desplegado el 14º Ejército ruso y en cuya capital, Tiráspol, Rusia tiene abierto un consulado.

Es un error minusvalorar la reacción rusa y la oposición de Ucrania Oriental y Crimea al Gobierno y la Presidencia de Ucrania nacidos de la revuelta de Maidán. No fueron los ucranianos orientales ni los de Crimea quienes sacaron las masas a la calle, y con las protestas de Maidán se concluyó que quien gana en las calles termina ganando en las instituciones. Sin duda, tenía que haber cambios en Ucrania, pero no de este modo. La violencia y la acción directa terminan pasando factura. El conflicto puede enquistarse durante meses. Ahora llega la primavera y el Kremlin ha adoptado una solución de contención: evitar que el reparto de poder post Yanukóvich se consolide en todo el país. Estamos en marzo, dentro de unos seis meses llegará el otoño y, sobre todo, el invierno. Las necesidades de gas se dispararán y habrá un nuevo equilibrio de fuerzas. Por lo pronto, Putin ha creado un nuevo escenario.

Ricardo Ruiz de la Serna, profesor en la Universidad CEU San Pablo (Madrid).

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