L D (EFE) La fila para entrar en la Puerta Santa apenas llegaba a la mitad de la Plaza de la Quintana, y los visitantes entraban sin las aglomeraciones vividas el día de Nochevieja, cuando se abrió oficialmente este acceso, o las que a buen seguro se formarán en los meses de mayor afluencia turística.
Entre los que esperaban, grupos como el de once leridanos, que tras pasar en Santiago la Nochevieja fueron a cruzar la Puerta con una mezcla, dijeron, de curiosidad y espiritualidad, al igual que Nieves y José, un matrimonio de Madrid que ha venido a Galicia con su hija para cerrar la compra de una casa y aprovecharon la ocasión para acercarse a la Catedral.
Cerca de ellos, cinco miembros del Club Ciclista Lobeira de Vilagarcía, que vinieron pedaleando desde ese municipio pontevedrés para "bajar el turrón" y que tuvieron que reparar los neumáticos de dos bicicletas, pinchados en el casco viejo, donde a pesar de la limpieza quedan aún restos de la fiesta de Nochevieja. Unos y otros iban entrando mientras contemplaban la nueva Puerta Santa, una estructura de bronce obsequio de los empresarios de la ciudad, y pasaban la mano por las cruces grabadas en el marco de piedra, que los canónigos limpiaron con agua bendita.
En el interior de la Catedral los fieles compostelanos se mezclaban con turistas llegados de todas partes, e incluso podía verse a algún grupo de jóvenes ataviados con sus galas de Nochevieja que sin dormir acudieron a cruzar la Puerta Santa "con la devoción justa", según bromeaba uno de ellos. La del 1 de enero no fue una Misa del Peregrino tradicional, como las que se celebran cada mediodía, sino una ceremonia solemne presidida por el arzobispo al tratarse de la primera Eucaristía Jubilar, que contó con el tradicional botafumeiro, manipulado como siempre por ocho "tiraboleiros".
