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ENIGMAS DE LA HISTORIA

2. ¿Qué sucedió en la entrevista de Hendaya?

El documento que Hitler había entregado a los españoles difícilmente podía ser más cicatero. Si, por un lado, obligaba a España a entrar en el conflicto cuando fuera la voluntad del Führer; por otro, no hacía ninguna mención a compensaciones ulteriores.

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El dictador alemán había podido aceptar que la Italia de Mussolini tuviera su parte de anexiones en la guerra pero no estaba dispuesto a considerar al mismo nivel a España. Para cualquiera que conociera lo referido en Mein Kampf tal conducta no podía resultar una sorpresa. Italia había sido concebida desde siempre como una aliada, mientras que España sólo merecía escasas (y despectivas) referencias. Tras la entrevista con Hitler, la desolación de Franco fue abrumadora. Comprendía, desde luego, que si no había recogido en el acuerdo entre ambas naciones una referencia a las pretensiones españolas en África éstas podían no ser atendidas con posterioridad. Cerca de las siete, Serrano regresó al tren alemán para hablar con Ribbentrop. Le comunicó que el texto que se les había hecho entrega era inaceptable. Asimismo redactaron un comunicado conjunto de prensa.

Ese mismo día Hitler invitó a los españoles a cenar en el restaurante de su tren. Como era habitual en el Führer, consumió una dieta vegetariana. Sobre las diez de la noche, al concluir la colación —cuyo tiempo se empleó en relatar cuestiones intrascendentes— se reanudaron las conversaciones. Franco insistió en que, de momento, no podía entrar en la guerra, pero subrayó que la toma de Tánger había sido una operación realizada en favor de Alemania. Al escuchar estas frases, Hitler le manifestó su agradecimiento pero, a la vez, insistió en que no era suficiente para las necesidades de Alemania. Algo después de la medianoche, se produjo la despedida oficial en el andén. Hitler y Ribbentrop acompañaron a los españoles hasta el tren. Franco, quizá en un último intento de causar buena impresión a los alemanes, se quedó de pie en la plataforma del vagón, cuadrado militarmente, con la portezuela abierta y saludando a Hitler.

El gesto estuvo a punto de causarle un disgusto. El tren arrancó con brusquedad y movió violentamente a Franco hasta el punto de que éste, de no haberle sujetado Moscardó, hubiera caído sobre el andén. Entrada la madrugada, Franco llegó a su residencia de Ayete, en San Sebastián. Hitler no pensaba, ni mucho menos, que la baza estuviera perdida. Después de que Franco y Serrano hubieron abandonado Hendaya, al parecer supo jugar sus cartas con el embajador español Espinosa de los Monteros. Cuando estaba a punto de amanecer, éste hizo acto de presencia en San Sebastián urgiendo la firma del protocolo sometido a los españoles por Hitler y Ribbentrop. Tras un enfrentamiento verbal entre Espinosa y Serrano, éste consultó con Franco la situación. Serrano, al parecer, no pudo ocultar su cólera al exponerle la situación al Caudillo. En su opinión, Espinosa de los Monteros sólo pretendía apuntarse un tanto ante Hitler. Sin embargo, aún era más importante que resultaba absurdo ceder en esos momentos en una cuestión ante la que ya habían manifestado una postura concreta. Por lo menos, estimó, habría que esperar a que se hiciera de día y ser ellos dos los que entregaran el documento a los alemanes.

Franco, desde luego, no vio otro remedio que plegarse a la voluntad de Hitler, aunque presentando para la firma no el protocolo entregado por el Führer sino otro que Serrano y él habían redactado a su llegada a España. En su opinión no existía otra salida que ésta y así lo puso de manifiesto pronunciando un resignado proverbio: “Hay que tener paciencia, hoy somos yunque, mañana seremos martillo”.

El episodio de la firma de un pacto con Hitler sería ocultado en la postguerra en la esperanza de que el documento hubiera desaparecido en el curso de los bombardeos aliados que asolaron Alemania. Con ello, se pretendió cimentar la leyenda de un Franco que había resistido firmemente las presiones de Hitler para entrar en guerra. El mismo Serrano Suñer silenciaría durante años la existencia de este documento diplomático para no ocasionar perjuicios a la labor de su cuñado. Se trató, sin duda, de una conducta no exenta de generosidad dada la actitud, no precisamente generosa, que el régimen tuvo con él a partir de mediados de 1942. Sin embargo, el protocolo secreto suscrito entre Hitler y Franco no fue destruido durante la guerra. En 1945 fue requisado junto con otros documentos por las tropas aliadas (que los devolverían en 1958 a la RFA) y en 1960 fue publicado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos. Su texto decía lo siguiente: “Hendaya, octubre 23, 1940.

Los Gobiernos italiano, alemán y español se han mostrado conformes en lo siguiente: 1. El intercambio de opiniones entre el Führer del Reich alemán y el Jefe del Estado español, siguiendo a esto conversaciones entre el Duce y el Führer así como entre los ministros de Asuntos Exteriores de los tres países en Roma y Berlín, ha aclarado la presente posición de los tres países entre sí, así como las cuestiones implícitas al modo de llevar la guerra y que afectan a la política general. 2. España declara estar dispuesta a acceder a la conclusión del Pacto Tripartito en septiembre 27, 1940 entre Italia, Alemania y Japón, y a este fin firmar, en la fecha que sea fijada por las cuatro Potencias unidas, un protocolo apropiado que contemple su actual acceso. 3. Por el presente Protocolo, España declara su conformidad al Tratado de Amistad y Alianza entre Italia y Alemania y al mencionado Protocolo Secreto complementario de 22 de mayo de 1939. 4. En cumplimiento de sus obligaciones como aliada, España intervendrá en la presente guerra al lado de las Potencias del Eje contra Inglaterra, una vez que la hayan provisto de la ayuda militar necesaria para su preparación militar, en el momento en que se fije de común acuerdo por las tres Potencias, tomando en cuenta los preparativos militares que deban ser decididos. Alemania garantizará a España ayuda económica, facilitándole alimentos y materias primas, así como a hacerse cargo de las necesidades del pueblo español y de las necesidades de la guerra. 5. Además de la reincorporación de Gibraltar a España, las Potencias del Eje que, en principio, están dispuestas a considerar, de acuerdo con una determinación general que debe establecerse en África y que puede ser llevada a efecto en los tratados de paz después de la derrota de Inglaterra —que España reciba territorios en África en extensión semejante en la que Francia pueda ser compensada, asignando a la última otros territorios de igual valor en África; pero siempre que las pretensiones alemanas e italianas contra Francia permanezcan inalterables. (Nota escrita a máquina al pie del documento que dice lo siguiente: El texto original dice: “protegiendo así cualquier reclamación alemana que sea hecha contra Francia”, y fue corregido en la forma que figura arriba por la mano de su Excelencia el ministro Ciano). 6. El presente Protocolo será estrictamente secreto, y los aquí presentes se comprometen a guardar su más estricto secreto, a no ser que por común acuerdo decidan hacerlo público. Hecho en tres textos originales en italiano, alemán y español”.

Aparentemente, Hitler podía darse por satisfecho de la entrevista celebrada en Hendaya. Mediante un protocolo secreto —lo que, lejos de ser un inconveniente, no carecía de ventajas como la del elemento sorpresa— España manifestaba su disposición a adherirse a la conclusión del Pacto Tripartito, a intervenir en la guerra al lado del Eje una vez que se le proporcionara la ayuda militar y económica necesaria y además se declaraba dispuesta a dar este paso a cambio de Gibraltar y de unos territorios en África que no quedaban explicitados y que, por tanto, no comprometían a Alemania en exceso.


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