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ENIGMAS DE LA HISTORIA

y 2. ¿Qué pasó con Andreu Nin?

Nin fue secuestrado el 16 de junio y, de manera lógica, su desaparición provocó una reacción inmediata en la medida en que el POUM era uno de los partidos que había formado el Frente Popular. Finalmente, el asunto de la desaparición acabó llegando al Consejo de Ministros.

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Durante aquellos días los ministros comunistas, que sabían la verdad, colaboraron con entusiasmo en la campaña propagandística e institucional que el PCE ya había desencadenado contra el POUM. Debajo de las pintadas en los muros que preguntaban “¿Dónde está Nin?”, los servicios de propaganda comunista escribían “!En Salamanca o en Berlín!” en una palpable campaña de cruento cinismo. En paralelo, el Ministerio de Justicia anunciaba el procesamiento de algunos dirigentes del POUM. Para mayor escarnio, junto con su enjuiciamiento se anunciaba el de algunos miembros de Falange. Seguramente nunca podrán saberse las razones que llevaron al PNV, un partido católico a fin de cuentas, a plegarse a los dictados de Moscú. De lo que no cabe duda es de que ni Irujo fue el único que se sometió en su partido ni estuvo solo en esa actitud.

Julián Gorkin, importante miembro del POUM atrapado con ocasión de la gran redada catalana, tuvo ocasión de charlar durante su detención con Garmendia, inspector general de prisiones de Madrid, miembro del PNV y amigo personal de Irujo. Garmendia confesaría a Gorkin que sabía perfectamente dónde se hallaba detenido Nin pero que intentar proceder a su liberación se traduciría en un enfrentamiento armado, “una verdadera batalla con otras fuerzas militares”. El resultado final era que pudiendo haber liberado a Nin se optó por un prudente abandonarlo a su destino. Nin se hallaba confinado en un chalet que habitualmente utilizaban Ignacio Hidalgo de Cisneros y su esposa Constancia de la Mora Maura. En su interior, Orlov y sus agentes le sometieron a sesiones interminables de tortura cuyos detalles conocemos de primera mano por los datos suministrados por el ministro comunista Jesús Hernández. Orlov, cuya misión era arrancar a Nin una confesión de que era un espía de Franco para así poder iniciar un proceso similar a los que estaban ya celebrándose en Moscú contra los rivales de Stalin, inicialmente aplicó al poumista la forma de tortura conocida como “método seco”. Privado de sueño durante días e impedido de tomar asiento, se le sometió a sesiones de interrogatorio que llegaron a prolongarse hasta cuarenta horas seguidas. Cuando parecía que se iba a desplomar, Nin era conducido a la celda donde se le dejaba por espacio de veinte o treinta minutos, un plazo suficiente para permitirle reflexionar sobre la imposibilidad de resistir pero no para descansar un poco. Sin embargo, para sorpresa —e irritación— de los torturadores comunistas, a diferencia de dirigentes soviéticos de la talla de Zinóviev o Kámeñev, Nin resistió.

Orlov optó entonces por abandonar el denominado método seco y adentrarse por el camino de las torturas que destrozan directamente los miembros. Pudo haber recurrido, como se haría en las checas comunistas de Barcelona, a la silla o al collarín eléctricos que administraban descargas a los torturados hasta que se doblegaban. Optó, sin embargo, por el desollamiento. Al cabo de unos días, Nin, al que se había arrancado la piel y lacerado con mayor facilidad los miembros en carne viva, no era sino un amasijo de músculos deshechos pero seguía sin doblegarse. ¿Qué se podía hacer entonces? La solución la encontraría el famoso comandante Carlos del no menos famoso Quinto Regimiento. Habría que utilizar a miembros alemanes de las Brigadas internacionales para que fingieran la liberación de Nin por agentes de la Gestapo. De esa manera, se confirmarían las calumnias que sobre el poumista había difundido la propaganda del PCE con la innegable aquiescencia de buena parte de las fuerzas del Frente popular, incluyendo el Ministerio de Justicia presidido por un hombre del PNV.

Así, siguiendo el plan forjado por el comandante Carlos, se dio la noticia de que los dos guardianes que vigilaban la casa donde había estado recluido Nin habían aparecido atados. Éstos afirmarían que habían sido asaltados por una decena de agentes alemanes que, tras atarlos, habían procedido a liberar a Nin llevándoselo en un automóvil. Para dar mayores visos de similitud a la farsa, en el suelo de la habitación de Nin apareció una cartera con documentos que, supuestamente, probaba sus relaciones con los servicios de inteligencia alemanes y con la quinta columna en Madrid así como algunos marcos en papel moneda.

El 23 de junio de 1937 se sacó a Nin del chalet para darle muerte en un campo situado a un centenar de metros de la carretera de Alcalá de Henares a Perales de Tajuña, más o menos a mitad de trayecto entre ambas poblaciones. Presentes en el asesinato se hallaban Orlov, otro agente soviético conocido como Juzik y un par de españoles. Como si la victoria sobre Nin no fuera suficientemente completa, el puesto que había dejado vacante en el gobierno de la Generalidad catalana había pasado a ser ocupado por el comunista Rafael Vidiella.

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