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Richter, el 'Punch español': el mono cántabro criado con un peluche tras ser rechazado por su madre

El pequeño Saimiri nació en el Zoo de Santillana y fue alimentado con biberón al no amamantarlo su madre, usando un muñeco de apoyo.

El mono Richter en una captura de vídeo de Telecinco. | Telecinco

La historia del macaco japonés Punch, que se hizo viral por abrazarse a un peluche tras ser rechazado por su madre, tiene un paralelismo en Cantabria. En el Zoo de Santillana del Mar, un pequeño mono llamado Richter vivió una experiencia similar.

El caso de Punch ocurrió en el zoológico de Ichikawa, en la región de Chiba, Tokio, donde fue encontrado solo y apartado de su manada. Sus cuidadores decidieron darle un muñeco para suplir la ausencia materna, un gesto que provocó la ternura de miles de visitantes en redes sociales.

Un rechazo más común de lo que parece

Maribel Angulo, dueña consorte del Zoo de Santillana del Mar, explica que estos episodios son más habituales de lo que se cree. Según detalla, el rechazo puede deberse a múltiples factores, desde la falta de leche hasta el estrés o la inexperiencia de la madre, lo que convierte estas situaciones en dinámicas naturales dentro del mundo animal.

En el caso cántabro, Richter, un mono Saimiri de América del Sur, nació junto a otras tres crías, pero su madre no lo amamantó. La abuela intentó hacerse cargo, aunque no podía alimentarlo, por lo que el equipo del zoo tuvo que intervenir. Angulo lo crió con biberones desde muy pequeño y le proporcionó un muñeco para suplir el contacto físico, un recurso con efecto terapéutico en primates.

El papel del peluche

"Este tipo de mamíferos siempre van agarrados al pelo de sus madres", explica Angulo. Ese contacto les transmite calor y seguridad, además de facilitar el transporte. Al faltar ese agarre, el peluche cumple una función similar, actuando como sustituto del vínculo materno perdido.

En las redes sociales del zoo, Richter se convirtió en protagonista durante su crianza. Sus cuidadores documentaron cómo fue el proceso de deshumanización progresiva para integrarlo en su grupo como un Saimiri más, una fase clave para garantizar su correcta adaptación a la manada.

Actualmente, con un año y dos meses, el pequeño está plenamente integrado, aunque sigue subiéndose a los árboles con su inseparable muñeco. De forma puntual, Angulo lo lleva a casa para compartir momentos que denominan "Happy Hour", reforzando un vínculo que ha sido esencial en su desarrollo.

Un final feliz

En Japón, la historia de Punch también tuvo un desenlace positivo. Pocos días después de hacerse viral, el pequeño comenzó a recibir los abrazos de otros miembros de su grupo. Como señala Angulo, cuando el vínculo materno se rompe, es frecuente que las hembras no mantengan recuerdo alguno de la cría, lo que subraya la importancia del apoyo social en la recuperación del animal.

Ambos casos reflejan cómo, incluso en entornos controlados como los zoológicos, el contacto físico y el apego siguen siendo determinantes en el bienestar de los primates.

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