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LAS GUERRAS DE TODA LA VIDA

Mentiras y medias verdades: Obama en El Cairo

Toda España se ha enterado de que el presidente de los Estados Unidos comete errores históricos de a medio milenio. Por supuesto, esta vez la cosa pasó sin demasiada alharaca, porque Obama no es Bush, ni Jeb Bush hablando de la República Española, ni cualquier otro republicano confundiendo México con Colombia. A éste se le dejan pasar muchas cosas, casi todas.

La ignorancia de los dirigentes políticos, que, salvo excepciones, suele ser cósmica, se ve a veces compensada por los saberes de los redactores de sus discursos, que en este caso es un joven novelista fracasado que ni siquiera se asoma a la wikipedia a la hora de meter citas en lo que escribe para el jefe.

Pero el problema no está en la ignorancia universal de un egresado de Harvard, donde, para colmo, presidió la Harvard Law Review, sino en la magnitud de sus desvíos políticos. Dos mujeres tan integralmente ignorantes como él han descubierto instintivamente la verdad: Cristina Kirchner, al decir que, aunque él no lo sepa, Obama es peronista, y Leyre Pajín, al equipararlo con el peronista de la sonrisa que nos gobierna. Y las pruebas las encontré en un link enviado por mi siempre querida y admirada Ana Nuño, que remite a una nota de Toby Harnden, editor de la información sobre América del Telegraph de Londres, donde por una vez se hace un análisis de verdad del contenido de los 56 minutos de discurso, aparte la de mi respetado Arcadi Espada, que se centra en el estilo pastoral del presidente.

Veamos lo que dijo Obama, de acuerdo con el artículo de Harnden, que resumo y gloso:

– "Dada nuestra interdependencia, cualquier orden mundial que eleve a una nación o un grupo de personas sobre otros fracasará inevitablemente"

Fin de lo que Tocqueville llamó "excepcionalismo americano". En Estrasburgo, señala Harnden, al ser interrogado sobre el tema, Barack Hussein respondió: "Creo en el excepcionalismo americano, tal como supongo que los británicos creen en el excepcionalismo británico y los griegos creen en el excepcionalismo griego"; cosa que revela su desconocimiento profundo del concepto. Dice Harnden que así el presidente reduce el liderazgo americano. Y digo yo que no hace más que confirmar lo que este modesto analista dijo desde Madrid ya en campaña: Obama ha sido puesto allí por un establishment que no es ni siquiera mayoritariamente americano –véase la composición accionarial de General Motors o de cualquier otra compañía de grandes dimensiones y se encontrarán capitales asiáticos en cantidades insospechadas– para acabar con los Estados Unidos que el mundo conoce desde 1776; con la nación que Lincoln consolida en la Guerra Civil, pensando ingenuamente que lo más probable es que los esclavos deseen regresar a África.

– "Sé que ha habido controversia acerca de la promoción de la democracia en los últimos años, y gran parte de esa controversia está conectada con la guerra de Irak. Permitidme ser claro: ningún sistema de gobierno puede ni debe ser impuesto por una nación a cualquier otra"

Obama es un talibán del multiculturalismo: ¿cómo no iba a serlo, si es lo que le permitió llegar a la Casa Blanca, y hasta graduarse en Harvard con más ventajas que cualquier estudiante wasp?

Él es un producto de la discriminación positiva y de la prescindencia respecto de los contenidos de las otras culturas: ¿por qué iba ahora a decir lo contrario? Nadie debe imponerle nada a nadie. Ni Estados Unidos a Irak ni, extremando el argumento, los aliados a Alemania. Todo esto, al cabo de una semana de visitar Auschwitz y decir que jamás olvidaría lo que allí había aprendido: ¿es necesario en 2009 visitar Auschwitz para saber qué fue la Shoah?

– "Soy cristiano, pero mi padre procedía de una familia de Kenya que incluye generaciones de musulmanes. De pequeño pasé varios años en Indonesia y escuché la llamada del azaan al romper el alba y al caer la noche"

Además de ser una idiotez peligrosa, no imagino un solo musulmán fascinado por estas declaraciones, que sitúan a Barack Hussein en la apostasía. ¿Qué cree este hombre?, se preguntarán. ¿Que nos va a convencer de que somos iguales? Pues no, que predique en el Middle West como lo que es: un cristiano. Sin embargo, yo estoy convencido de que el establishment lo escogió por su condición de musulmán.

– "En todo el mundo, el pueblo judío fue perseguido durante siglos, y el antisemitismo en Europa culminó en un holocausto sin precedentes (...) Por otra parte (...) la situación del pueblo palestino es intolerable"

Esto, dice Harnden, se acerca peligrosamente a la equivalencia moral. No, querido Harnden; no se acerca: es. Y el día menos pensado, si los asesores de la Casa Blanca son como el tipo que escribió este discurso, veremos al presidente confluyendo planetariamente con su amigo español en el uso de la keffiyah arafatiana. Ya que ha demostrado sobradamente en los últimos tiempos ignorar que la solución de los dos Estados es incluso previa al nacimiento de Israel, y que fue condición aceptada por Israel y rechazada por los árabes ya en 1948, al menos debiera este señor, por el puesto que le toca ocupar, saber quiénes son los enemigos comunes de americanos e israelíes. A menos, por supuesto, que sea antisemita, posibilidad que en absoluto descarto. ¿O acaso alguien cree que el ser negro es garantía de algo?

– "El gobierno de los Estados Unidos ha acudido a la justicia para proteger el derecho de las mujeres y niñas a usar el hijab, y para castigar a aquellos que se lo nieguen"

Harnden recoge una crítica de la izquierda y otra de la derecha a esta frase. La primera ha sido enunciada por Peter Daou: "Con mujeres lapidadas, secuestradas, violadas, golpeadas, mutiladas y masacradas a diario en todo el planeta, ¿lo más que nuestro presidente puede decir sobre ello es que protegerá su derecho a usar el hijab?". El comentario desde la derecha es de Stephen Hayes: "En Arabia Saudí las mujeres no pueden conducir. En Irán son lapidadas por sospecha de adulterio. En Pakistán los políticos defienden públicamente los asesinatos por honor de las jóvenes que han tenido la audacia de elegir a sus maridos". Zapatero, por todo lo que sabemos o suponemos, llegó a presidente. Danielle Mitterrand no, gracias a Dios. El nivel Obama es el de la que fuera mujer del presidente francés.

– "Me siento honrado de estar en la eterna ciudad de El Cairo"; a lo que añadió que el presidente Hosni Mubarak es una "fuerza estabilizadora"

Ignoró, desde luego, la forma en que Mubarak accedió al poder, deslegitimó la lucha de los (pocos) árabes egipcios por la democracia y legitimó a los Hermanos Musulmanes, a Hamás, a Hezbolá y a otros grupos terroristas. Y olvidó que se encontraba en uno de los países del mundo con mayor número de presos políticos (y en peores condiciones) del mundo.

– "Aunque creo que el pueblo iraquí está mejor, en definitiva, sin la dictadura de Sadam Husein, también creo que los acontecimientos de Irak han recordado a América la necesidad de emplear la diplomacia y construir el consenso internacional para resolver nuestros problemas siempre que sea posible"

Digno de Zapatero. Husein tenía que irse, pero no me gusta que para eso haya hecho falta una guerra. Coherente también con lo de no imponerle un sistema de gobierno a otras naciones.

– "En los Estados Unidos, las normas para el ejercicio de la caridad hacen más difícil para los musulmanes cumplir sus obligaciones religiosas. Es por eso que estoy empeñado en trabajar con los musulmanes americanos para asegurar que puedan hacer zakat"

Comentario de David Frum: "No es más difícil para los musulmanes americanos hacer legítima caridad. Lo que es más difícil es hacerla llegar a grupos terroristas. ¿Está el presidente sugiriendo que relajará esas restricciones?".

***

El programa parece consistir en afirmar que no tenemos nada contra los musulmanes. Porque el punto de partida es que ellos no tienen nada contra nosotros que exceda el malentendido. Pura alianza de civilizaciones, peronismo americano, debilidad y olvido. Frente a eso, ¿qué más da que el califato de Córdoba y la Inquisición estén separados por unos cuantos años? Más aún: lo propio de la concepción islámica de la historia, como se hartado de explicar Bernard Lewis, es la atemporalidad.


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