Menú

Canción de la Sulamita y Rajoy

"Abrí yo misma a mi amado, pero mi amado se había marchado. El alma se me fue con su huida. Lo busqué y no lo hallé, lo llamé y no respondió"

Adónde te escondiste, cervatillo, dexándome herida, pregunta la Sulamita a su amado; siendo que la Sulamita es el alma de la derecha española y su amado es Mariano Rajoy Brey, según la exégesis canónica, no vayan a pensar en cochinadas.
 
"Mi amado es para mí y yo soy para mi amado.  Eres bella, amiga mía, como Tirsá, encantadora como Jerusalén, imponente como ejército en formación", replica el amado desde Sanxenxo, viéndoselas con un centollo.
 
Y la novia, erre que erre, qué plasta: "Abrí yo misma a mi amado, pero mi amado se había marchado. El alma se me fue con su huida. Lo busqué y no lo hallé, lo llamé y no respondió".
 
"¿Qué distingue a tu amado de los otros, tú, la más bella de las mujeres?", preguntan las muchachas de ABC.
 
"Mi amado es moreno claro, distinguido entre diez mil. Su cabeza es oro, oro puro; sus guedejas, racimos de palmera, negras como el cuervo. Sus ojos como palomas a la vera del arroyo, que se bañan en leche, posadas junto al estanque. Sus mejillas, eras de balsameras, macizos de perfumes. Sus labios son lirios con mirra que fluye. Sus manos, torneadas en oro, engastadas de piedras de Tarsis. Su vientre, pulido marfil, todo cubierto de zafiros. Sus piernas, columnas de alabastro, asentadas en basas de oro. Su porte es como el Líbano, esbelto como sus cedros. Su paladar, dulcísimo, todo él un encanto. Así es mi amado, mi amigo, muchachas de Jerusalén".
 
El novio, sobando un Cohíba y arrullado por la brisa atlántica: "¡Qué lindos se ven tus pies con sandalias, hija de príncipe! Tus caderas torneadas son collares, obra artesana de orfebre; tu ombligo, una copa redonda, que rebosa vino aromado; tu vientre, montoncito de trigo, adornado de azucenas; tus pechos igual que dos crías mellizas de gacela; tu cuello, como torre de marfil; tus ojos, las piscinas de Jesbón junto a la puerta de Bat Rabín".
 
Juan Costa, el típico aguafiestas, viene a cortar el rollo desde el coro, en pleno caos de las infraestructuras en Cataluña: "¡Vuelve, vuelve, Sulamita, vuelve, vuelve, que te miremos!".
 
Ruiz-Gallardón, también desde el Coro, sigue su propio Cantar: “Si tú no lo sabes, ¡hermosa entre las mujeres! Sigue las huellas del rebaño, lleva a pacer tus cabritas junto al jacal de los pastores”.
 
El alma de la derecha, entre tanto, se ha puesto a cien: “Mi amado metió la mano por el hueco de la cerradura; mis entrañas se estremecieron. Me levanté para abrir a mi amado, mis manos destilaban mirra, mirra goteaban mis dedos, en el pestillo de la cerradura”.
 
Rajoy, que no es de piedra: "Había bajado yo al nogueral a contemplar la floración del valle, a ver si la vid estaba en cierne, a ver si florecían los granados. Sin saberlo, mi deseo me puso en los carros de Aminadib".
 
El poeta, en este punto, se retira discretamente, cierra en silencio la puerta de la alcoba y deja a los novios descansar en la fresca fronda de la contemplación nupcial.
 
Al bajar a la calle, algo llama su atención: "¿Qué es eso que sube del desierto, parecido a columna de humo?"
 
Qué diablos, y a quién le importa: "¡Comed, amigos, bebed, queridos, embriagaos!"

En España

    Servicios

    • Radarbot
    • Curso
    • Inversión
    • Securitas
    • Buena Vida
    • Reloj