
En Japón existe un fenómeno conocido como jōhatsu (蒸発), que literalmente significa "evaporación". El término designa a las personas que desaparecen voluntariamente, abandonando su hogar, trabajo y vínculos para empezar de nuevo en otro lugar, a menudo con ayuda logística y manteniendo el anonimato. Aunque casos similares pueden encontrarse en otros países, en Japón el fenómeno está profundamente ligado a factores culturales, laborales y sociales.
El concepto comenzó a utilizarse en los años sesenta, cuando algunas personas decidían huir de matrimonios infelices para evitar el estigma del divorcio. A partir de la década de 1990, tras la llamada "Década Perdida", el número de jōhatsu aumentó drásticamente. La crisis económica, los despidos y el endeudamiento provocaron que muchos asalariados perdieran su estabilidad y, con ello, su lugar en la sociedad. La práctica se extendió también entre jóvenes que habían emigrado desde provincias a las grandes ciudades en busca de oportunidades laborales y que, al fracasar, optaron por iniciar una nueva vida al margen del sistema. Durante esos años, el fenómeno llegó a considerarse una "epidemia social".
Un país sin registro de desaparecidos
Se estima que cada año podrían desaparecer hasta 100.000 japoneses, según la Asociación de Apoyo a la Búsqueda de Personas Desaparecidas de Japón, aunque no existe una base de datos nacional y las cifras varían según la fuente. En 2015, la Agencia Nacional de Policía registró 82.000 personas en paradero desconocido, de las cuales casi todas fueron encontradas ese mismo año. Distintos reportes han señalado que los casos de jōhatsu voluntario no siempre aparecen reflejados en las estadísticas oficiales, por lo que la magnitud real del fenómeno sigue siendo incierta.
Las razones para desaparecer son diversas. Entre ellas se encuentran la pérdida del empleo, los divorcios, el suspenso en exámenes, los problemas de salud mental, las adicciones, las deudas, las conductas consideradas vergonzosas o la presión social. También se utiliza para escapar de jefes abusivos, deudas de juego, sectas religiosas o acoso. En todos los casos, la desaparición se percibe como una forma de empezar de nuevo y de dejar atrás la vergüenza o los conflictos personales.
Las mudanzas nocturnas
El jōhatsu puede realizarse con planificación o de manera impulsiva. En muchos casos, las personas recurren a empresas conocidas como yonige-ya, o "mudanzas nocturnas", que se encargan de organizar traslados discretos durante la noche. Estos negocios pueden incluir el embalaje de pertenencias, el transporte, el alojamiento temporal e incluso la búsqueda de empleo. Las tarifas suelen variar entre 50.000 y 300.000 yenes (entre 308 y 1.850 euros), dependiendo de la cantidad de objetos, la distancia o la complejidad del caso. Algunos de sus trabajadores son antiguos jōhatsu que conocen bien el proceso. También existen guías publicadas que explican cómo desaparecer sin ayuda profesional.
Las personas que se evaporan suelen dirigirse a barrios donde es posible vivir sin documentación. Kamagasaki, en Osaka —actualmente parte de Nishinari-ku—, y San’ya, en Tokio, son los refugios más conocidos. Kamagasaki, antiguo polo industrial, sufrió un fuerte declive en los años setenta y se convirtió en un espacio ocupado por jornaleros, personas sin hogar y jōhatsu, muchos de los cuales viven allí con el apoyo de organizaciones sin fines de lucro. En ambos barrios la yakuza tiene presencia, ya que ofrece trabajos pagados en efectivo. En algunos casos, el nombre de Kamagasaki ha sido eliminado de mapas y registros oficiales para reducir su estigma.


