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Cristina Losada

Bildu y Podemos, vasos comunicantes

Es justicia poética que quienes alfombraron el camino hacia el simbólico triunfo de los herederos de ETA hayan perecido políticamente a manos de esos camaradas.

Es justicia poética que quienes alfombraron el camino hacia el simbólico triunfo de los herederos de ETA hayan perecido políticamente a manos de esos camaradas.
El candidato de EHBildu a las elecciones en el País Vasco, Pello Otxandiano (2d), y el Coordinador General del partido, Arnaldo Otegi (3d), celebran este domingo su noche electoral con afiliados y simpatizantes en el Mercado del Ensanche en Bilbao tras los comicios vascos. El PNV ha sido el ganador de las elecciones al Parlamento Vasco aunque ha logrado los mismos 27 escaños que EH Bildu. EFE/ Miguel Toña | EFE

En el análisis del salto electoral de Bildu se echa en falta una pieza clave. La pieza se llama Podemos y se llama izquierda radical. Esta izquierda no es —o no era— la izquierda abertzale de siempre, la que acompañaba fielmente a la ETA y, en elecciones, votaba a cualquiera de las siglas cambiantes que presentara la organización terrorista. La izquierda radical es o era una tribu diferente: fue la que formó la columna vertebral de Podemos y el núcleo duro de sus votantes. Y es ella, la izquierda radical, la que ha hecho dos cosas que han beneficiado grandemente a los abertzales. En el País Vasco, los acaba de votar. Previamente los elevó a modelo de radicalidad izquierdista en todo el territorio español. Tiene su ironía que el fracaso de Podemos en estas elecciones vascas se deba al éxito de su misión.

Bildu se ha apropiado del voto de muchos de los que metieron la papeleta podemita en las urnas hace ocho años, que no fueron pocos, pero de lo que se ha apropiado, sobre todo, es de las chucherías ideológicas de Podemos, aunque adaptándolas para la propia parroquia, que está más por homenajear a los del tiro en la nuca que por sumergirse en las imposturas intelectuales de Butler. La apropiación les ha servido a los abertzales para renovar una imagen anclada en claves premodernas con la que poco podían crecer, y les ha servido para sacar provecho del desencanto con Podemos y su crisis terminal. Algo similar, por cierto, a lo que ocurría en las gallegas, donde el BNG, que había estado a punto de desaparecer cuando el auge podemita, terminó de fagocitar a una izquierda que es tan extremadamente radical como voluble. Allí se pasó al Bloque alentada por el espejismo de que era la opción radical que podía echar a la derecha. En el País Vasco, por más que el PNV se disfrace de lagarterana, la derecha a la que querían echar son ellos.

El avance de los abertzales en las urnas se atribuye mucho al blanqueamiento que le ha proporcionado el partido de Pedro Sánchez, y ahí, de nuevo, falta la pieza. Es verdad que los socialistas han blanqueado a los de Otegi todo lo que han podido, pero también es verdad otra cosa: a la izquierda radical le importan un bledo Sánchez y otro bledo el blanqueamiento. El PSOE no tiene ninguna autoridad en ese campo. Ni siquiera reconocen que es de izquierdas y en todo caso: no de la suya. No es de los suyos. Mientras que Otegi, en cambio, sí lo es. Y en el reconocimiento de Otegi como uno de los suyos, como uno de la izquierda radical —y no uno cualquiera, sino el más grande, el número uno— ha tenido Podemos un papel decisivo. Por primera vez desde aquella extrema izquierda prehistórica que simpatizaba de algún modo con la ETA, había un partido español que era colega de los batasunos, que los elogiaba y los ponía por las nubes.

No hablamos de un grupúsculo marginal: llegó a tener cinco millones de votantes y llegó a estar en el Gobierno de España. Desde su posición privilegiada, trabajó para que la izquierda radical acogiera a los batasunos con la hospitalidad que siempre les quería haber brindado, pero que un último escrúpulo impedía dar. Sí. Quien más ha hecho por Bildu estos años ha sido Podemos. Y es justicia poética que quienes alfombraron el camino hacia el simbólico triunfo de los herederos de ETA, hayan perecido políticamente a manos de esos camaradas.

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