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El peor enemigo de los negros americanos

Cada año mueren asesinados unos 7.000 negros. En el 94% de los casos, el asesino es otro negro. Según el Buró de Estadísticas de Justicia, entre 1976 y 2011 fueron asesinados 279.834 negros. Si tenemos en cuenta ese 94%, tenemos 262.621 negros asesinados por negros.  

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Aunque los negros son el 13% de la población, suman más del 50% de las víctimas de homicidio. La tasa de homicidios con víctima negra es seis veces superior a la tasa de homicidios con víctima blanca; veintidós veces superior en algunas ciudades. Los negros no sólo son la mayoría de las víctimas de homicidio, también de delitos violentos como asaltos y atracos.           

La magnitud de esta tragedia puede comprenderse mejor con algunas comparaciones. Según un estudio del Tuskegee Institute, 3.446 negros fueron linchados por blancos entre 1882 y 1968. El número de bajas fatales negras en Corea (3.075) y Vietnam (7.243 muertos), así como en todas las guerras en las que ha intervenido EEUU desde 1980 (8.197), asciende a 18.515. Resulta pavoroso afirmar que los jóvenes varones negros tienen más probabilidades de alcanzar la edad adulta si están en los campos de batalla de Irak y Afganistán que en las calles de ciudades como Filadelfia, Chicago, Detroit, Oakland o Newark.

De suma importancia es la cuestión del ensordecedor silencio que se cierne sobre la criminalidad diaria en las comunidades negras, sobre todo si se lo compara con el clamor nacional que suscitó la muerte de Trayvon Martin. Al parecer, para políticos, organizaciones cívicas y medios de comunicación de referencia, que los negros se maten entre sí no es noticia, pero sí que un blanco le quite le vida a un negro.

No puede decirse eso de todo el mundo. Cuando el presidente Obama se manifestó a propósito del caso Martin, T. Willard Fair, presidente de la Liga Urbana del Gran Miami, declaró al Daily Caller: "El escándalo debería motivarlo el que nos estemos matando los unos a los otros, los crímenes de negros contra negros". Retóricamente, Fair preguntó: "¿No creen que las 41 personas tiroteadas [en Chicago] entre el viernes por la mañana y el lunes por la mañana deberían suscitar mucha más rabia y mucho más interés mediático?". Según el pastor C. L. Bryant, antiguo líder de la NAACP (Asociación Americana para el Avance de las Personas de Color), los actos de protesta convocados por Al Sharpton y Jesse Jackson sugieren que hay una epidemia de criminalidad blanca antinegra, pero lo cierto es que la lacra es la criminalidad que tiene a los negros como víctimas y verdugos: "La amenaza más grave para la vida de los jóvenes varones negros son los jóvenes varones negros".

El silencio se cierne no sólo sobre los crímenes de negros contra negros, también sobre los ataques racistas de negros contra blancos, como el que sufrieron recientemente dos periodistas del Virginian-Pilot: el suceso no mereció la atención ni de su propio medio. En marzo, una turba de negros asaltó, golpeó (hasta dejar inconsciente) y desvalijó a un turista blanco en el centro de Baltimore. Bandas negras deambulan por las calles de ciudades como Denver, Chicago, Filadelfia, Nueva York, Cleveland, Washington y Los Ángeles llevando a cabo ataques no provocados contra blancos.

Los ataques racistas también tienen como objetivo a los asiáticos. En San Francisco se ha registrado el apaleamiento hasta la muerte de un chino de 83 años, la expulsión de una china de 57 años un vagón de metro y la agresión, con resultado de muerte, de un chino de 59 años. Desde hace años, en lugares como Nueva York y Filadelfia, estudiantes negros agreden y lanzan epítetos racistas a compañeros asiáticos. Pero, a diferencia de lo que ocurre con el que padecen los homosexuales, esta clase de acoso escolar no se persigue ni se denuncia desde la prensa.

La demagogia racial del presidente abajo no sólo no beneficia al país, sino que es peligrosa.

 

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