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Me hubiera gustado poder comenzar esta reflexión con cualquier otro encabezamiento. "La verdad incompleta", "la lucha por la verdad", "la trama descubierta", "una conspiración abortada", "la digna respuesta de un Estado digno", "el triunfo de la verdad"… pero no puedo. No quisiera resultar reiterativo pero creo que, como otras muchas víctimas, tengo derecho a que la sociedad, abrumada por tantos problemas y manipulada por todo tipo de informaciones, escuche el lamento de quien necesita que la nación a la que pertenece sea capaz de responder a su necesidad de verdad y de justicia.
Salvo una legión de médicos, enfermeros, psicólogos y sacerdotes, mienten con descaro muchos de los que presumen de que su primera prioridad fue la de atender a las víctimas de la masacre del Corredor del Henares. No es verdad. Si hubieran querido atender a las víctimas nos habrían ayudado a saber la verdad. Y, lejos de ayudarnos, lo impidieron. Lo impiden.
¿Cómo pueden presumir de que nos comprenden y nos ayudan si nos niegan lo que, tras lo ya no tiene remedio, más podría aliviar nuestro sufrimiento? ¿Por qué nos niegan la verdad? ¿Qué les lleva ofrecernos lo que nadie, por mal informado que esté, podría creer? ¿Por qué no sabemos qué estalló en los trenes? ¿Por qué, sin asumir la más mínima responsabilidad, culpan a los que controlaban o trabajaban para ellos? ¿Por qué nos niegan el consuelo de la razón? ¿Qué papel asumen nuestras instituciones en la seguridad de sus ciudadanos? ¿Nos podemos sentir seguros sin conocer lo que entonces ocurrió? ¿Estamos convencidos de que nuestras instituciones reconocen como cierto lo que nos han contado? Yo estoy convencido de lo contrario.
Si lo creyeran, no se opondrían permanentemente a rechazar cualquier tipo de investigación. Si lo creyeran, no descalificarían a quien pone en tela de juicio todo lo que no encaja en las versiones que a nivel de responsabilidades políticas o penales se nos ha dado como dogma de fe sin utilizar ni las pruebas indubitadas ni la lógica penal más elemental. Cualquier análisis medianamente crítico y racional que se haga sobre el conjunto de investigaciones, de comisiones de investigación y de la actuación de los tribunales que dicen investigaron el 11-M, pone claramente de manifiesto que la necesidad prioritaria para nuestras instituciones responde a la intención de no investigar hasta las últimas consecuencias, a la de sentenciar a la ligera y desde una orientación determinada, a la de pasar página a todo lo relacionado con este asunto sirviéndose de la inestimable ayuda que les llega de los más dóciles medios de comunicación que, sin poder creer una sola palabra, defienden lo imposible con el único objetivo de que todo quede en donde está y que no es más que en la nada que nos niega la verdad.
Termino como comencé. ¿Por qué presumen de estar junto a las víctimas del 11-M si nos niegan la paz de la verdad? Jamás me resignaré a la infamia que pretende que nos cansemos de preguntar por lo que no podemos dejar de preguntar. Quiera Dios que no se demore el día en el que nuestra necesidad pueda en verdad más que su poder para ocultarla. Entonces podré encabezar una reflexión reseñando la digna respuesta de una nación digna.
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