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JUZGADO PENAL DE BARCELONA

Condenan a un joven violento que maltrató a su familia durante varios años

Un juez condenó a 4 años y medio de cárcel y a otros 4 de alejamiento de su domicilio a un joven, de carácter violento y exigente, por maltratar durante años a su familia para conseguir sus caprichos.

L D (EFE) En el juzgado Penal 22 de Barcelona se celebró un breve juicio en el que el acusado, Israel A.P., que ahora tiene 28 años, ha reconocido los hechos y ha aceptado una pena que suma 4 años y medio de cárcel, que, posiblemente, cumplirá en un centro psiquiátrico de Gerona donde sigue un programa de tratamiento, rehabilitación y reinserción en la sociedad.

La fiscal, que inicialmente pedía hasta 12 años de cárcel, ha rebajado la pena a 4 años y medio al valorar los antiguos problemas mentales y con las drogas del joven, y el hecho de que, según los informes de los educadores y el psiquiatra, ha seguido últimamente una evolución "fantástica" en su comportamiento y carácter. Israel A. ha sido condenado por los delitos de amenazas, detención ilegal, coacciones, violencia habitual, atentado y contra la Administración de Justicia, y se le ha impuesto también 24 fines de semana de arresto por otras nueve faltas.

Tras cumplir estas condenas, durante los próximos 4 años, el acusado no podrá acercarse a menos de dos kilómetros del domicilio de sus familiares, en Badalona, y tampoco podrá contactar con ellos por ningún medio. Esta medida contrasta, sin embargo, con el apoyo dado por la familia, y en especial por la madre, al joven. La familia ha retirado las denuncias contra él y confían en su plena recuperación, postura que ha facilitado que no vaya a prisión, medida que, según los expertos, hubiese truncado por completo su recuperación.

Según la acusación, desde la adolescencia Israel A. se mostró muy agresivo con su familia y les impuso sus deseos y caprichos a base de golpes, cebándose en su madre, su padrastro, su abuela, su hermana y un cuñado. La madre sufrió toda clase de amenazas, mordiscos, empujones, patadas y puñetazos de su hijo, a quien denunció en más de una ocasión aunque al final acababa perdonándole porque creía que estaba enfermo. La fiscalía no cree, sin embargo, que sea un enfermo sino un psicópata, con nociones de kárate, que sabía lo que hacía.

En opinión del psiquiatra que ha seguido su caso, también hubo un problema de inmadurez. La hermana tuvo que colocar un cerrojo en la puerta de su habitación para evitar que entrara su hermano y al final, harta de su carácter, se marchó de casa. El joven agredió también a la abuela de 80 años y en una ocasión insultó a su madre y la coaccionó para que bajara a la calle a comprarle leche de una determinada marca.

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