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Las nazis

La llegada al poder de los nazis tuvo, entre otras muchas consecuencias, la de presentar un nuevo modelo de sociedad que Hitler definió como völkisher o nacionalista. Obsesionado por ideas como la eugenesia, el crecimiento demográfico o la lucha entre razas, Hitler consideraba que el papel de las mujeres era de extraordinaria importancia pero sólo si se ceñía a las funciones de esposa y madre.

Aunque el nacionalsocialismo alemán no estaba exento de misoginia, en realidad, su análisis derivaba de necesidades demográficas más que de prejuicios que encasillaran a la mujer en una situación de inferioridad. Sin embargo, una cosa era lo que decía la doctrina oficial y otra muy distinta lo que las mujeres de importancia vivieron. Por ejemplo, de las féminas se esperaba que utilizaran el cucharón como un fusil y que se ocuparan de las tareas domésticas. Millones aceptaron tal destino entre otras cosas porque llevaban viviendo así toda su vida, pero ni Magda Goebbels ni Emmy Goering, esposas de poderosos jerarcas, estaban dispuestas a realizar esos quehaceres de manera que –como tantas mujeres emancipadas de nuestros días– los descargaron sobre otras compañeras de sexo no tan acomodadas como ellas.

En otros casos, su talento artístico era tan notable que el primer interesado en aprovecharlo fue el Führer. La directora de cine Leni Riefenstahl fue uno de esos casos pero, desde luego, no el único. Al final, bajo el nazismo, las más acomodadas, las más poderosas y las de mayor talento lograron eludir la doctrina oficial y vivir con una autonomía difícil de creer. Las menos adineradas, las distanciadas del poder y las desprovistas de educación se sometieron en mayor o menor medida a las tesis oficiales. Quizá la distancia con el día de hoy no era tan grande.


Anna Maria Sigmund, Las mujeres de los nazis, Barcelona, Plaza Janés, 282 páginas Traducción de Carlos Fortea.