L D (EFE) Sabater Pi ha recordado que en octubre de 1966 se encontraba en la entonces Guinea española, hoy Guinea Ecuatorial, como director del Centro de Adaptación y Experimentación Zoológica de Ikunde, una institución dependiente del zoo barcelonés, cuando llamaron a su puerta unos cazadores de la etnia fang, con "Nfumu Ngui" -gorila blanco, en su lengua- bajo el brazo.
Esos cazadores fang eran en realidad agricultores que habían organizado una batida para acabar con un grupo de gorilas que se comía sus plantaciones. En la cacería, consiguieron localizar a una familia de gorilas, que fue aniquilada por completo; sólo salvó la vida el ejemplar más pequeño, que después de la masacre permanecía abrazado a su madre muerta, y que gracias a su pelo blanco había sido "indultado" por los cazadores, en previsión de poder sacarle un provecho económico.
"Me lo trajeron al Centro Ikunde, para tratar de vendérmelo y hacer un buen negocio", comenta Sabater Pi, quien al ver al animal, tan magullado y que no pasaba de los tres años de edad ni de los 8,75 kilos de peso, no creyó que lograra sobrevivir. "Estaba muy depauperado, lleno de parásitos, cubierto de heridas, llevaba tiempo sin comer", dice el primatólogo, y prosigue: "Les dije que me lo quedaba en observación una semana. Si finalmente moría, no les pagaría nada. Si sobrevivía, entonces les daría el dinero, unas 15.000 pesetas de aquella época, que no era una cantidad nada despreciable".
Jordi Sabater Pi consiguió salvarle la vida al primate albino, a base de dedicarle todo tipo de cuidados y de curarle una a una las heridas, así que el científico catalán abonó la cantidad acordada y se quedó con el singular animal. "Primero lo pagué yo de mi propio bolsillo. Luego, cuando lo traje a Barcelona para que recalara en el Zoo, el ayuntamiento me reembolsó el dinero, pero la verdad es que tardó bastante en devolvérmelo", apunta Sabater Pi, quien podía mantenerse en Guinea "gracias a la beca que cobraba de la National Geographic Society y no con lo que me daba el consistorio, que era muy poco".
Después de que el etólogo ofreciera el gorila albino al zoo de Barcelona, empezaron a lloverle ofertas millonarias por el animal por parte de instituciones de todo el mundo. El 1 de noviembre de 1966, Copito de Nieve llegó a Barcelona de la mano de Jordi Sabater Pi, quien decidió donarlo al parque zoológico, lugar donde el animal ha residido hasta el día de su muerte y donde se ha convertido en uno de los símbolos más reconocidos de la ciudad.
