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Atentado en El Líbano

Las huidas se pagan

Vamos a coincidir por una vez, y  sin que sirva de precedente,  con la  cáfila del noalaguerra. Ni ellos ni yo vamos a pedir la retirada de las tropas españolas del Líbano después del asesinato de seis soldados. Pero por razones radicalmente distintas. Las suyas son razones de obediencia. El Gobierno de Zapatero ha enviado a esas tropas y las decisiones de su Gobierno, pues suyo es en gran medida, no se discuten. Se apoyan. No es imprescindible justificarlas, pero si es posible hacerlo, ayuda. De manera que ahí tenemos de nuevo, como cada vez que han muerto soldados en Afganistán, la pretensión de distinguir esos despliegues del que se hizo en Irak. La cosa está difícil y ello porque la principal diferencia reside no en el carácter de esas tres misiones, sino en que una fue enviada por el PP y las otras dos por el PSOE. A Irak se fue a ayudar en la pacificación y para Irak se disponía del paraguas de la ONU. Cierto que Zapatero ordenó la retirada antes de que Koffi  terminara de  abrirlo. Incumplió así ZP, como es en él habitual, un compromiso adquirido.
 
Cuando no importa cómo se hace sino quién lo hace, no se atiende a la sustancia. Los seguidores de ZP apoyaron la misión en El Líbano plenamente inconscientes o totalmente indiferentes a las condiciones que presagiaban  su dificultad, sus peligros  y hasta  su inutilidad. Pero ninguno de los que criticaron las características de la misión de los cascos azules va a reclamar el regreso de las tropas. Y ello por un motivo: los soldados han sido víctimas de  un atentado terrorista. Cuando los terroristas atacan, una retirada los refuerza. Salir de naja tras un ataque o ante una amenaza, es lo peor que puede hacerse. Es lo que hizo Zapatero en Irak. Una fuga por la que no él, sino España, y en particular, su ejército, han debido pagar con el envío extra de soldados a Afganistán, Líbano y otros lugares. Las huidas tienen un precio. La libertad también, pero ése no están dispuestos a pagarlo los apaciguadores. Aunque hoy los medios que demonizaron  la misión en Irak lanzaran emotivas oleadas de “sangre, sudor y lágrimas” para convencernos de que hay que saber pagar el tributo.
 
Si coincidiéramos aquí con la doctrina que ha sentado para estos casos el noalaguerra,  hoy estaríamos achacando a Zapatero la responsabilidad de estas seis muertes, como se echó sobre Aznar la culpa de otras. En lugar de recrear esa inmoral traslación, pedimos responsabilidades por no dotar a las tropas del equipamiento adecuado para actuar en una zona donde, como el ministro de Defensa reconoció, los atentados eran previsibles. No hay razón de Estado ni de ninguna otra clase que impida exigirlas. Ni siquiera es preciso recordar el caso del Yak; está en la memoria de todos. Pero no es éste que ha surgido en El Líbano con tan dolorosas consecuencias, el primer indicio de que el Gobierno no cuida el equipo de los soldados que manda a zonas de guerra cuya auténtica condición oculta bajo la enseña pacifista. Y no hay que descartar que haya caído en ese extremo de la necedad que es creerse su propia propaganda. Como, según proclamaban, al Líbano no íbamos a una guerra ni a un avispero de milicias terroristas, no vieron necesidad de equipar a los vehículos con inhibidores.