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Negociar con los terroristas

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Nos preocupan los comentarios en la prensa nacional e internacional que ponen en duda la necesidad de la reciente operación de rescate en Moscú, aludiendo a las numerosas bajas entre los rehenes. Se condena hasta la “brutalidad” con la que fueron aniquilados los terroristas. Por cierto, estos últimos no fueron tiroteados por odio o venganza, sino para que no activaran una media tonelada de explosivos que llevaban consigo. Según expertos militares, los oficiales del grupo “Alfa” actuaron en esta ocasión tal y como hubieran actuado las fuerzas especiales de cualquier otro país.

No sabemos si en estas circunstancias había alguna manera de no utilizar el gas por el que murieron los rehenes. Lo que sí podemos asegurar es que la misión de los “geos” rusos fue más que imposible. Hasta ahora la liberación de los rehenes nos parece un milagro. Lo aseguramos porque conocemos el escenario de la tragedia: no permite ningún maniobra operativa de las fuerzas especiales. Precisamente por eso los terroristas apostaron por el teatro de Dubrovka y no por algún otro. Lo aseguramos también porque conocemos a los chechenos: ante su bestialidad los demás terroristas internacionales parecen unos niños inocentes.

Y es que la lucha contra el terrorismo no es ninguna tontería. En muchas ocasiones surgen circunstancias imprevisibles y no hay manera de ayudar a las víctimas del terror. EE.UU, cuyo potencial defensivo es diez veces más grande que el ruso, no ha podido hacer nada para salvar la vida de miles de sus ciudadanos en el trágico 11 de septiembre. Otra tesis que se baraja en la prensa es la presunta necesidad de buscar una “solución negociada” para acabar con el conflicto checheno. Suena bonito, pero en las circunstancias actuales no tiene ningún sentido. Los rusos ya buscaron hace dos años una solución negociada. El actual presidente de la autonomía Chechena, el moderado Ahmad Kadirov, es antiguo guerrillero y “mufti”, autoridad suprema religiosa de Chechenia. Le apoya la mayoría de la población y tiene a su disposición una milicia armada. Esta milicia soporta el gordo de la lucha antiterrorista en la autonomía. Sobra decir que es imposible en estas circunstancias apartar a Kadirov y decidir el futuro de la zona con los llamados “intransigentes”, unos fanáticos degenerados, estrechamente vinculados con el terrorismo internacional.

Además éstos últimos no quieren ningún compromiso, ni salida civilizada del conflicto. Pretenden, según uno de sus líderes, Shamil Basáyev, crear en el Cáucaso un estado islámico radical con el único propósito de apoyar la “yihad” internacional. O sea, un nido terrorista bajo la cobertura de un estado soberano. Ya hubo intentos de crear este tipo de estado entre 1996 y 1999. En este período los chechenos secuestraron a más de 5.000 personas, entre rusos y extranjeros, arruinaron las regiones fronterizas rusas, robando ganado y los demas bienes de la población local. Estrecharon sus lazos con Al Qaeda y personalmente con Ben Laden, intercambiando personal y experiencia terrorista. Y por fin, atacaron el territorio ruso en agosto de 1999 con el propósito de hacerse con la región caucasiana de Daguestán. Un conflicto que causo la muerte de dos mil civiles.

¿Está alguien interesado en que se repita esta historia y que Chechenia se convierta en un nuevo Afganistán?

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