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Una tiranía postbolchevique

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Tras la caída del imperio soviético, se han formado en la región de Asia Central varias tiranías. Estos regímenes, autoritarios y corruptos, son una mezcla de las peores tradiciones del obscurantismo medieval, bolchevismo y de las mafias modernas. La información apenas nos llega desde aquellos lugares: la prensa extranjera no está allí representada, mientras que la local se ve amordazada.

Entre estos países se encuentra Kazajstán, el mayor de la región. Últimamente aparece en la prensa europea, especialmente suiza, ya que su presidente, Nursultán Nazarbaev (antiguo secretario del PC de la república), protagoniza un gran escándalo internacional llamado «kazajgate». La justicia de la República Alpina le reprocha el blanqueo de miles de millones de dólares, robados de las arcas de su Estado. Una parte de este dinero son cuantiosas comisiones que pagaban al presidente las empresas petroleras internacionales por el derecho de operar en la república. Las cuentas pertenecen a dos empresas, registradas en las islas Vírgenes, Orel Capital Ltd. y Bercut Holding Ltd., propiedad de Nazarbáev.

Pero lo gordo del botín está en las cuentas suizas de la hija del presidente, Dinara Kulibáeva, proclamada por su padre heredera de la presidencia. No hay dudas de que tras la muerte de Nursultán, dentro de 10 o 20 años, su hija será elegida «democráticamente» jefa de Estado. Lo garantiza el mismo sistema despótico creado por Nazarbáev. A este último le gusta, a veces, jugar al «liberalismo» y contestar a la prensa extranjera. Así, cuando los periódicos rusos empezaron a publicar los datos de kazajgate, el gobierno kazajo declaró que en Suiza se encuentra el «fondo secreto de estabilización» de Kazajstán que «será utilizado cuando sea necesario».

Nadie dentro de este país se ha atrevido a preguntar por qué el «fondo de estabilización» se encuentra en Suiza, mientras los kazajos viven en la miseria más profunda, sin trabajo y asistencia médica, y la deuda exterior es más de 10.000 millones de dólares. A pesar de que no ha habido protesta social por esta tomadura de pelo, el gobierno de Kazajstán ha cambiado últimamente la línea de defensa de Nazarbaev adoptando una postura más agresiva. Resulta que las cuentas en el extranjero fueron abiertas por los «enemigos del pueblo» para «manchar» al líder de la nación.

Para combatir a estos «enemigos» que han sobrevivido los 12 años de la feroz dictadura, el régimen ha empezado recientemente una nueva oleada de represión. Decenas de opositores, entre ellos los líderes del movimiento democrático, Muhtar Abliázov y Galimzhan Jakiánov, han sido encarcelados. La prensa rusa señala que Jakianov está sometido a torturas y su vida corre un gran peligro. Los pocos periódicos que todavía se permitían ciertas críticas hacia el poder, han sido fulminados. Por ejemplo, la redacción del diario «Respública» fue quemada a la vez que las autoridades retiraban la licencia a sus editores.

Mientras tanto, ni Nazarbaev ni miembros de su familia salen al exterior por el temor de ser detenidos e interrogados por la justicia internacional.

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