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La OEA y Cuba

Eugenio D'Medina Lora

La Organización de Estados Americanos (OEA) ha revocado la resolución de fines de enero de 1962 mediante la cual se excluía de la misma al gobierno cubano por la incompatibilidad de su postura ideológica "con los principios y propósitos del Sistema Interamericano" y porque su alineamiento con el bloque comunista quebrantaba "la unidad y la solidaridad del Hemisferio".

Es un hecho el desprestigio que ha cosechado la OEA en Latinoamérica como organismo burocrático sin mayor peso en el resguardo de las democracias de la región y de las prácticas consistentes con las libertades y el respeto al Estado de Derecho. Y es un hecho que no ha ejercido presión alguna para que Cuba suscriba la Carta Democrática Interamericana, aprobada en Lima en 2001. Y es también un hecho que el gobierno cubano ha expresado numerosas veces que no tiene interés en ser parte de la OEA y someterse a sus reglas.

En tal contexto, la revocatoria de la resolución de 1962 quizás no pasa de ser un acto con más impacto mediático que políticamente relevante. Además, si adoptamos una perspectiva histórica, la referida resolución era un anacronismo evidente, en la medida en que ya no hay un "bloque comunista". De igual modo, teniendo en cuenta que existen gobiernos que proclaman compartir ideología con el régimen de La Habana, como es el caso de los de Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador, habría que sacarlos a todos ellos de la OEA por razones de igualdad de trato a los distintos países.

Por tanto, la revocación del texto es, en realidad, un ejercicio de tolerancia, concordante con los valores liberales más fundamentales. Una muestra de que, a pesar de que el gobierno cubano desarrolla sus acciones bajo un régimen totalitario y abusivo, los nuevos tiempos de la libertad no admiten marginaciones de ningún tipo. Así como también es una prueba de que un orden mundial en que imperen la defensa de las libertades y de la no exclusión constituye la única oportunidad que tiene el planeta de encontrar una salida a la encrucijada en que le han situado los totalitarismos de toda especie.

Paradójicamente, al finalizar la primera década del siglo XXI quizá el régimen totalitario más funesto, arcaico y anquilosado sea, precisamente, el cubano. Por tanto, se le da una lección de tolerancia y de libertad con esta revocatoria. Una lección que quizás tarde en aprender, dada su arrogancia, propia de los totalitarismos, que se manifiesta en su actitud de rechazo a la OEA.

La reincorporación no implicaría el derecho a continuar violando los derechos humanos, sino precisamente un ejercicio de respeto de dichos derechos. Sería una interpretación antojadiza, incompleta y tendenciosa de la revocación el considerarla un espaldarazo internacional a la política del gobierno cubano, el cual ha sido acusado de violaciones sistemáticas de los DDHH y de conculcar libertades civiles fundamentales. Nada más errado.

Por el contrario, la lectura serena de los hechos apunta a fortalecer e intensificar, a partir de esta actitud de tolerancia continental, la exigencia moral al gobierno cubano, así como a sus socios ideológicos, para avanzar en una agenda de transformaciones en Cuba. Por el bien de los cubanos y el real y verdadero respeto de los derechos civiles en nuestras tierras.


EUGENIO D'MEDINA LORA, director ejecutivo del Centro de Estudios Públicos del Perú.