
El colágeno es una proteína presente en las células del cuerpo humano, tanto es así que más de una tercera parte del total es colágeno. Esta proteína está muy relacionada con el envejecimiento, por lo que es importante mantener lo más posible unos buenos niveles de colágeno.
Pero, ¿Para qué sirve el colágeno? Es una proteína esencial para la salud de la piel, las articulaciones, los huesos y otros tejidos del cuerpo. A medida que se envejece, la producción de colágeno disminuye, lo que puede llevar a arrugas, flacidez de la piel y problemas articulares.
¿Qué es el colágeno y cómo se pierde?
El colágeno resulta un elemento absolutamente imprescindible para sostener la piel y los huesos ya que les aporta resistencia y al mismo tiempo flexibilidad; y lo mismo hace con tendones, ligamentos, cartílagos y músculos. Pero no se queda ahí ya que también tiene otras funciones. Por ejemplo, está muy presente en los vasos sanguíneos, los discos intervertebrales, la córnea, el cuero cabelludo, los dientes y las encías, por lo que no debe sorprender que a medida que los niveles de colágeno bajan todo lo anterior presente problemas. La alimentación es clave para contrarrestar los efectos del envejecimiento.
No hay que olvidar que los niveles de esta proteína se empiezan a reducir a partir de los 25 - 30 años porque el organismo va fabricando menos. Lo mismo ocurre con la elastina o el ácido hialurónico, otros elementos que garantizan la elasticidad y la hidratación de piel y mucosas.
La palabra colágeno proviene del griego κολλώ (kolla) y significa unirse. Junto con la elastina, el colágeno es una de las proteínas esenciales que la piel necesita para mantenerse grasa, firme y radiante y para combatir los signos del envejecimiento. El colágeno se encuentra en los tejidos de los músculos, huesos, tendones, vasos sanguíneos y sistema digestivo. Esta proteína no es algo eterno y la cantidad de colágeno que produce el cuerpo humano disminuye con la edad. Como resultado, la capa protectora de la piel y la firmeza de la piel disminuyen.
Tipos de colágeno y para qué sirve
- Colágeno tipo I. Es, con diferencia, el más abundante en el organismo, tanto que está en un 90 %. Forma parte de los tejidos que requieren soportar fuerzas mecánicas, como la piel, los tendones, los huesos, los discos intervertebrales y la córnea. Es el tipo de colágeno, de procedencia animal, con el que se elabora la gelatina.
- Colágeno tipo II. Está presente mayoritariamente en los cartílagos, aunque también se encuentra en los discos intervertebrales de la columna. Asimismo, abunda en el líquido cartilaginoso que se encuentra dentro de los ojos también conocido como humor vítreo. Además de darles resistencia, permite a los tejidos realizar presión intermitente. En el ámbito médico se usa para tratamientos de artrosis y artritis; y en el mundo de la cosmética para disminuir celulitis, arrugas…
- Tipo III, tipo IV y tipo V. El primero sujeta los órganos del cuerpo que se expanden, por lo que también está presente en músculos, venas, glándulas, piel… En la lente del ojo, el cristalino, se concentra el de tipo IV, y en pequeñas cantidades en otras zonas, y el de tipo V está distribuido por todo el organismo y da elasticidad a muchas estructuras.
¿Cuáles son los beneficios del colágeno en la piel?
El colágeno actúa como soporte de las fibras de la dermis, proporcionando consistencia, flexibilidad y resistencia. Por consiguiente, los beneficios pueden ser:
- Contribuye con la hidratación y protección de la piel frente a agentes externos como los rayos UV, la contaminación y el frío.
- Disminuye las líneas de expresión, las estrías y las arrugas.
- Previene y atrasa los signos del envejecimiento prematuro.
- Reduce las marcas de acné debido a sus propiedades cicatrizantes.
- Ayuda a regenerar la piel.
- Combate la flacidez facial y la piel de naranja o celulitis.
¿Qué hacer para no perder colágeno?
- Un sueño suficiente y reparador: La melatonina es la hormona del sueño y tiene poder antioxidante y antiinflamatorio, lo que ayuda a reducir los signos de la edad. Además, dormir al menos 7 horas aumenta la hormona del crecimiento, algo a tener en cuenta ya que unos buenos niveles mejoran la síntesis del colágeno.
- Dieta rica en colágeno: Consumir alimentos que estimulan la producción de colágeno es esencial. Alimentos como pescado, carne magra, huevos, soja y productos lácteos proporcionan los aminoácidos necesarios para la síntesis de colágeno.
- Una dieta baja en azúcares y harinas refinadas: Tomar a diario alguna pieza de bollería o pastelería industrial, galletas, caramelos, refrescos y ciertos zumos envasados, hace que aumente rápidamente la glucosa en sangre. Ese exceso de azúcar se engancha a algunas proteínas (elastina y colágeno entre ellas), y consigue volverlas rígidas, endurecerlas, por un proceso denominado glicación.
- Hidratación: Beber suficiente agua es esencial para mantener la piel hidratada y apoyar la producción de colágeno.
- Protección solar: La exposición excesiva al sol puede dañar el colágeno de la piel. Usar protector solar es crucial para prevenir el envejecimiento prematuro.
- Ejercicio: El ejercicio regular estimula la producción de colágeno y mejora la circulación sanguínea, lo que beneficia la piel y los músculos.
- Masajes faciales: Los masajes faciales estimulan la circulación sanguínea y pueden ayudar a tonificar y rejuvenecer la piel.
- Reducción del estrés: El estrés crónico puede afectar negativamente la producción de colágeno. Practicar técnicas de manejo del estrés, como la meditación o el yoga, puede ser beneficioso.
- Evitar el tabaco y el exceso de alcohol: El tabaco y el alcohol en exceso pueden dañar el colágeno y acelerar el envejecimiento de la piel.
¿Qué comer para aportar colágeno?
El colágeno es una molécula compleja que solo se puede encontrar en los alimentos de origen animal. Ahora bien, todas las proteínas se descomponen y liberan todos sus aminoácidos. Por eso, el cuerpo puede obtener los nutrientes necesarios para la formación de colágeno de muchos alimentos.
- Carnes magras y pescado, en especial azul. Puesto que las proteínas están formadas por aminoácidos y justamente esos son los "ladrillos" con los que se forma el colágeno, consumir buenas carnes y pescados beneficia.
- Ácidos grasos omega-3. Los ácidos grasos omega-3, presentes en pescados grasos como el salmón y el atún, promueven la producción de colágeno y ayudan a mantener la piel hidratada.
- Tomar caldo de huesos. Quizá pueda sorprender el hecho de saber que esta es una de las preparaciones caseras que más colágeno aporta. Si está elaborado a partir de huesos y cartílagos bovinos o de aves de corral aporta una gran cantidad de proteínas de fácil aprovechamiento. La condición es que el caldo se elabore de forma lenta. Con él también se obtiene condroitina y glucosamina, unos compuestos muy interesantes que se usan en medicina para mejorar el dolor y la rigidez de las articulaciones que da una artritis.
- Huevos y lácteos. Consumirlos es otra forma de mantener en buen estado el colágeno. Por lo que respecta al huevo, es importante que no se deseche esa telilla fina que lo separa una vez duro de su cáscara.
- Legumbres, frutos secos y todos los cereales y las semillas. Aunque son proteínas parcialmente incompletas, porque no contienen todos los aminoácidos esenciales, también son necesarios para que el cuerpo sintetice eficazmente el colágeno.
- Vitamina C. Esta vitamina es fundamental para la producción de colágeno. Frutas cítricas, fresas, kiwis, pimientos y brócoli son excelentes fuentes de vitamina C.
- Aminoácidos. Se definen como compuestos que forman las proteínas y tienen un papel fundamental en la formación de colágeno junto con la vitamina C. De hecho, la combinación de ambos hace que sea más efectivo. Los aminoácidos más relevantes son la lisina y la prolina. La primera se puede encontrar tanto en alimentos de origen animal como la carne magra, pescados o lácteos como en el reino vegetal en las legumbres. La prolina es el aminoácido fundamental de la clara de huevo.
- El aguacate por su vitamina E.
- La zanahoria con su betacoreno.
- Las nutritivas verduras de hoja verde con su multitud de antioxidantes.
- Semillas de calabaza y frutos rojos por el zinc.
- Alimentos ricos en azufre. Este es un mineral muy relacionado con las enfermedades de la piel e interviene también directamente en la formación de colágeno. Es imprescindible para el organismo y por ello no debe faltar en la alimentación. Se encuentra en alimentos como el apio, el ajo y la cebolla. Los dos últimos son fáciles de añadir a cualquier comida y se consideran claves en guisos o platos de la dieta mediterránea, que es considerada una de las más saludables del mundo.
- Antioxidantes. Los antioxidantes protegen el colágeno de los daños causados por los radicales libres. El té verde, el chocolate negro y las bayas son ejemplos de alimentos ricos en antioxidantes. Además, se puede destacar el licopeno como el fitoquímico más relacionado con el colágeno por su papel protector en la degradación del colágeno. Este antioxidante es el que proporciona el color rojo a alimentos como la remolacha, el tomate, las frambuesas o moras.
- Suplementos: Colágeno Ácido Hialurónico Q10- este es el colágeno más vendido de Amazon. Contiene 60 cápsulas y es 100% natural por lo que no contiene gluten ni lactosa.
Ejercicios específicos para activar el colágeno del rostro
Otra de las maneras más naturales de activar el colágeno de la piel y, en particular, la del rostro, es hacer ejercicios específicos de yoga facial, una serie de ejercicios que ayudan a tonificar los músculos de la zona y a reducir la presencia de los signos de la edad.
- Ejercicios para la frente: cerrar los puños y masajear la frente desde el centro hasta las sienes con la parte de la mano que va desde los nudillos a las puntas de los dedos.
- Ejercicios para los pómulos: con la cabeza erguida y sin mover el cuello, mover los labios y la mandíbula, así como el resto de la cara hacia un lado y hacia el otro. Con la mano, estirar la mejilla y mantener 10 segundos. Repetir 5 veces este ejercicio en ambos lados.
- Ejercicios para el contorno de los ojos: bajar los párpados y dejar los ojos entrecerrados. Mirar hacia un lado 5 segundos, luego hacia el otro. Abrir los ojos, mirar hacia arriba 5 segundos y luego hacia abajo otros 5. Por último, hacer un círculo con la mirada.

