L D (EFE)
Ureña, que permanece en prisión desde el 30 de diciembre de 2000, cuando sucedieron los hechos por los que se le juzga, mantenía una relación conflictiva con su esposa a raíz de enterarse de que, supuestamente, le era infiel.
Explicó que en la noche en que sucedieron los hechos había bebido mucho alcohol y presionó el cuello de Francisca tras una fuerte discusión, pero sin intención de causarle la muerte, y agregó que se arrepiente de lo sucedido y que aún la quiere.
Negó que hubiera amenazado o maltratado a su esposa en los días previos al suceso, al contrario de lo manifestado hoy en la vista por la Fiscalía y la acusación particular, que ejerce la Junta de Castilla-La Mancha, y añadió que por esa época se sentía muy presionado por el entorno social, donde, según dijo, se conocía esa infidelidad.
La defensa de Eduardo Ureña, por su parte, que alegó que su defendido sufrió enajenación mental transitoria, un fuerte ataque de celos y alcoholemia, solicitó que sea eximido de culpabilidad y pidió que, de no ser así, se le castigue a tres años y cinco meses de internamiento en un centro especializado, ya que desde que sucedieron los hechos, el acusado, tras un intento de suicidio, está sometido a fuerte medicación contra la depresión.
El acusado relató al jurado que su esposa estaba sometida a tratamiento psiquiátrico desde que, al poco tiempo de casarse con él en 1984, tuvieron un niño con parálisis cerebral, que murió a los siete años, aunque la relación entre ambos era buena hasta dos meses antes de los hechos, cuando él empezó a sospechar que su mujer le era infiel.
Explicó que en la noche en que sucedieron los hechos había bebido mucho alcohol y presionó el cuello de Francisca tras una fuerte discusión, pero sin intención de causarle la muerte, y agregó que se arrepiente de lo sucedido y que aún la quiere.
Negó que hubiera amenazado o maltratado a su esposa en los días previos al suceso, al contrario de lo manifestado hoy en la vista por la Fiscalía y la acusación particular, que ejerce la Junta de Castilla-La Mancha, y añadió que por esa época se sentía muy presionado por el entorno social, donde, según dijo, se conocía esa infidelidad.
La defensa de Eduardo Ureña, por su parte, que alegó que su defendido sufrió enajenación mental transitoria, un fuerte ataque de celos y alcoholemia, solicitó que sea eximido de culpabilidad y pidió que, de no ser así, se le castigue a tres años y cinco meses de internamiento en un centro especializado, ya que desde que sucedieron los hechos, el acusado, tras un intento de suicidio, está sometido a fuerte medicación contra la depresión.
El acusado relató al jurado que su esposa estaba sometida a tratamiento psiquiátrico desde que, al poco tiempo de casarse con él en 1984, tuvieron un niño con parálisis cerebral, que murió a los siete años, aunque la relación entre ambos era buena hasta dos meses antes de los hechos, cuando él empezó a sospechar que su mujer le era infiel.
