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El aliado europeo de Sadam Husein

En nuestro viejo continente hay de todo –esto no es ningún secreto– y desde ahora hay también un aliado estratégico del déspota iraquí Sadam Husein. No es ninguna broma. Se trata del presidente bielorruso, Alexánder Lukashenko, conocido por su postura nacionalista y antioccidental. Dime con quién andas y te diré quién eres... pero hay una diferencia entre los dos líderes. El objetivo del ataque, el “Kuwait” de Lukashenko no es, por el momento, ningún país vecino, sino la oposición democrática en su propio país. La machaca sin cruzar las fronteras.

Mientras tanto, lo de Alexánder y su “queridísimo hermano, amigo y socio estratégico” Sadam, tal y como se denomina al dictador iraquí en los documentos oficiales de Bielorrusia, va en serio. Las autoridades de Minsk acaban de anunciar el establecimiento de un puente aéreo con Bagdad. Los pasajes son baratos y la propaganda bielorrusa no para de anunciar que, desde ahora, cualquier ciudadano puede visitar Irak libremente, sin ningún visado.

La apertura de la línea aérea, en pleno desafío a la comunidad internacional, especialmente a las resoluciones de la ONU, ha sido uno de los “regalos” que hizo Lukashenko a Husein en su 64 aniversario, celebrado estos días en Irak como la fiesta nacional más importante. Una representativa delegación bielorrusa participó en este “acontecimiento” y le entregó a Sadam un mensaje personal de su colega en el que se destaca la “eterna amistad” entre los dos pueblos, “acosados por los enemigos occidentales”.

La delegación aprovechó su estancia en Bagdad para “profundizar” las relaciones económicas entre los dos países. Según el portavoz del ministerio de Exteriores de Bielorrusia, Pavel Latushko, estas relaciones se desarrollan en el marco del programa “petróleo a cambio de alimentos y medicinas” aprobado por la ONU. Pero, según expertos independientes, se trata de cosas más serias y hasta de suministros de material bélico prohibido por las resoluciones internacionales.

El destacado opositor bielorruso y antiguo ministro de Defensa de la república, Pavel Kozlovski, declaró que el puente aéreo no será utilizado para viajes turísticos –los bielorrusos no tienen ni para el pan de cada día– sino para suministros militares. Kozlovski aseguró que ya están en marcha las negociaciones para vender a Bagdad sistemas de defensa antiaérea y repuestos para las divisiones acorazadas de Sadam. Tampoco ha descartado que algunos centros de investigación de Bielorrusia puedan ayudar a Bagdad a realizar su programa nuclear.

Según observadores, en toda esta historia está presente una figura más, poderosa y muy lista. Y es que el líder bielorruso, a pesar de todo su desprecio a las normas internacionales, nunca se atrevería a cometer estos últimos desmanes sin el consentimiento y apoyo de su “hermanito mayor”, su máximo aliado, única persona a quien respeta, escucha y obedece: el presidente ruso Vladímir Putin.

Rusia insiste desde hace varios años en el levantamiento del embargo internacional impuesto a Irak durante la crisis del Golfo. Este levantamiento permitiría a Bagdad devolver a Moscú una deuda multimillonaria por los suministros de armas en los años 80. Hoy en día, al parecer, se buscan “vías alternativas” para burlar el embargo.