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Pimentel, Polanco, Posadas, Ramírez, Rupérez, Ussía...

Algo comienza a moverse, como quien dice desde ayer, hacia el disfrute de la radio digital en España. Como es sabido, no en vano se empezó a escribir de ello hace varias burbujas tecnológicas, estamos a las puertas de una nueva era para la radio, por calidad de recepción, digital, sin distorsiones, además de por otras múltiples ventajas, como que, a diferencia de lo que ocurre con la actual, la señal es constante y si se difunde adecuadamente no es preciso cambiar la sintonía. Las emisiones, cumpliendo con las normas que en su día se dictaron, ya funcionan. Y también hay recepciones, pero pocos, muy pocos, porque son caros, muy caros.
 
Alguien extrañado, preguntaba ayer, por qué Manuel Pimentel, ministro que fuera con el PP y convertido hoy, él solo, en la tercera vía al socialismo por la derecha y por Córdoba, escribía ayer en Cinco Días sobre el asunto. ¿Qué hay de la radio digital?, se preguntaba (no incluimos el vínculo porque es de pago). Cuál no habrá sido nuestro asombro cuando, hoy, Pedro J. Ramírez abría la tertulia de La Mañana de la Cope con una confidencia que le había hecho el ministro Juan Costa, cuyo elogio, ojito, nos cuela de matute, o alguien de su entorno: se va a incentivar la venta de receptores digitales de radio, al menos en los automóviles, poniéndola como condición para poder acogerse al descuento del plan ese de renovación del parque. En resumen, Juan Costa tienen un plan, según Pedro Jota, y se mueve otra vez la radio digital.
 
Javier Rupérez, el embajador de España en Washington, se querella contra La Clave –que fue la primera y le dedicaba su portada sin abrir el mínimo resquicio a la duda–, y contra Interviú. Los semanarios que dirigen José Luis Balbín y Teresa Viejo han acusado al diplomático democristiano de haber recibido diez millones de barriles de petróleo de Sadam Husein, en pago por haber favorecido la opinión a favor del final del bloqueo internacional. Va implícito que esos barriles luego se colocaban en el mercado, con el consiguiente lucro, calculado en medio kilo de euros por millón de barriles. Rupérez, venía a decirse, podría haber actuado junto con otro miembros de la fundación (democristiana y hoy subsumida en FAES) Humanismo y Democracia.
 
La querella no puede haber cogido por sorpresa a los interesados. Lo cuenta El Semanal Digital, que dice que el embajador está en Madrid para preparar las acusaciones por injurias, calumnias y atentado al honor. Añade que puede tratarse, dice, de una campaña orquestada. Es una hipótesis, aunque no se precisa el objetivo último de la posible difamación. Pero plantea más incógnitas de las que contesta en su párrafo final: “Tiren del hilo Balbín-Gozalo (este segundo apellido no aparece en el resto de la información): ¿qué dirigente político popular con ganas de sentarse en el Palacio de Santa Cruz hay detrás?” Que alguien responda, por favor, que estamos en ascuas.
 
Somos objetivos si decimos que el arte del chisme se cultiva con primor en El Confidencial de Jesús Cacho. Ojo, no se deduzca de ello que queramos decir que todo lo que publica son chismes, ni mucho menos. Por el contrario, muchos días no encontramos en él ninguno que llevarnos a los ojos. Fue el primero en poner negro sobre blanco el de Aznar-Guillén. Fue también el primero en desmentirlo, antes incluso de que la interesada lo utilizara en beneficio propio en la televisiva gala de los Goya, para que días después pasara a manos de Almeida. Dicho sea de paso, este medio podría estar en la primera fase de su metamorfosis, de incierta duración, hacia otro estadio llamado Canal Actualidad, dentro del cual –y esto es, quede claro, únicamente producto a medias de la deducción y de la imaginación– los rumores, las confidencias y los chismes acaso podrían ser puestos bajo el signo del dólar, como hacen unos, del euro, como hacen otros, o bajo el candado que sólo se abre con los dígitos de la visa o la mastercard.
 
Pero hoy todavía podemos deleitarnos gratis total con sus ejercicios de gimnasia viperina y, así, secretarias, ujieres, fijos, contratados, interinos y jefes de negociado no hablan sino de Polanco y Posadas, Posadas y Polanco, tanto monta, monta tanto. Dice El Confidente: Jesús de Polanco cena con Carmen Posadas en Horcher y Esperanza Aguirre ve confirmadas sus sospechas. Este martes, en un restaurante entre lujoso, vetusto y tirolés fino en Alfonso XII. Llega, primero, Plácido Arango, no sólo VIPS, que, con ascendencia asturiana, vino de México, más rico, ya entonces, que mecenas luego, amigo de su Majestad, padre de sus hijos y generoso con sus amigos/as. Con él, Carmen Posadas y otra mujer de la que sólo se nos dice que es hermosa. Aparecen, más tarde, Jesús de Polanco, que, vive muy cerca y por eso lo frecuenta, con Matías Cortés, de profesión sus pleitos y sus consejos, gran liante y gran amigo del dueño de Prisa, así como vecino del barrio y cliente, por tanto habitual del comedor, entre los más caros del lugar. Acaban siendo cinco a la mesa del señor Arango, aunque, en algún momento, vase Cortés y quedan cuatro. Además de esta y la que fue origen del chisme, que se sepa, esa noche se sirvió otra mesa en Horcher, la ocupada por Esperanza Aguirre y sus acompañantes, en cena privada, la cual acabó antes y, al salir, se detuvo a saludar a nuestros personajes y no pudo resistir la tentación de hacer la gracia al ver a Posadas y Polanco juntos, así que es cierto. Hace bien, ella se lo puede permitir.
 
Dícese, y entiéndase que tampoco esto haya sido verificado, que las relaciones del ABCVocento y su archiconocido columnista Alfonso Ussía no atraviesan por el momento más fluido. En su colaboración habitual para el antaño conocido como diario monárquico, el escritor, asimismo monárquico, y showman radiofónico plasma, con cruel humor desternillante, los detalles más llamativos de las costumbres de sus contemporáneos, empezando por él mismo, por supuesto, y la gente de los estratos sociales que frecuenta, que son varios. La mayor parte de los días, también los vascos de Luca de Tena se ríen, no faltaba más. Pero, ay, temidos son aquellos en que al de Madrid, veraneante en su infancia y juventud en San Sebastián, le da por escarnecer, y ocasiones no faltan, dichos o sucedidos protagonizados de un modo u otro por vascongados presa de lo que llamaremos delirio aranesco, para no decir nacionalismo, más o menos democrático. Parece ser que uno de estos artículos se ha atascado en el ordenador de quien tiene poder para ello. Ya veremos en qué termina el caso, si en pelillos a la mar, vale, me lo envaino y aquí no ha pasado nada, que todo es posible, el tiempo no pasa en valde para nadie; o hasta aquí hemos llegado, me voy, ocasión que espera don Luis María, lo que tú quieras, Alfonso, cuánto hace que somos amigos, como agua de mayo, como si fuera Dios a verle.
 
Todo lo cual no obsta, por supuesto, para que la Tercera del ABC de hoy, Odas para el Califa, firmada por Serafín Fanjul, un catedrático de Literatura Árabe políticamente incorrecto, sea de lectura recomendable.

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