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CHUECADILLY CIRCUS

¿Una Sodoma cañí?

"La sociedad española se detuvo el día después de la muerte de Franco". Así de rotundo se manifiesta David Barba, profesor de periodismo y de meditación y autor de 100 españoles y el sexo. Del landismo al destape y de la Gauche Divine al auge del porno, pasando por la peluca de Carrillo, la nueva guerra de sexos, el nacionalcatolicismo y el sexo de alquiler.

–No es la primera vez que escribes de sexo.
–En 2004 publiqué Nacho Vidal. Confesiones de una estrella del porno. Fue un reportaje de nuevo periodismo interesante y divertido, pero me supo a poco. Por eso decidí hacer algo más profundo. En 100 españoles... repaso los últimos 50 años de la historia de España, el país que, según dicen, más ha cambiado en menos tiempo.

–El gran cambio. ¿Mito o realidad?
–España ha cambiado, pero sobre todo se ha polarizado. Venimos del nacionalcatolicismo de los curas, directores espirituales, censores, rodrigonas y aguantavelas, de la represión impuesta por el Estado, auxiliado por un número de agentes privados. Todo ese sistema pervive. Existe la España integrista de Benigno Blanco, Luis Carbonel y otras personas situadas a la derecha de la Iglesia y cuyos testimonios y opiniones se pueden leer en el libro. El otro polo es el formado por la gente que ha pasado de la pre, o mejor dicho, de la antimodernidad, a la posmodernidad, sin solución de continuidad. Consumen porno de forma mercantil, una conducta que refleja la mercantilización de la sexualidad. 

–¿Cuál de los dos polos es peor?
–La vieja España reprime, pero lo nuevo también, aunque de otra manera. Lo hace a través de los creativos publicitarios, que constituyen un intelectual colectivo, los programadores de televisión y los tertulianos de la prensa rosa. Es un sexo mediático de vía estrecha, como la mayor parte de la pornografía. Atenta contra la pluralidad y reprime porque nos dice que todos tenemos que ser de determinada manera. De ahí el auge de la cirugía estética, la anorexia y otros fenómenos asociados.

–Es difícil no estar de acuerdo con lo que dices. Sin embargo, ¿cómo cambiar esta situación, contra la que aparentemente no cabe resistencia, sin atentar contra la libertad de expresión?
–Estoy a favor de la pornografía y de la obscenidad, pero ocurre que la pornografía está en manos de gente inculta que hace salchichas baratas. Es una pena que esté en manos de los primos de Torrente. Falta profundidad. No hablo de filosofía, sino de los contenidos. Todo es de saldo, cuadriculado, cuatro pasos, muy básico. Me quejo de la falta de creatividad. El auge del porno ha mediatizado tanto la sexualidad, que ahora mucha gente parece buscar una cámara hasta en la cama. 

–Y contra todo esto alza una especie de revival de nacionalcatolicismo.
–Efectivamente, todo esto convive con Martínez Camino, que habla de pansexualismo sin saber lo que dice, y manifestaciones frívolas como las del cardenal Cañizares. Digo "frívolas" y me quedo corto.

Marcuse.–Algunas veces tengo la sensación de que todo es muy reaccionario. Por una parte están los meapilas, y por otra la vulgaridad. Es como si de repente hubiesen regresado el marica del tardofranquismo y la putilla del destape.
–Es un segundo destape. La sociedad se detuvo el día después de morir Franco. Están la movida madrileña y todo lo demás, pero fueron carnavales para unos pocos modernos. Sufrimos lo que Marcuse denomina "desublimación represiva", que consiste en la incitación al consumo por medio de un sucedáneo de sexualidad aparentemente al alcance de todos. De esa forma, la sublimación del deseo que incita a la rebelión se pierde. Es la estrategia de los medios y la publicidad, antirrevolucionaria y narcotizadora.

–¿Cuál es la alternativa? Porque la verdad es que cada día hay más gente insatisfecha.
–Una sexualidad real, no dirigida. Ante el aluvión, la gente pierde las ganas y termina insatisfecha y aletargada. Pero tampoco me sirve el nacionalcatolicismo, porque niega la naturaleza huma. La solución pasa por dejar que surja la emoción, lo amoroso, porque los seres humanos estamos orientados hacia la empatía. El sexo y el afecto no tienen por qué estar separados, aunque el encuentro dure sólo una noche. La filosofía oriental ha hecho aportaciones muy interesantes al respecto. Por ejemplo, los tántricos hablan de un canal invisible que une el sexo y el corazón.

–¿Tal vez nos hemos pasado de frenada?
–Ha habido una excesiva reivindicación de la identidad sexual, y entre los más jóvenes eso se está relativizando. Es algo positivo, porque disminuye el egocentrismo y hace que nos demos cuenta de que sexo y espíritu están relacionados, no separados, como sostienen algunas religiones.

–Incluso la fisiología humana parece confirmarlo. En nuestros órganos reproductores hay partes que no tienen nada que ver con la reproducción y sí con el placer y la relación.
–Sí, todo parece estar puesto ahí para que el sexo genere un vínculo, no para que simplemente una mujer se quede embarazada o para que dos personas se unan para toda la vida de forma obligatoria, algo aberrante, como también lo es follar de forma sistemática. En estos momentos tenemos más guerra de sexos que nunca y unos problemas tremendos a la hora de relacionarnos. Hay una escisión tremenda entre cuerpo y mente, entre hombre y naturaleza y entre hombre y mujer. Es el resultado de la sociedad de consumo, que pone el acento en la identidad y la individuación. El egocéntrico consume más. La vida del single es una barbaridad. Matrimonio, pareja, comunidades, incluso comunas, ¿por qué no? Así hemos vivido miles de años.

–Lo que dices sobre el egocentrismo me recuerda a algo que se nos suele achacar a los gays, aunque por otra parte existe un discurso extendido entre los activistas homosexuales que reivindica la promiscuidad como forma de hacer amigos y de generar vínculos afectivos.
–Ambos discursos me parecen una tontería. Los gays han sido una minoría marginada y militante por sus derechos. Cuando los han conseguido se han aburguesado y han dejado de luchar. Se han hecho consumistas. Han aparecido guetos, algo lógico, porque la represión fue brutal. Recuerda que hasta los años 70 del siglo XX había un campo de concentración en Fuerteventura donde la gente picaba piedras. Los gays están especialmente afectados por todo esto, y por lo tanto evidencian de forma más llamativa lo que en realidad nos ocurre a todos. Y que conste que no critico la cantidad, sino la calidad. 

–Ese cierto pesimismo, ¿no será resultado que haber realizado una muestra un tanto sesgada en tu libro?
–No, hay un poco de todo, un abanico amplio y diversas tendencias sexuales. Es una pequeña muestra. No es exhaustiva, pero proporciona muchas pistas interesantes. No es un libro estadístico, priman la anécdota y la confesión íntima. Hay personas que se han abierto mucho y me han contado más de lo que esperaba. Por ejemplo, Boris Izaguirre, Berlanga y los actores de la serie Al salir de clase. Mariano Alameda dice que una vez se encontraba en la habitación de su hotel sitiado por fans que le arrojaban bragas y sostenes. Lloraba y se decía: "Si esto es el éxito, no lo quiero". Ahora es psicoterapeuta. Segio Peris Mencheta ha seguido un camino parecido. Verónica también se orienta hacia dentro y deconstruye el ego. Han hecho el camino de vuelta. Hay gente con la que me gustaría haber hablado, pero se negaron. Faltan Rouco Varela y Pedro Almodóvar, cuya marca ha difundido una imagen lamentable de España. Acierta cuando retrata un país con falsa libertad sexual, pero es un cursi. Es transgresión fraudulenta. 

–¿Cuáles son tus anécdotas favoritas? Comencé el libro hace tres días y voy por la mitad, así que en estos momentos me resulta muy difícil seleccionar alguna, porque todas están muy frescas, y además hay tantas...
–Rosa Regàs cuenta que una vez un hippy se le acercó en un aeropuerto. Le preguntó cuánto quedaba para su vuelo. "Cuatro horas", dijo ella. Ambos se fueron a hacerlo al baño.

–Una de las secciones más divertidas del libro es la dedicada a la Barcelona canalla, en la que algunos miembros de la Gauche Divine aprovechan para realizar un inmisericorde ajuste de cuentas del que casi nadie sale ileso. La polémica entre varios ex militantes comunistas a propósito del puritanismo rojo, la desmitificación de la Movida y la reivindicación del sexo en los años 50 ("No es que se follase poco, sino que siempre follábamos los mismos", nos dice Fernando Sánchez-Dragó) son también muy interesantes. Y los relatos de iniciación sexual a través de criadas, putas y curas del colegio resultan un poco tristes, especialmente en los casos de relaciones no deseadas o fruto de la coacción y la hipocresía. Sin embargo, algunas son muy bellas. 
–Una de mis favoritas es la de la puta coja de Berlanga. Fue desvirgado por una puta coja del barrio chino de Barcelona a los 17 años. Como iba borracho lo pasó fatal, incluso sufrió calambres. Cuando fue a pagar se dio cuenta de que no tenía la cartera. Pensó que ella le había robado, le echó una bronca tremenda y se fue sin pagar. Resulta que se la habían quedado sus amigos. Pasó 20 años guardando el dinero con sus intereses y llegó a poner un anuncio. Una mujer respondió, pero era una impostora: no cojeaba. El libro está lleno de cosas así, y también de otras muy cómicas. En una película, Andrés Pajares tenía que besar a una actriz americana, un transexual que antes había sido bombero en Chicago. Cuando se enteró, el actor se negó en redondo, así que al final el director tuvo que sustituir la gran escena final por un casto beso en la mejilla.

–¿Y la peluca de Carrillo? ¿Y las hipótesis de Amando de Miguel sobre las mujeres casadas con sus madres, el botellón y la californicación?
–Me temo que para saberlo no tendrán otro remedio que comprarse el libro.

Háganlo antes de que se agote.


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