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Y ahora a Rostov del Don

Una vez acabada la Eurocopa 2016 despidámonos de la civilización por mucho tiempo en grandes acontecimientos deportivos.

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Cristiano Ronaldo con la Eurocopa | Cordon Press

Es el fin. ¿Pero de qué? ¿El fin de Francia? ¿Del fútbol? No. De la civilización, aunque al principio de la competición el choque de aficiones (de civilizaciones) diera miedo. Es verdad que el último día de Eurocopa también la armaron algunos franceses y portugueses que no cabían en la fan zone de la Torre Eiffel. He tomado prestadas la preguntas de Víctor Hugo. En lugar del fútbol, él después de lo de Francia decía: "¿Es el fin de los reyes? Sí". Una vez acabada la Eurocopa 2016 despidámonos de la civilización por mucho tiempo en grandes acontecimientos deportivos. Las polillas debían de ser un mal presagio de lo que ya sabíamos. La polilla acercándose a la rodilla (y la cara de Ronaldo). La siguiente cita es Río de Janeiro y esos JJ OO libres de atletas rusos. Río no ha sido un sitio civilizado desde que Ingrid Bergman se casó con el nazi Claude Rains para sonsacarle en Encadenados (aunque la película de Hitchcock no se rodara allí, sí transcurría allí).

Luego llegará el Mundial de Rusia en 2018. Dejo aparte la duda de si esos salvajes paramilitarizados que actuaron en Francia los primeros días también lo van a hacer en su país. Se va a jugar en sitios como Ekaterinburgo, donde mandaron a paseo al zar y sus hijos (sí, también a Anastasia). O, atención, en Rostov del Don, que parece un vino en tetabrick. De acuerdo, también en San Petersburgo, pero no me digan que por mucho Palacio de Invierno y mucho Hermitage no está en el quinto pino.

El siguiente mundial, el de 2022, es mucho peor porque sigue estando previsto en Qatar (desde que la RAE dictaminó que se escribe Catar todavía hace más calor). Pero no perdamos de vista la próxima Eurocopa, la de 2020. La plurinacional. Voy a empezar a nombrar ciudades donde se van a celebrar partidos y va a parecer el principio de 300 millones: Londres, Bakú, Múnich, Roma, San Petersburgo, Bruselas, Copenhague, Glasgow, Bilbao, Ámsterdam, Budapest, Dublín y Bucarest. Josephine Baker aseguraba que estaba en Francia porque era una tierra de verdadera libertad, democracia, igualdad y fraternidad. Pues sí, demonios, ¡Vive la France! Portugal también. Lo que esté cerca (por la izquierda y por arriba). España otra vez estuvo entre los finalistas. Entre uno y otro. Entre Cristiano y Griezman. El primero lloró en 2004 después de perder con Grecia. El domingo lloró al ganar a Francia (antes también lloró por la lesión y su madre tuiteó que no podía aguantarlo). Dice el filósofo Jean Luc Nancy que ya no existe Occidente sino más bien "unos polos de poder tecno-económico cuyas cabezas visibles son los Estados Unidos de América y los Estados No Unidos de Asia, pero cuyas posesiones y acciones se encuentran en casi todas partes, ahí donde hay recursos que explotar. Europa no tiene ninguna consistencia propia y está sometida a este reparto mundial de poderes". Europa no tendrá consistencia pero al menos está aquí. Para eurocopas, eurovisiones y el Interrail sigue valiendo.

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