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¿Hacer negocios en Rusia?

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Tras los atentados del 11 de septiembre, Rusia ha mejorado considerablemente sus relaciones con Occidente gracias a su incondicional apoyo a la coalición antiterrorista. Ahora intenta profundizar estas relaciones. Mientras el presidente Vladímir Putin culmina su triunfal visita a Estados Unidos, su primer ministro, Mijail Kasiánov, visita España. No es ninguna coincidencia. Moscú tiene programada una gran ofensiva diplomática que ha comenzado en los países más interesantes para su política exterior.

No olvidemos que Putin, desde los primeros meses de su presidencia, eligió a España como su socio privilegiado. Dicen que fue por la “química” que surgió entre él y José Maria Aznar, aunque las malas lenguas opinan que se debe al interés que por España tiene su esposa e hispanista, Liudmila. Sea como sea, un importante papel pertenece sin duda a la diplomacia española, que nunca ha intentado dar lecciones de derechos humanos a Putin tal y como hacían los alemanes y los franceses. Y eso, a pesar de los intentos de nuestros “progres”, muy “solidarios” con los chechenos, de presionar al gobierno en este sentido.

Sea como sea, la luna de miel entre Rusia y Occidente empieza en España. En el centro de las negociaciones se encuentran las relaciones económicas. Al Kremlin le gustaría convertir su deuda con España, unos 980 millones de dólares, en inversiones españolas en Rusia. A principios de este año, Moscú entregó a Madrid una lista de ofertas: 23 proyectos de ambiciosas inversiones por un valor de 2.000 millones de dólares.

Los rusos se quejan de que las “brillantes” relaciones políticas no están acompañadas por el flujo del capital español a su país y que en el mercado ruso están presentes sólo unas pocas empresas, como “Campofrío”, “Gallina Blanca” o “Chupa-Chups”. Pero lo que nunca se menciona en las declaraciones oficiales son las calamidades que pasa el capital español al intentar entrar en el mercado ruso. Y es que, a pesar de los grandes cambios que observamos en la política exterior rusa, más humana y prooccidental, en el interior todo sigue igual que en los tiempos del comunismo, o hasta peor. Porque además de las inmensas barreras burocráticas que tiene que superar cualquier empresario extranjero en Rusia, está más activa que nunca la famosa “mafia rusa”, los círculos criminales que buscan la “participación” en cualquier negocio imponiendo su propio “impuesto revolucionario”.

Es curioso, pero lo que tampoco se menciona en las declaraciones oficiales es la masiva presencia del capital ruso en suelo español. No se menciona, simplemente, porque su traslado a España, en muchas ocasiones, no ha sido muy limpio desde el punto de vista de la legislación rusa. Este capital está presente en la construcción, especialmente en la costa mediterránea, y en la hostelería. Tampoco se menciona que, hoy en día, más de 70.000 rusos residen en España.

Por supuesto, Rusia, con su inmenso mercado, sus recursos naturales y con su potencial científico-técnico representa un enorme interés para España, igual que para cualquier otro país. La opinión de los empresarios españoles es bastante conocida: se puede y se deben tener negocios con Rusia, pero se necesita estabilidad, se necesitan leyes, se necesita orden y garantías para los inversores.

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