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Carta blanca para acabar con la guerrilla

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Tal y como adelantó, hace una semana, Libertad Digital, Rusia aprovecha los trágicos acontecimientos en Estados Unidos para sus propios fines políticos y militares. Es curioso pero, tras el ataque suicida en suelo americano, el mundo se hizo más “comprensivo” con la guerra colonial rusa en Chechenia. El presidente Putin logró en una semana lo que no ha podido hacer en dos años: persuadir al mundo de que en Chechenia no se trata de una lucha de un pueblo por su libertad sino de unas actividades criminales de unos terroristas internacionales.

Al parecer, lo que más instó a los líderes occidentales a cambiar su postura hacia esta guerra han sido las declaraciones del Kremlin sobre las presuntas relaciones entre Ben Laden y la guerrilla chechena. Y eso que los rusos no dieron prácticamente ninguna prueba sobre la existencia de estas relaciones. Sea como sea, desde ahora, tanto en Washington, como en las capitales europeas, la actividad de la resistencia chechena se califica como “terrorista”.

Por supuesto, Putin no se ha limitado a contar sólo las historias propagandísticas inventadas por sus expertos. Desde el 11 de septiembre no ha parado de demostrar su solidaridad con Estados Unidos. Abrió el espacio aéreo de Rusia a los aviones estadounidenses, le ofreció a Washington la colaboración de sus servicios secretos, sus bases militares en la frontera con Afganistán y la “rica experiencia” de Moscú en este país. Para completar su imagen de “buen chico”, Putin se desplazó a Berlin e intervino ante los políticos alemanes exponiéndoles una nueva imagen de su país, “fiel aliado del mundo civilizado”. Entusiasmados con sus palabras, los alemanes aplaudieron de pie al antiguo teniente coronel del KGB, que realizó su misión de espía en los años 80 en Alemania.

Estas iniciativas del mandatario ruso han tenido mucho éxito y Putin ha tardado muy poco en aprovecharse de su nueva imagen de “buen chico”: ha declarado un ultimátum a la resistencia chechena. Este ultimátum –no se sabe por qué– fue interpretado en Occidente como una iniciativa de paz y el deseo de acabar el conflicto por vía pacífica. Una interpretación ridícula, especialmente porque la propuesta no preveía ni siquiera conversaciones políticas, sino una rendición sin condiciones en 72 horas.

Tal y como se podía imaginar, nadie se ha rendido en Chechenia. Y el Ejército ruso está dispuesto actualmente a “hacer su aporte decisivo a la lucha contra el terrorismo internacional”. Al parecer, esta vez tendrá una especie de “carta blanca” para actuar con toda la dureza posible. El mundo ya no se mostrará tan sensible a la violación de los derechos humanos en la zona. Total, la gran tarea de acabar con el terrorismo internacional prevé “sacrificios”. Así que los soldados rusos ya preparan su artillería pesada para destruir las aldeas chechenas. La aviación regresará a las tácticas de la tierra quemada, bombardeando día y noche las localidades donde se encuentran algunos presuntos terroristas y miles de civiles. Y los chechenos, combatientes y quienes no lo son, detenidos en las operaciones de “limpieza”, serán enterrados en fosas comunes tras ser disparados en la nuca. Por supuesto, sus asesinos no tendrán miedo de que alguna comisión internacional se interese por estas víctimas.

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