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Tu cepillo de dientes podría estar enfermándote: cómo evitar los errores más comunes

El cepillo de dientes es esencial para una buena higiene general. Pero existen riesgos, ¿Cuáles son los más conocidos? Puede transmitir enfermedades.

El cepillo de dientes puede acumular bacterias que afectan tu salud | Pixabay/CC/stevepb

El cepillo de dientes hay que tratarlo con mucho respeto, pues puede ser un foco de gérmenes, incluyendo bacterias intestinales y gérmenes fecales. Pero no solo es importante cuidarlo y lavarlo sino que el lugar donde se guarda y cómo se guarda dependerá que haya más o menos microorganismos en las cerdas que después entrarán a la boca. En realidad, aunque el cepillo de dientes sirve para limpiar no siempre está limpio, de hecho, el cepillo de dientes es un pequeño nido de bacterias que hay que vigilar, por higiene, para evitar la contaminación por cepillo de dientes.

No obstante, a menudo se subestima que el cepillo es una herramienta esencial para una buena higiene oral pero hay que reconocer que hay ciertos hábitos y factores que pueden poner en riesgo la efectividad y la salud del cepillo de dientes. Estos aspectos merecen atención para garantizar una rutina de cuidado bucal óptima. Hay que prestarle mucha atención ya que, según numerosos estudios, los cepillos de dientes contienen alrededor de 10 millones de bacterias. Y no es de extrañar porque en las cerdas de un cepillo de dientes se dan todos los factores que hacen falta para favorecer el desarrollo de los gérmenes.

Lo primero porque están en los baños, con un inevitable ambiente húmedo que siempre es ideal para que se desarrollen los microbios. Y más si hace calor. Además, la ubicación del cepillo de dientes puede ser un factor crítico ya que, al colocarlo cerca del inodoro, existe el riesgo de que las partículas en el aire, generadas al tirar la cadena, lleguen al cepillo. Esto puede contaminar las cerdas con bacterias y microorganismos, afectando la salud bucal en lugar de mejorarla. Asimismo, dejar el cepillo de dientes en un recipiente cerrado y húmedo favorece la proliferación de bacterias. La humedad crea un ambiente propicio para el crecimiento de microorganismos no deseados, lo que puede comprometer la higiene bucal.

Lo segundo es que cada vez que uno se lava los dientes está pasando restos de comida de la boca al cepillo. Y aunque al final de cada lavado se enjuague un poquito, no suele ser suficiente. Otro aspecto importante es la periodicidad de reemplazo del cepillo de dientes. El motivo es que al utilizar el mismo cepillo durante demasiado tiempo puede disminuir su eficacia, ya que las cerdas tienden a desgastarse y perder su capacidad de limpieza. Se recomienda cambiar el cepillo cada tres meses o antes si las cerdas están deshilachadas.

Limpiar al que limpia. A fin de asegurar una buena limpieza bucal, y evitar que a la boca salten microorganismos de otras partes, es recomendable enjuagar a fondo los cepillos con agua potable después del cepillado. Esto permitirá retirar todos los restos de pasta de dientes y de comida que queden atrapado entre las cerdas. Incluso se debería empapar los cepillos en un enjuague bucal antibacterial ya que se ha demostrado que disminuye el nivel de bacteria que crece en los cepillos.

Además, compartir el cepillo de dientes con otras personas puede ser perjudicial para la salud bucal. El intercambio de cepillos facilita la transferencia de gérmenes y enfermedades, lo que puede dar lugar a problemas de salud oral y general. Cada individuo debe tener su propio cepillo y evitar compartirlo para mantener una higiene bucal óptima.

¿Qué bacterias hay en un cepillo de dientes?

La gran mayoría de lo que se encuentra en los cepillos de dientes son bacterias normales presentes en la boca y que al lavarse se adhieren al cepillo… sin mayor trascendencia. Pero no son las únicas, y es que también hay muchas que pueden resultar peligrosas.

De hecho, está demostrado que en los cepillos de dientes se han encontrado bacterias como E. coli, Staphylococcus aureus o Pseudomonas aeruginosa.

¿De dónde salen estos microorganismos? Pues de la boca, las manos, el vaso donde se dejan los cepillos… incluso el propio aire del baño. En el ambiente del baño hay, por ejemplo, bacterias fecales. El motivo es que, cada vez que se tira de la cadena se crean aerosoles que llegan a permanecer horas flotando en la estancia. Y alguna bacteria acabará en el cepillo.

¿Qué medidas hay que tomar para mantener el cepillo limpio?

El consejo parece muy obvio, pero la mayoría de las personas lo hace mal. Después de cada uso es necesario enjuagar el cepillo con intensidad, para eliminar toda la materia orgánica posible. Si puede ser con agua muy caliente, mejor. Así se logrará que la cantidad de bacterias y otros agentes infecciosos se reduzca drásticamente. Otra solución posible sería limpiar el cepillo con un enjuague bucal o, si se tiene, con clorhexidina.

Después de cepillar los dientes y de enjuagar el cepillo, es conveniente secarlo ya que la humedad favorece la proliferación de bacterias. Pero, ¿Cómo hacerlo? Lo más a mano que casi seguro se suele tener es una toalla, pero no es buena opción. Tal vez se pueda penar que la toalla está limpia, pero lo habitual es que esté llena de bacterias por unas sencillas razones: La primera, porque es un objeto que suele estar húmedo y, para la higiene del hogar, la humedad favorece el crecimiento de bacterias. Segundo, porque generalmente todos en casa usan la misma toalla junto al lavabo para secarse las manos, y eso le traslada más gérmenes.

Además, al utilizar una toalla para secarse las manos o la cara, se le pasa materia orgánica de la que se alimentan las bacterias. Y por último, el ambiente del baño tiene muchas bacterias flotando que acaban pegándose también a la toalla. Por tanto, la solución más sencilla podría ser utilizar papel higiénico para quitar toda la humedad posible y dejar la cabeza del cepillo al aire.

Una vez utilizado y secado lo mejor posible, hay que dejar que el cepillo seque del todo dejándolo al aire libre, y mejor sin capuchón. Porque estos pequeños estuches para la cabeza del cepillo son buenos para ir de viaje y protegerlo en el neceser, pero es mejor no ponérselo al cepillo justo después de lavarnos los dientes. También es importante no guardar el cepillo en el típico armario de baño, por la misma razón. Tardaría mucho en secarse y, en el proceso, las bacterias y hongos podrían proliferar.

Algunas personas creen que el cepillo se cambia cuando ya está gastado y con las cerdas aplastadas. Cuando ya ni cepilla ni da masaje, porque no hay de dónde. Pero en realidad los dentistas recomiendan que cambiar el cepillo como mucho cada tres meses. También dicen los dentistas que es muy importante renovar el cepillo si hemos estado enfermos.

La explicación lógica es que esa infección contaminará el cepillo y, además de retrasar la recuperación de la enfermedad, uno puede encontrarse con que el lavado de dientes lo que acaba haciendo es reinfectar.

Una recomendación muy fácil de cumplir, con poquito cuidado que se tenga, es que se aplique la pasta de dientes evitando cualquier contacto entre el tubo y las cerdas.

Para evitar contagios de cualquier tipo, es fundamental que las cerdas de los cepillos de dientes no se toquen entre sí. Esta recomendación va acorde a la de evitar tocar la boca del tubo de pasta. Se trata de evitar que haya mucho intercambio de microorganismos entre unos y otros. Y la mejor manera de conseguirlo es cambiar el típico vaso que hay en tantos hogares, y hacerse con uno de esos tarros que están diseñados para separar los cepillos. De esta manera se reducirán las posibilidades de contagio de algunas molestas enfermedades, y se mejorará la higiene general.

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