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De los asesinos de un hombre libre

Para sus asesinos, mejor si era negro y pobre. También eran negros los últimos que fusilaron por intentar escapar de ellos. También eran pobres. También estaban desesperados.

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Los hermanos Castro pueden sentirse satisfechos. Ya pueden poner a su servicio el asesinato de Orlando Zapata y, desde su penúltimo crimen conocido, tratar de asustar a otras víctimas que pudieran valorar que tal vez llegó la hora de sumarse a la rebeldía de un hombre libre. Para sus asesinos, mejor si era negro y pobre. También eran negros los últimos que fusilaron por intentar escapar de ellos. También eran pobres. También estaban desesperados.

A la satisfacción de los Castro se sumará la de sus cómplices, la de sus chivatos, la de los altos cargos militares gerentes de lo que queda de lo que robaron a los que huyeron, la de sus carceleros, la de los policías torturadores, la de los que simulan ser jueces y periodistas en isla cárcel y la de todos los desalmados que financian la barbarie que asesinó a Orlando Zapata.

¿Qué nos dirán ahora –que podamos creer– los que trabajan para los Castro en Europa? ¿Sentirán su muerte sin avergonzarse antes quienes simulan creer que se puede dialogar con asesinos en serie? ¿Los que culpan a Estados Unidos del sufrimiento de los cubanos? ¿Les pesará a los que vuelan a Cuba sólo para acostarse con adolescentes que por hambre y desesperación se ofrecen por menos de nada al mejor postor? ¿La sentirán los que fingen confiar en que los Castro podrían cambiar si se les ofrece diálogo durante otro medio siglo? ¿Los que viajan a Varadero y vuelven contando que los cubanos no sufren? ¿Los cobardes que jamás denuncian los crímenes de la tiranía por miedo a que sus servicios secretos conserven algún vídeo que pueda comprometerles? ¿Les pesará su muerte a los jueces españoles que dicen que pueden juzgar a tiranos siempre que no sean los Castro?

No lo sé. Lo que sí les consta a las víctimas de la tiranía es que desprecian su sufrimiento y que no querrían para ellos la mala vida y la horrible muerte que sufren los activistas de los derechos humanos en Cuba. Ahora nos dirán todo y más. Y nadie les creerá. Su pésame llega tarde. Y es falso. Le consta a la madre de Orlando Zapata. Asesinaron a su hijo. Fue un hombre libre. Dios le bendiga.

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