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LA REALIDAD NACIONAL ANDALUZA

Blas Infante, padre de la patria

La llorada muerte de Rocío Jurado ha dado ocasión a muchos de hacer algún negocio. La oportunidad no parece haber pasado desapercibida al Gobierno de España, ni al de Andalucía, desesperado por hacer propaganda de esa realidad andaluza que, según Felipe González, indiscutible autoridad en la materia, nadie en esa tierra sabe qué es.

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De modo que se hicieron las llamadas telefónicas imprescindibles y dos cadenas en abierto, dos, programaron en días sucesivos La Lola se va a los puertos, una españolada de los hermanos Machado que ya habían hecho, en el cine, Juanita Reina el año que yo nací, 1947, y Lola Membrives, en el teatro, en Buenos Aires, durante años. Esta vez la cantaora es la Jurado, dirigida por Josefina Molina, quien a pesar de sus incontables méritos no sale con bien de esta experiencia. Y tiene el asunto una guinda, que es la que importa para el caso: aparece como personaje Blas Infante, y la Lola/Jurado canta a pedido del hombre, en una especie de mitin intelectual, el Himno de Andalucía. O sea, que la película se resuelve en realidad nacional sentimental explicada por el cante.
 
El problema no es menor, porque en todos los años posteriores a la muerte de Franco, salvo por alguna explosión inicial, anterior a 1978, cuando todo el mundo revindicaba algo para su casa, su barrio, su ciudad o su provincia, nadie se había atrevido a sacar a relucir a Blas Infante. Hasta los andalucistas lo han tratado como una herencia envenenada, del mismo modo en que muchos nacionalistas vascos, aún con algo de vergüenza, trataron y tratan al impresentable racista Sabino Arana.
 
Blas Infante es mucho más peligroso que Sabino Arana, sobre todo de cara a las izquierdas, madres y maestras del nuevo proceso de invención de Andalucía, porque, al igual que Castelao, sus reclamos nacionalistas están impregnados de protesta social, justa en su tiempo, sobre todo en lo relativo a los jornaleros anteriores al PER. Su Andalucía cuasi independiente se proponía ser el Estado Social que no había sido la Monarquía ni estaba siendo la República.
 
De más está decir que ni la una ni la otra estaban en condiciones de serlo, en parte porque el proyecto protodesarrollista de Primo de Rivera había quedado trunco y, por tanto, no había riqueza que repartir, sólo se podía repartir la pobreza, y en parte porque las mil y una reformas agrarias que en el mundo se han proyectado no podían llevarse a cabo sin una reforma en profundidad del régimen de propiedad, que apenas se esbozó, y era lo más que cabía hacer, en la Ley de Tierras Improductivas.
 
Fui a mis estanterías y rescaté, pues, un librito de Blas Infante para recordar, a aquellos de mis lectores que imaginaban que era letra muerta, lo que decía aquel hombre. Se trata de una edición, hecha por Aljibe en Granada en 1979, que reproduce la portada de la de las Publicaciones de la Junta Liberalista de Andalucía de 1931, de La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado Libre de Andalucía, firmada por Blas Ynfante Pérez. Allí se confirman varias sospechas:
 
Busto de Blas Infante.Andalucía siempre ha mirado a Cataluña como modelo autonómico, y para explicar ese modelo Infante tuvo menos reparos que los nacionalistas catalanes; y, desde luego, se adelantó al delirio del Plan Ibarreche:
 
"Sí. Nosotros aspirábamos y aspiramos y seguiremos aspirando a la elaboración de un Estado libre en Andalucía. Y qué, ¿no proclamó su República Cataluña? Pues, ¿cómo va a ser delito en el Sur una aspiración que vino a constituir en el Norte, un hecho lícito, acatado por el Poder Público en España? ¿Que en Cataluña se llegó a atenuar el radicalismo nominativo de República Catalana, con el nombre actualmente eufémico de Generalidad? Pues nosotros no tenemos, por ahora, otras denominaciones que las de 'República Andaluza o Estado libre o autónomo de Andalucía', para llegar a expresar aquella 'Andalucía Soberana, constituida en Democracia Republicana', que dice el artículo primero de la Constitución elaborada para Andalucía, por la Asamblea de Antequera, hace medio siglo [sic], en 1833".
 
Infante era consciente de los temores que inspiraban en España sus desbordes retóricos y, al igual que los catalanes tripartitos de hoy, se esforzaba por dar garantías de españolidad; garantías innecesarias, como es obvio, si esa españolidad no hubiese sido puesta en duda previamente:
 
"¿Qué quiere decir República Andaluza o Estado libre de Andalucía, para nosotros, los actualmente denominados liberalistas andaluces, que antes nos agrupábamos en aquella inolvidable institución de Centro Andaluz, hoy continuada por la Junta Liberalista de Andalucía? [...] ocupémonos enseguida de llegar a desvanecer todo motivo de alarma, que la mera enunciación de aquellas palabras, pueda venir a afirmar en la sensibilidad hispanista de los andaluces, no iniciados, y de los demás españoles [...] ¿Queremos la separación de España, como anunciaba el romance del Ministro de la Gobernación? Andalucía, no puede ni podrá jamás llegar a ser separatista de España. La razón es obvia: ella es, y será siempre, la esencia de España [...] lema de nuestra empresa restauradora: 'ANDALUCÍA, POR SÍ, PARA ESPAÑA Y LA HUMANIDAD'".
 
 Pero esto tiene sus matizaciones; étnicas, por cierto, y con un punto aranista:
 
"Andalucía jamás espiritualmente fue un pueblo servil. Fue creado por la Naturaleza pueblo de espíritu, señor. Y hoy, esclavizada, no sirve, manda. El amo que le puso Europa, España, ¿no es hoy andaluz ante la misma Europa, y ante el mundo entero?".
 
Y un punto antiamericano y antieuropeo:
 
"Europa es su método [cartesiano], traición al sentimiento, que alcanza a culminar en esa enfermedad, como nombran hoy a los Estados Unidos de América; en Detroit, en la barbarie de la standarización; en el ROBOT, el hombre de acero, articulación movida hacia el dollar por la energía mecánica... [...] Nosotros no queremos ser solamente europeos. Nuestro método no sólo llega a excluir de la duda metódica al pensamiento, sino al sentimiento también. No decimos sólo 'Yo pienso: luego existo'. Esto es Europa. Y Andalucía es: pensar y sentir. He aquí la existencia. Si cada pensamiento no es el motor de una vibración sentimental humana; si cada pensamiento sentimental no es un motor de la razón pura, ¿en dónde está el hombre? ¿Adónde va el hombre? ¿A Detroit?".
 
"España fue el instrumento de Europa contra su propia originalidad. ¿Por qué no ha de liberarse ya de su inspiración directora? El grito de Andalucía libre, ¿no sería igual al de España libre... de Europa?".
 
El nacionalismo andalucista de Blas Infante, por encima o por debajo de todo el saber acumulado sobre nuestra historia, tiene una derivación feliz para la política de Zapatero y Moratinos, que es desde hace mucho la de Chaves: el anticatolicismo, y el manifiesto y consecuente proislamismo que hace de Andalucía un disfraz de Al Ándalus:
 
"Legiones raudas y generosas corren el litoral africano predicando la unidad de Dios – escribía Infante, en un arranque lírico digno de mejor causa–. El 'arroyo grande', que dijo Abu-Bekr, las separa de Andalucía. Ésta les llama. Ellos recelan. Vienen: reconocen la tierra y encuentran un pueblo culto atropellado, ansioso de liberación. Acude entonces Tarik (¡14.000 hombre solamente!). Pero Andalucía se levanta en su favor. Antes de un año, con el solo refuerzo de Muza (20.000 hombres), puede llegar a operarse por esta causa la conquista de España. Concluye el régimen feudalista germano. Hay libertad cultural. Andalucía entera aprende el árabe, y dice que se convierte. Poco después, Andalucía, ¡Andalucía libre y hegemónica del resto peninsular! ¡Lámpara única encendida en la noche del Medievo, al decir de la lejana poetisa sajona Howsrita! Europa germánica es un anfictionado, bárbaro, inspirado por el Pontífice de Roma. 'Nadie, ni aun los nobles, exceptuando al clero, sabía leer ni escribir. En Andalucía todo el mundo sabía'. No hay manifestación alguna cultural, que en Andalucía libre o musulmana, no llegase a alcanzar una expresión suprema" [En este caso, el énfasis es mío].
 
Ni Roger Garaudy, mendaz como es, lo hubiera expuesto mejor, ni le hubiese temblado el pulso menos que a Infante a la hora de hilvanar tal sarta de falsedades, que sólo se pueden explicar por la gran ignorancia o por el gran resentimiento.
 
Después de aquel fantástico período descrito por Infante mediante la equiparación de libre y musulmán, a pesar de la evidencia de que en el oscuro Medievo vivían hasta poetisas sajonas enteradas de lo que pasaba por aquí, viene España. No me voy a detener a citar la diatriba contra Isabel la Católica con que el nacionalista Infante nos entretiene, pero sí reproduciré el texto de Abu-Bekr que él cita para ilustrar la transición:
 
"A medida que las cruces y las campanas iban afeando las airosas torres de las mezquitas, la tierra de jardín se tornaba en yermo, y la cruz presidía la esterilidad de los campos, cerrados a los andaluces".
 
Lo traigo a colación cuando los musulmanes pretenden recuperar las antiguas mezquitas andalusíes que el progreso convirtió en catedrales cristianas. Con apoyo a su aspiración en la célebre alianza de civilizaciones.
 
Todo esto es el nacionalismo andaluz renaciente, y cuando Felipe González dice que él no entiende qué es eso de la "realidad nacional andaluza", tan luego él, con sus lazos privilegiados con los países árabes y su judeofobia manifiesta, sabe perfectamente de qué están hablando Zapatero y Chaves. Sólo que es mejor vendedor.
 
 
vazquez-rial@telefonica.net
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