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Manifestación 22 de enero

¡Libertad ya!

El amigo Salvador Ulayar me manda un anuncio de la plataforma ciudadana “¡Libertad ya!” animando a la ciudadanía para que acuda a la manifestación que convoca la Asociación de Víctimas del Terrorismo el sábado a las cinco de la tarde para manifestarse en Madrid, entre Cibeles y Sol, por la libertad y la democracia. Allí estaré. Por Salvador, y por todo lo que él representa, no faltaré a la cita. Además, porque detrás de la historia de este hombre y de su familia, como supongo de los miles de muertos asesinados por ETA, se sostiene nuestra democracia, no puedo dejar de participar en esta convocatoria. Otro día contaré la historia de Salvador, que cuando tenía trece años, en 1979, vio como mataban a su padre los asesinos de ETA, pero ahora creo que es suficiente si les digo que aprendo más en una conversación con Salvador que en cien libros sobre ética. Este tipo, y su asociación son más que de fiar, son modelos de ciudadanía.
 
La “memoria, dignidad y justicia con las víctimas” son suficientes acicates para manifestarnos contra un sistema penal que puede dejar libres, entre finales de 2005 y 2007, a terroristas con decenas de asesinatos y penas superiores a los 2.000 años, que ni están arrepentidos ni han sido reinsertados. El mismo día, el 22 de enero, a las doce de la mañana, la Fundación Gregorio Ordóñez ha convocado en San Sebastián un acto de recuerdo y homenaje a la figura de este político popular, que fue asesinado hace diez años por ETA. A este último acto mando mi gratitud, amistad y admiración por no poder asistir. Algunos organizadores están un poco contrariados por la coincidencia de los actos. No importa. A veces, es bueno que pasen estos fallos de agenda para que los ciudadanos, quienes queremos participar en ambos acontecimientos, nos percatemos de la importancia decisiva que han tenido y, sobre todo, tienen aquí y ahora las víctimas del terrorismo para el desarrollo de la democracia.
 
Estas dos convocatorias son genuinamente políticas. Una y otra tienen un objetivo común, político, seguir trabajando porque el dolor de las víctimas no deje jamás de ser semilla de la democracia. Después de la creación del Alto Comisionado para las víctimas del terrorismo, extraña “institución” creada por el Gobierno de Zapatero, las Asociaciones de Víctimas tienen que dejar claro a este Gobierno su genuina función democrática. Más aún, las víctimas deberán repetir, por si algunos lo habían olvidado, que no entregarán su dolor, lo único que los criminales no han matado, a nadie. Es menester que Peces-Barba se entere de que estos seres humanos no son objetos de jacobinos intereses, o sea, “nuevas víctimas” de administradores obscenos del dolor, sino sujetos políticos. Es menester que Peces-Barba hable con ellos de política y no de barrigas y papeles. Es menester que Peces-Barba asista a la manifestación del sábado, si quiere que nos creamos algo de su puesto. Basta de retóricas huecas y golpes de pecho revolucionarios. Basta de “religiones laicas”. Basta de heces para asustar a los seres humanos.
 
Los protagonistas de los actos del día 22 de enero son las víctimas del terrorismo. Pero sus beneficiados somos todos los ciudadanos de España, porque ya es hora de reconocer que sin el alma y la inteligencia de las Asociaciones Ciudadanas surgidas del dolor de las víctimas de ETA, la democracia en España no sería. El combate genuinamente democrático de las víctimas contra sus asesinos es la mayor lección que la democracia española puede dar al mundo. Y esto es, sin duda alguna, fruto del trabajo de esos abnegados seres humanos que han conseguido dejar de ser objetos de compasión y piedad para convertirse en sujetos políticos.
 
He ahí la mayor singularidad de la democracia española en el mundo, aunque cueste reconocerlo a las elites de los partidos políticos. Las víctimas han contestado al terrorismo creando un tejido político democrático de extraordinaria envergadura. Las víctimas han contestado al odio y el terror fortaleciendo el Estado de Derecho y creando libertad. La importancia de estas asociaciones es, por lo tanto, vital no sólo para suturar la fragmentación de un tejido moral que ha permitido el totalitarismo nacionalista, sino también para fortalecer la musculatura política necesaria para desarrollar la democracia. Sin ellos, sin sus biografías, España no es.
 
Por el momento es suficiente, Ya llegará el día de hablar de los traficantes en sufrimientos ajenos. Y, por supuesto, de huir de la gente que entrega su dolor por un plato de lentejas o de fama. Lo decisivo, ahora, es gritar que la sangre de las víctimas es la semilla de la libertad.

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