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Duran, un “ministro” contra los andaluces

Con el gobierno de CiU enfrascado en manejar la herencia del tripartito a base de recortes en servicios sociales, la posibilidad de que el electorado castigue duramente a los nacionalistas ha provocado un arrebato anti-españolista del templado Duran.

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El representante de Convergència i Unió en Madrid, Josep Duran Lleida, se jacta siempre que tiene ocasión de ser uno de los políticos mejor valorados en las encuestas. El tradicional papel de bisagra que ejerce su formación en Madrid le otorga una magnífica valoración por parte de los electores socialistas, mientras que sus movimientos mediáticos le garantizan un apoyo que en no pocos casos consiste en atribuirle un papel moderador en el nacionalismo catalán y las dosis de realismo que relativizan la grandilocuencia primero de Pujol y ahora de Artur Mas. Sin embargo, el discurso de Duran ha experimentado pocas variaciones desde su irrupción en política, hace más de dos décadas, y ha encajado siempre en la más pura ortodoxia nacionalista.

Ahora, con el gobierno de CiU enfrascado en manejar la herencia del tripartito a base de recortes en servicios sociales, la posibilidad de que el electorado castigue duramente a los nacionalistas ha provocado un arrebato anti-españolista del templado Duran que ha llevado a los socialistas a reprobarle en el parlamento andaluz. Sus ataques a los andaluces a cuenta de subsidios como el del PER, reiterados en los últimos días y aliñados al final con genéricas quejas sobre la cultura del subsidio, pretenden agrupar el voto de Esquerra Republicana, de los nacionalistas más radicales y de todos aquellos que creen, tras enormes campañas en los medios de comunicación que controla la Generalidad, que los catalanes pagan impuestos para que se los gasten los andaluces. Con esa insidia y otras de parecida naturaleza, CiU pretende forzar un pacto fiscal con el Estado y presentarse ante los electores catalanes como una fuerza decisiva para acabar con un supuesto expolio a Cataluña. Esta estrategia es tan vieja como peligrosa, puesto que lo primero que consigue es enfrentar artificialmente a una parte de los catalanes con el resto de España y no es precisamente ese papel de agitador del que presume Duran, cuyas declaraciones se parecen más a las que acostumbra a hacer el ultraderechista Josep Anglada contra los inmigrantes que a las de un político que no ha ocultado sus ganas de ser ministro del Gobierno del Reino de España, a poder ser de Exteriores.

La deriva radical de Duran puede contribuir a que el desplome de Convergència no sea tan agudo como hacen prever algunas encuestas y el descontento generalizado con su política de mantener las embajadas y dejar de pagar a las residencias de ancianos. Tal vez le sirva también para desviar la atención sobre las quejas de pacientes que ven peligrar sus tratamientos mientras la Generalidad mantiene intacta la plantilla de TV3 con un recorte pactado de sueldos del cinco por ciento, entre otras muchas partidas superfluas incluso antes de la crisis. Sin embargo, su credibilidad moderantista ha quedado hecha trizas al tiempo que ha destapado el pensamiento real de CiU sobre el resto de España. Quien quiera seguir contemplado a los nacionalistas catalanes como una formación constructiva deberá buscar nuevas argumentaciones para sostener una realidad que no existe, pese al despliegue de medios.


 

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