
LD (EFE) La Junta Militar de Birmania gestiona los campos de refugiados por el tifón Nargis como prisiones fuertemente vigiladas, a cuyos "reclusos" se les controlan las visitas y no pueden salir del recinto para buscar a sus familiares desaparecidos. Incluso, aseguran que las víctimas están vestidas con ropa similar a la carcelaria y un número de registro que deben mostrar siempre. Además, sólo pueden ser visitados por un miembro de su familia que así lo acredite con un documento oficial.
Las fuentes, explican que cualquier paquete de comida debe ser entregada a las autoridades del campo, cuyos responsables obligan a las aldeas cercanas a hacerles "donaciones voluntarias" de agua potable, arroz, mantas o ropa.
Por otra parte, miembros del exilio birmano en Bangkok denunciaron que los puestos de control del Ejército en el delta del río Irrawaddy confiscan a las organizaciones no gubernamentales internacionales la mitad de cada cargamento de material de emergencia que llevan a la zona. Las agencias recelan del criterio de reparto de la asistencia por parte de las autoridades de la Junta Militar, que insiste en encargarse de forma exclusiva de la distribución de la ayuda.
