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4-V-2010

Atando los cabos de una nueva negociación

Mentir se encuentra en el ADN de este Gobierno. Lo ha acreditado con contumacia a lo largo de más de seis años en muy diversos frentes: desde la política exterior a la economía, pasando obviamente por la lucha antiterrorista. Su palabra ha quedado descalificada por completo y de nada sirve que nos prometa que ya ha dejado de negociar con ETA. Serán más bien los hechos y los indicios los que permitirán formarnos una opinión sobre las actuaciones del Ejecutivo y, en este sentido, como en tantas otras veces, las evidencias parecen llevarles la contraria a Zapatero y Rubalcaba.

No se trata sólo de que la autorización parlamentaria para negociar con ETA no haya sido derogada por el Congreso o de que ANV siga en los ayuntamientos vascos y navarros nutriéndose de los impuestos ciudadanos. Tampoco de que Mayor Oreja, uno de los políticos que con más acierto y clarividencia ha combatido el terrorismo etarra y ha anticipado los tejemanejes del PSOE contra el Estado de Derecho, anunciara hace pocas semanas que el Gobierno socialista había vuelto a las andadas.

A todo ello hay que añadir el generoso trato que Interior está otorgando a algunos de los terroristas más sanguinarios de la banda. Por un lado, de acuerdo con diversas fuentes entre las que se encuentra Rosa Díez, Josu Ternera se encuentra perfectamente localizado en Europa sin que hasta el momento se haya movido un dedo para cursar la Euroorden y detenerlo. Por otro, a Rafael Díez Usabiaga le fue concedida por Garzón la libertad bajo fianza con el argumento de que su madre se encontraba en una situación de dependencia, cuando la semana pasada fue vista paseando junto a su hermana gemela sin ningún problema de salud.

Dejando de lado los casos de Iñaki de Rentería y de Iñaki de Juana Chaos, cuyo paradero parece deliberadamente oscurecido por las autoridades, también destacan las concesiones hechas a Otegi, el "hombre de paz" de Zapatero, quien lleva más de 15 días en la cárcel donostiarra de Martutene donde fue trasladado para una estancia de sólo tres días desde la madrileña de Navalcarnero.

De tratarse de casos aislados, podríamos atribuirlo a la mera incompetencia del Gobierno a la hora de preocuparse por hacer cumplir las leyes. Sin embargo, la acumulación de todos estos tratos de favor coincidentes unida a la nula determinación demostrada hasta el momento para cerrar todas las puertas a la negociación nos debe llevar a sospechar muy seriamente que como mínimo el PSOE, tal y como denunciara Mayor, está tratando de recomponer relaciones con ETA, si es que no lo ha hecho ya.

A estas alturas no cabrá atribuirles a los socialistas ni siquiera una ingenuidad buenista de creer que "hablando se entiende la gente". No, en su primera legislatura traspasaron todos los límites morales y legales (ahí está bloqueada la instrucción del caso Faisán para dar constancia de ello) con tal de lograr su presunto objetivo y sólo consiguieron revitalizar a la banda en una de las fases más debilitadas de su historia.

Pese a que la clase política se las ha arreglado para desactivar la rebelión cívica de las víctimas, no deberíamos permitir que Zapatero reiniciara un proceso de claudicación frente a los terroristas que sólo serviría para darles un nuevo aliento de seguir asesinando a españoles con la esperanza de establecer su dictadura en el País Vasco. Rosa Díez parece sospechar que el Gobierno, nuevamente, miente: ve mucho "cabo suelto" con los etarras. Pero para tener éxito en su denuncia, para alertar a la población española de la infamia que puede estar en curso, no debería quedarse en una minoría clamando en el desierto. El PP debería escuchar más a Mayor Oreja y menos a Rubalcaba: el primero nunca les ha fallado, el segundo nunca les ha dejado de traicionar.


 

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