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Cristina Losada

Bildu negro, Bildu blanco

La diferencia indica que en el País Vasco quedan votantes socialistas a los que hay que llamar a rebato con las viejas posiciones de firmeza contra el terrorismo.

La diferencia indica que en el País Vasco quedan votantes socialistas a los que hay que llamar a rebato con las viejas posiciones de firmeza contra el terrorismo.
Arnaldo Otegi, coordinador general de EH Bildu, y Pello Otxandiano, candidato de EH Bildu a Lehendakari. | Europa Press

Mal tienen que ver las cosas los socialistas vascos para que hayan optado en campaña por una doble colisión. Por la colisión con Bildu por negarse a condenar al grupo armado y a llamarlo terrorista, y por la colisión con todo lo que ha hecho el PSOE para absolver a Bildu de esos y otros pecados y concederle un impecable pedigrí democrático. Sobre esto último hay que decir, una vez más, que al alto mando socialista le pierde siempre la irreprimible pulsión por presumir de superioridad moral por encima de todo. Especialmente, claro, por encima de todo lo que hace. Los de Sánchez podían haber pactado con Bildu investiduras, leyes, enmiendas, alcaldías, lo que fuera y hasta la mismísima barbaridad de hacer llegar los abusos de la dictadura hasta 1983, sin necesidad de poner en marcha un simultáneo proceso de beatificación de los herederos políticos de ETA. Lo podían haber hecho, Realpolitik y punto: "son nuestros hijos de puta". Pero no pueden, y no pueden por ese apetito desmesurado que los incita a poner doble capa de superioridad mantecosa en el pastel.

Hay alguna similitud en esta campaña vasca con la campaña gallega. Igual que en Galicia sorprendía ver al BNG en plan gestor, ocultando su núcleo ideológico y sus aspiraciones soberanistas, sorprende ahora Bildu con la misma estratagema, hablando de vivienda, de ecología y de cositas de la izquierda posmoderna y no de sus obsesiones de siempre. El sociólogo Llera decía en El Mundo que Bildu ha desplegado "una estrategia inteligente y eficaz de comunicación e imagen". Lavado de cara que junto al blanqueo instrumental proporcionado por el PSOE, el PNV y Podemos, explica, en parte, su auge. Pero la posición socialista ha sido diferente en uno y otro caso. En Galicia, no se enfrentaron al BNG: si el Bloque, por un casual, sumaba con un PSdG jibarizado, no problemo, viva la plurinacionalidad. En el País Vasco, en cambio, le han dejado a Andueza que saque las siglas prohibidas para confrontar con Bildu y le han acompañado en la indignación moral.

La diferencia indica que en el País Vasco quedan votantes socialistas a los que hay que llamar a rebato con las viejas posiciones de firmeza contra el terrorismo. Y a los que hay que hacer olvidar la nueva línea del partido, con la canonización de Otegi y la beatificación de Bildu como jalones justificatorios de su ascenso a socios preferentes. A pesar de todo lo que ha hecho Bildu por parecer el intachable partido progresista con el que dice haber pactado Sánchez, a pesar de que se ha lavado la cara con los mejores peelings biológicos para estar a la altura del papel, la necesidad electoral ha aconsejado a los socialistas fingir que les indigna una mascarada que ellos mismos ayudaron a montar.

Después de proclamar a los cuatro vientos que Bildu era bueno, buenísimo, ahora proclaman que Bildu es malo, malísimo. Después de pasar trescientos sesenta días diciendo que Bildu es estupendo y hace grandes cosas por los españoles, ahora pasan cinco días diciendo que Bildu es cobarde o negacionista, que en el vocabulario del partido de Sánchez es la mayor descalificación imaginable. Naturalmente, todo el mundo ha de aceptar que el partido tenía razón cuando decía que Bildu era buenísimo y que tiene razón cuando dice que Bildu es muy malo. Sólo la gente con poca flexibilidad mental puede ver ahí incompatibilidad, contradicción, cinismo, desvergüenza, oportunismo. Ya sentenció el gurú presidencial, Zapatero de apellido, que las palabras deben estar al servicio de la política y no la política al servicio de las palabras. Bildu negro, Bildu blanco, ¿qué más da?, lo que importa es que nos vote.

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